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El atentado, un contexto, un proceso oral, detenciones y la extrema lentitud de la Justicia

Análisis 29/07/2018 Por
La causa Río Tercero, tal vez una de las páginas más tenebrosas en la historia contemporánea argentina, generó nuevas noticias. La primera: los cuatro militares condenados en 2014, por orden del Tribunal que los juzgó, debían ser detenidos. La segunda, una cámara cordobesa, dejó en firme el procesamiento de Carlos Menem...
Justicia Explosiones

En  noviembre se cumplirán 23 años de las "explosiones" de 1995, eufemismo para calificar al "atentado" sufrido por la ciudad de Río Tercero, según lo determinó la Justicia en un juicio oral y público, que se realizó en 2014.

En aquella oportunidad, fueron cuatro los exmilitares condenados: Jorge Cornejo Torino, Marcelo Diego Gatto, Edberto Gonzáles de la Vega, y Carlos Franke.

Los dos primeros, cumplían, al momento de la voladura, funciones jerárquicas en la misma. Cornejo Torino, era el director; Gatto, era jefe de producción.

Gonzáles de la Vega y Franke, tenían puestos jerárquicos en la Dirección General de Fabricaciones Militares.

Cuatro años después, apelaciones de la defensa mediante, con la confirmación de la Cámara Nacional de Casación Penal del fallo del tribunal cordobés, este solicitó la detención. Sí, sucedió a cuatro años del juicio.

En la misma jornada, la del jueves, se conocía que una Cámara Federal de Córdoba dejaba en firme el procesamiento del expresidente Carlos Menem, dictado en 2013 por el juez federal de Río Cuarto, Carlos Ochoa. Había pasado, nada y nada menos, que un lustro de la decisión del magistrado riocuartense.

Existe una explicación: la defensa de Menem, cuando fue procesado por Ochoa, en 2013, apeló dicho fallo. La misma Cámara Federal de Córdoba, con otra composición de sus integrantes, que ahora dejó en firme el procesamiento, había hecho lugar a aquel recurso, dictando la falta de mérito para el riojano.

Si aquel procesamiento hubiera quedado en firme, el de 2013, no solo los cuatro militares, hubieran sido juzgados, sino también el exmandatario, como ocurrió en la causa por el contrabando de armas, íntimamente ligada a la voladura de Río Tercero, en donde el actual senador fue condenado a siete años de prisión. 

Pero ¿cómo es posible, que la misma cámara que desestimó el procesamiento de Ochoa, ahora, con dos nuevos integrantes (uno queda de la primera), decidió dejar en firme el procesamiento dictado por Ochoa?

La querella en la causa, apeló la primera medida de la cámara cordobesa. La Cámara Nacional de Casación Penal, le ordenó al tribunal mediterráneo que revisara el fallo, y este, retornó sobre sus propios pasos.

Sí, así de complejo, es este nuevo capítulo en el desandar eterno de una causa por un hecho que dejó siete víctimas directas; más de 300 heridos; cuantiosos daños materiales, además del impacto emocional que perduró por años en los habitantes que lo padecieron, y que en muchos casos aún persiste.

La orden de detención de quienes habían sido condenados, ha sido un paso adelante, en el lento, extremadamente parsimonioso caminar de esta causa. Lo de Carlos Menem, como responsable político de entonces, procesado, con falta de mérito, y nuevamente procesado, también lo es, claro está, porque la Justicia, al parecer no se queda en los niveles más bajos de conducción, sino que orienta su mirada más arriba.

En todo caso, si Menem, debiera afrontar un juicio, como sucedió con los exmilitares, tendrá la posibilidad de gozar en un proceso oral y público, de las garantías constitucionales que tiene cualquier acusado. 

El contexto

Mucho se habla y se opina sobre lo sucedido en Río Tercero. Debe recordarse el contexto en el que se produjo aquel hecho: las empresas estatales que no habían sido privatizadas, como el caso de la Fábrica Militar, estaban siendo desmanteladas. La falta de presupuesto, se sumaba a semejante dislate, como fue el caso de la empresa riotercerense. Ya se habían producido despidos y retiros voluntarios. 

