Malvinas, otras tres imágenes demasiado importantes y un billete que las cambió por un ave

Análisis 06/04/2019 Por
El papel moneda de un país, no solo posee un valor económico, sino, en muchos de los casos, histórico. La decisión de cambiar las imágenes de figuras o símbolos históricos, en los billetes por animales, fue discutible, por cierto, pero reemplazar a lo relacionado con Malvinas, es reprochable...
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Primero fue un billete, después otro, y luego otro. Hechos o figuras históricas reemplazadas, progresivamente, por animales de nuestro país, en el peso argentino.

Nada puede tener alguien en contra de los animales, por supuesto. De hecho, es importante que se los rescate y, en todo caso, se los preserve. No obstante, el detalle, que puede resultar algo sin importancia, sí la tiene.

A poco de que se recordara otro 2 de abril, es imperioso preguntarse: ¿qué llevó a las autoridades monetarias a cambiar en el billete de 50 pesos, las imágenes de las Islas Malvinas, el Gaucho Rivero, en su caballo, portando una bandera argentina, el ARA Belgrano, y nada menos que el cementerio de Darwin, por un Cóndor?

Entre lo discutible a reprochable, existe algo de distancia. Lo primero puede ingresar en el terreno del debate, si es correcto o no lo es. Lo segundo, es cuestionar, definitivamente, algo que, quien lo plantea, considera incorrecto.

Los veteranos de la Guerra de Malvinas, están entre nosotros. Y los familiares de los caídos, también. Cada 2 de abril, se los honra y reconoce, a quienes retornaron y a quienes se quedaron para siempre en las islas y en el mar de nuestro país.

Son la historia presente, no lo sucedido hace demasiado tiempo. Apenas transcurrieron 37 años de aquel conflicto. El "apenas", es porque en términos históricos, ese lapso, es un suspiro para una sociedad y un país.

En cada abril, se genera no solo el reconocimiento a quienes participaron de aquel conflicto y a los caídos en el mismo. También se ensaya, progresivamente, una autocrítica social y dirigencial, necesaria, por el olvido y desamparo, que durante años, soportaron los veteranos y los familiares de los caídos.

Las imágenes, tomando dos momentos de la historia, marcan un contraste de una sociedad influenciada, por supuesto, por el gobierno dictatorial de entonces.

La primera, fue la del 2 de abril de 1982, con miles de personas que se reunieron en la Plaza de Mayo, aclamando a Galtieri; y luego los comunicados oficiales, que referían a aviones británicos derribados por la artillería antiaérea, que eran celebrados como los goles de la selección que jugaba el mundial en España.

La segunda, fue la posterior al 14 de junio, finalizado el conflicto, con la misma sociedad, enfurecida, exigiendo el fin de la dictadura cívico-militar, otorgándole luego, además, la espalda a los veteranos, a los caídos, a quienes habían estado y combatido en Malvinas, como si la guerra nunca hubiera sucedido. 

Es el cuestionamiento hacia el denominado "proceso de desmalvinización", que surgió por mezclar todo: Malvinas y dictadura cívico-militar. No fue ni es lo mismo, aunque aquella guerra haya sido decidida por una dictadura, al servicio del poder real, que siempre ha operado, históricamente, desde las sombras.

Una guerra es injusta por naturaleza, pero existe objetivamente. Y en esa guerra, participaron y cayeron argentinos, por un reclamo justo e histórico, más allá de la improvisación y hasta la perversión -reflejadas en el denominado "Informe Rattenbach"- , de quienes decidieron la guerra. 

Pocos días después de finalizar el conflicto, los excombatientes retornaron al continente siendo ocultados. Cerca de 7800 soldados fueron llevados a Puerto Madryn, Chubut, en un transatlántico británico entre el 18 y 27 de junio de 1982.

El gobierno no facilitó el encuentro entre los soldados y la sociedad. Ordenaron que el regreso se hiciera sin aglomeraciones de público y prácticamente a escondidas. El objetivo: que no se hablara del tema. Muchos de los veteranos, fueron recibidos solo por sus familias y amigos. La sociedad, estaba en otra cosa. La guerra se había perdido, cuando una guerra, no se pierde ni se gana. Pierde la humanidad. 

Desde los meses iniciales de la posguerra hasta los primeros años de la democracia, hubo una política de ocultamiento deliberada hacia los veteranos, hacia los caídos, hacia el conflicto, como si nunca hubiera existido; pero había existido, y estaba muy fresco en la memoria, especialmente de quienes habían participado del  mismo. 

Progresivamente, eso fue cambiando, con el paso de los años. Con el transcurrir del tiempo, comenzó a aumentar el número de homenajes a los caídos, veteranos, y a la causa Malvinas, con la construcción de monumentos, museos y memoriales.

Los centros de veteranos y de familiares orientaron sus actividades a recuperar la dignidad material y humana de quienes participaron del conflicto. Luego, se comenzó a recuperar el sentido histórico del por qué ellos fueron a la guerra.

