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Cuando comprendemos que los Héroes están demasiado cerca

Análisis 18/06/2017 Por
En ocasiones, no caemos en la cuenta de que los verdaderos héroes, no son aquellos de la televisión, el cine o las revistas. Están mucho más cerca de lo que creemos. Domingo 18 de Junio, Día del Padre y una columna especial...
Mi padre

*Por Fabián Menichetti

Superman, Batman, El Llanero Solitario, El Zorro… Esos eran algunos de mis héroes en la infancia. Ya transitando la adolescencia, esos personajes fueron reemplazados por otros. Con los años comprendí que ninguno de aquellos “héroes” de la infancia, pubertad y adolescencia, le llegaban ni siquiera a los talones a mi viejo, a mi padre. Eran irreales, ficticios, estaban en el cine, en la televisión, en las revistas, pero se encontraban demasiado lejos. Con los años deduje que el héroe más cercano, era de carne y hueso, además de ser puro corazón. Y estaba muy cerca, en la vida real.

Mi verdadero héroe, al que nunca se lo dije, era mi viejo. Con el tiempo, lo terminás comprendiendo. Se suele indicar que en el periodismo debe evitarse lo autorreferencial, pero ahora, como lo hice en muchas oportunidades, con este mismo escrito, hoy actualizado, incurro en transgredir la regla nuevamente: hablo de mi viejo, y sí, también de mí vida. Esta columna es autorreferencial.

Mi viejo no utilizaba trajes de héroes, claro, de los héroes convencionales, esos del cine, la televisión y las revistas. Su traje era su ropa de trabajo, con la que se subía al camión que manejaba, transitando alguna noche helada o una tarde calcinante en alguna ruta, trabajando y esperando pronto llegar a su hogar, para encontrarse con su familia, con mi vieja, con mi hermana y con quien escribe. Cuando estaba cumpliendo con el servicio militar, me informaban que tenía una visita. Allí lo esperaba en la Plaza de Armas. A lo lejos, apreciaba como tras bajarse del camión, venía caminando, con paso cansino, con su eterna ropa de trabajo, para preguntarme cómo estaba, qué necesitaba. Ese era mi padre, mi verdadero héroe.

Mi viejo no cantaba, no escribía demasiado, no tenía actitudes para el arte, aunque sí, lo deduje con los años, tenía una capacidad que no todos poseen: era un soñador nato, construyendo castillos en el aire, desmoronados cíclicamente por los vientos de la realidad que no siempre eran los esperados. Perseguía a las utopías y pintaba con su sola creencia en los imposibles que pueden ser posibles, cuadros que bien podrían superar a las obras de arte más importantes. Mi viejo, en conclusión, era un artista y un constructor de sueños.

Mi padre dejó todo lo que tenía por su familia. Estoy convencido. Luchó como un Quijote en contra de los Molinos de Viento y su Rocinante era el camión en el que se trasladaba. Lo hizo en soledad, sin un Sancho Panza que lo acompañara. Y eso, le otorga más valor aún a sus sueños…

Estoy convencido que la historia de mi padre y de su familia, es perfectamente trasladable a la historia de otros padres, otros hijos y otras familias, por eso transgredo la regla, por esto que llamamos “Día del Padre”. Soy autorreferencial. 

Desde hace varios años, todas las jornadas para mí son el “Día del Padre”, pero en la fecha en que se los recuerda especialmente, soy recurrente: escribo lo mismo. Y lo hago, porque lo siento y lo comparto. Existen miles o millones de historias similares. Mi viejo se marchó físicamente pero nos acompaña eternamente a quienes fuimos y somos su familia. No nos dejó grandes bienes materiales, pero sí, nos dejó la herencia más importante: la capacidad de soñar, de luchar en contra de los eternos Molinos de Viento y esa convicción de que la utopía no es solo una palabra abstracta. Ese fue su mejor y más valioso legado. Mi viejo, fue mi verdadero héroe.

Se fue físicamente hace años y nunca se lo mencioné, que era mi héroe.

Debería haberlo hecho.

*Editor Tercer Río Noticias y Revista Tercer Río

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor de Revista Tercer Río y Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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