Un año después del atentado, se genenaría el último golpe para la industria y también para la ciudad. Bajo el mote de "reconversión laboral", eran despedidos 424 trabajadores. En el prólogo del siglo 21, la planta que había tenido entre personal militar y civil, 2.000 agentes, había pasado a contar con apenas 196.

En los últimos años de los '90, se intentaría privatizar un sector de la industria. Se decía que un particular generaría el trabajo que se necesitaba y por ello quería comprar un sector de la misma.

Desde el gremio de ATE, se denunciaba que solo se trataba de un enorme negocio inmobiliario. Por estar el sector bajo investigación judicial, no se produciría la venta. La privatización de la industria, quedaría en suspenso.

La fábrica, otrora motor de la economía de la ciudad, además, en ese contexto, había sido utilizada para preparar, según la investigación judicial, los embarques de armas que viajarían a Los Balcanes, para reforzar a los Croatas. Era, en aquella maniobra, el centro operativo. Se asegura que no solo existió el visto bueno de los Estados Unidos para que se produjera la operación, sino que ese país tuvo directa injerencia en el asunto.

Luego, se produciría la voladura de la planta estatal, en donde estaba almacenado, se especula, un cuarto embarque que nunca salió de Río Tercero. Los proyectiles almacenados en galpones sin ningún tipo de protección, volaron, claro, pero sobre la ciudad, regando a la misma de muerte, destrucción y dolor.

Observándolo en el plano de entre casa, se puede señalar, como está expresado en esta columna, que no solo los militares condenados fueron los responsables, sino que en el plano político, existieron otros actores, de reparto y el principal, el expresidente que ahora fue procesado nuevamente por la ciclotímica sala cordobesa. 

Observado lo sucedido, con una mirada más amplia, no debe dejar de considerarse, como está señalado también, el contexto de aquel momento: achicamiento del estado, despidos y, además, el mapa geopolítico, cuando la Argentina había quedado sumida, especialmente a los dictados de Estados Unidos, con el argumento de la inserción en el mundo, como se expresó, en aquella época de las denominadas "relaciones carnales".

Una película interesante para ver, y para comprender, como se opera internacionalmente con el contrabando de armamentos, es "El Señor de la Guerra", un filme protagonizado por Nicolas Cage. Seguramente, el director de dicha película, no se basó en un guión surgido simplemente de la imaginación.

Un gobierno denunciado por diferentes hechos de corrupción, que llevó adelante de manera salvaje el achicamiento del Estado, con privatizaciones y miles de despidos, sumido, además, a los lineamientos que llegaban del norte del continente, marcó el escenario en el que se produjo el atentado en Río Tercero.

Observar el todo, no solo una parte

Los fiscales que solicitaron en 2011, la elevación a juicio de la causa consideraron que la década del '90, se había caracterizado por la adhesión irrestricta de los gobiernos (de Latinoamérica), salvo excepciones, a los lineamientos del Consenso de Whasington. Además, apuntaban en un repaso, al plan económico de desregulación y privatizaciones de las empresas del Estado que se implementó en aquellos años.

Observar una parte de lo sucedido, lo más cercano, u observar el todo, más allá de las fronteras del país y la sumisión del mismo a poderes internacionales, en el marco de un modelo, no solo de un gobierno, que propendía a achicar el estado, sin medir las consecuencias. O sí. Eso es algo, que pocos, escasos, consideran.

La industria, si bien fue creada para dotar al país de elementos para la defensa nacional, se caracterizó, y aún lo hace, por su capacidad para elaborar elementos de uso civil, como vagones. Los artefactos para la defensa, en tanto, se utilizaron, paradójicamente, en un complejo entramado internacional, despojando inclusive a los arsenales del Ejército Argentino, para atentar contra una desprotegida ciudad. 

Con los años, muchos en la ciudad, aunque no todos, comprendieron que la fábrica no había sido la victimaria, sino también la víctima de un modelo que no solo intentó desmantelarla y debía ser defendida, por lo que representaba históricamente para la comunidad, económicamente y emocionalmente. 

Por otra parte, se conoce: la Justicia es lenta en la Argentina y, en este caso, ha sido y es extremadamente lenta, más allá de las últimas noticias, que pueden cerrar un capítulo o apenas una página del libro de esta causa, que se continúa escribiendo.

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor de Revista Tercer Río y Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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