El 11 de diciembre de 2008 se sancionó el decreto que declaró lugar histórico nacional al cementerio de Puerto Darwin. Luego, se lo volvió a declarar lugar histórico nacional a través de la ley nacional 26 498 del 4 de junio de 2009.

Luego de años de trabajo de investigaciones junto con familiares de caídos y veteranos de guerra, Juan Carr, fundador de la ONG Red Solidaria, anunció a principios de 2012 la presentación de un «pedido humanitario» para poder identificar a los 123 soldados desconocidos que yacían en el cementerio de Darwin.

La solicitud fue presentada al Ejecutivo el 13 de marzo. La idea había surgido en 2008 con motivo del viaje a las islas de un veterano de la guerra, Julio Aro. El trabajo se inició con la búsqueda y contacto de las 123 familias. 

El 2 de abril de 2012, por los 30 años de la Guerra de Malvinas, el gobierno anunciaba que había realizado un pedido a la Cruz Roja Internacional para que mediara ante el Reino Unido para poder identificar a los caídos.

En ese trabajo, realizado por el equipo de Antropología Forense de nuestro país, entre el año anterior y este, se identificaron a los soldados caídos de esta zona. 

En octubre de 2014, el gobierno anunciaba, además, que los Documentos Nacionales de Identidad de los Veteranos de Malvinas tendrían incorporada la leyenda «Ex combatiente, héroe de la guerra de las Islas Malvinas».

En septiembre de 2015, el Ministerio de Defensa entregaba a excombatientes un informe sobre la guerra, elaborado con documentos militares desclasificados.

Las Malvinas y la guerra que se libró por las mismas, ya no eran un tema olvidado para la sociedad. Ramas del arte, con distintas miradas, se comenzaron a expresar.

Los debates, también surgieron, claro, inclusive entre los propios veteranos, lo que no hizo más que solidificar el tema, colocarlo en la agenda social, no solo como histórico, sino como algo del presente y que no debía ser obviado en el mañana. 

Actos, a lo largo y ancho del país, se celebraron, con la presencia de más y más personas. A ese nuevo proceso histórico se lo conoció como "remalvinización".

Era necesario aludir a la guerra, en homenaje a los caídos, sus familiares y a los veteranos, diferenciando el tema Malvinas de la dictadura, reiterando, en todos los foros internacionales, el reclamo soberano de nuestro país sobre las mismas. 

Sin embargo, aún quedaba mucho, demasiado, pendiente. Quienes fueron a combatir, soldados, oficiales y suboficiales (no los mandos militares), lo hicieron con la convicción de que iban a defender y recuperar un suelo que nos había pertenecido y nos pertenece, usurpado desde 1833 por los británicos. 

Se comenzó, también, a diferenciar a los superiores, que habían combatido a la par de los soldados, que cumplían entonces con el servicio militar obligatorio, de aquellos que no repararon en que eran sus compañeros de armas. Existieron muchas denuncias de maltrato hacia los mismos, algunas, llegando a la Justicia. 

En ese nuevo contexto, es que surgió ese billete de 50 pesos, con una imagen del pretérito, que no solo alude a la razón de un reclamo que tiene rango constitucional, sino, además, a la historia más reciente, a la de la guerra.

Lo del billete, puede ser una casualidad, pero también una causalidad, en un proceso denominado "deshistorización"; borrar lo ocurrido de la memoria colectiva.

No obstante, el recuerdo, es demasiado reciente y se recuperó por lo mencionado, para que la sociedad se olvide de lo sucedido, como lo hizo, apenas terminada la guerra, y haga lo mismo con los veteranos y caídos. Sería incurrir en el mismo error.

Para algunos, que el billete de 50 pesos, haya cambiado esas imágenes, que recuerdan el pasado lejano, fundando el porqué del reclamo histórico sobre Malvinas, como el Gaucho Rivero, las islas, y el pasado más cercano, el del conflicto armado, además del cementerio en donde se encuentran quienes dieron su vidas por ese reclamo, puede resultar algo sin importancia, pero como está expresado en el comienzo, tiene demasiada relevancia, para mantener vivo el recuerdo.

La historia, lamentablemente, se intenta devaluar, como está sucediendo con el peso nacional, el mismo que ha ido cambiando figuras y hechos históricos por animales, como si ese pasado, que en ocasiones es presente, no hubiera existido.

La sociedad, no puede permitirlo. De hecho, no lo está haciendo, más allá del Cóndor, que reemplazó a Malvinas, al Gaucho Rivero, al cementerio de Darwin, y al ARA Belgrano, en un billete, que es mucho más que un billete.

Es la imagen de un ave, que no pidió estar allí para reemplazar a imágenes demasiado importantes, y que nada tiene que ver con la intención de quienes intentan borrar de un plumazo un pasado, que siempre será parte del presente.

Y también del devenir.

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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