Cuando el frío no se reduce solamente a una cuestión de percepción en nuestros cuerpos

Análisis 02/06/2018 Por
La llegada de las bajas temperaturas, con el invierno, suelen reducirse a una sensación personal, individual, de percepción en nuestros cuerpos. Si embargo, si miramos un poco más allá de nuestras situaciones particulares, el prisma y la sensación puede ser muy diferente...
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Estoy en casa, mientras escribo esta columna. Un calefactor de dos mil calorías, al mínimo, le brinda algo de calor al ambiente, aunque, obvio, no el que desearía, para sentirme realmente cómodo.

Y concluyo una vez más: no me gusta el frío. 

Puede que el lector o lectora se estén preguntando: "¿Y qué puede ser de interés para mí, si no te gusta el frío?"

Tienen plena razón. No es de interés para nadie que a una persona no le guste el frío, el invierno.

Claro que eso puede cambiar, cuando observamos al frío no solo como una sensación en nuestros cuerpos. Cuando analizamos al invierno, no solo como una estación más del calendario anual.

La factura del gas natural, en casa, nos avisó en marzo pasado que había aumentando considerablemente con respecto al mismo mes de 2017.

En cifras redondas, de 300 pesos que habíamos abonado por el consumo del periodo de mayor calor, el año anterior, pasamos a pagar 700 pesos en marzo de 2018, con un consumo de 50 metros cúbicos menos.

La ecuación, en este caso, con otro incremento en el costo del fluido, nos indica que la próxima factura, en su importe, podría alcanzarnos casi para comprarnos otro calefactor de las mismas calorías que el actual.

Pero más allá de la cuestión particular, que puede no interesarle al lector, y tiene razón, está la cuestión social, que sí debería interesarle al lector, aunque nadie está obligado a interesarse en lo que no le interesa, si vale el juego de palabras, que no es una redundancia.

Pero...

Siempre existe un "pero". Todo dependerá de cada quien, tenga climatizado su ambiente con un calefactor, pequeño como el de casa, más grande, un caloventor, una pantalla, un hogar, una estufa a leña, o una losa radiante.

No. Definitivamente, no me gusta el frío, como no debe gustarle a millones, y más aún a quienes no cuentan con un calefactor, pequeño como el de casa, un caloventor, una pantalla, un hogar, una estufa a leña, y menos aún con una losa radiante.

No me gusta el frío, como no debe gustarle ese frío a miles de personas, que aún calentitos en sus casas o lugares de trabajo, piensan en quienes no tienen las condiciones mínimas, ni de contar con dichos elementos, y si los tienen, no pueden utilizarlos, por el costo del gas o la energía.

No me gusta ni el frío, ni el invierno, porque el frío duele, para quienes lo sufren, y para quienes conocen y son conscientes de que hay personas que lo sufren.

No me gusta el frío, ni el invierno.

No se trata del reduccionismo: "antes no teníamos lo que tenemos ahora", sobre los elementos que nos ayuden a generar calor en nuestros hogares. Se trata de que no todos pueden tener lo que otros tienen ahora, porque no los tienen o porque sencillamente no pueden pagar aquello que los hace funcionar.

Antes fue antes. Ahora es ahora. 

El frío desnuda la pobreza, y la pobreza se agudiza con el frío. Todos deberían contar con la posibilidad de tener un lugar cálido en donde transcurrir el invierno, porque se trata de un derecho, no de un lujo.

No. Definitivamente, no me gusta el frío.

No, no me gusta el frío, ni antes, cuando en épocas de la denominada "garrafa social", observé bien temprano, como un hombre, con una temperatura bajo cero, circulaba en bicicleta, llevando un tubo de 10 kilogramos en uno de sus hombros.

No, no me gusta el frío, ahora, al pensar que ese hombre, estará haciendo cuentas para encontrar el atajo que le permita comprar una garrafa similar, porque el costo se elevó considerablemente, en relación a lo que aumentó su ingreso mensual.

No. Definitivamente, no me gusta el frío.

No, no me gusta el frío, por el simple hecho de conocer que mientras escribo esto, con un calefactor al mínimo, en algún lugar puede que alguien esté intentando entrar en calor con cualquier artefacto, con el riesgo que eso implica.

El frío expone la grieta, no de opiniones, tan de moda actualmente, sino la grieta social en el acceso a una mejor calidad de vida, que debería estar garantizada por el Estado, para que no existiera esa grieta, que es la más injusta y dolorosa.

El frío, y disculpen otra vez lo autorreferencial, en lo particular me genera un penetrante dolor en el alma, como le ocurre a muchos, porque conocen, como quien escribe, que a millones les genera un penetrante dolor en sus cuerpos.

No. Definitivamente, no me gusta el frío. 

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor de Revista Tercer Río y Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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