Soberanía Nacional, más allá de la Vuelta de Obligado

Opinión 20 de noviembre de 2022 Por Fabián Menichetti
Cada 20 de noviembre es el Día de la Soberanía Nacional en Argentina. Más allá del hecho histórico, la total soberanía aún está en curso y pendiente.
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Soberanía Nacional, más allá de la Vuelta de Obligado

Cada 20 de noviembre se celebra el Día de la Soberanía Nacional. No es para menos. Las armadas más poderosas del mundo, inglesa y francesa, pretendían controlar la navegación de los ríos de la Confederación Argentina. La batalla de La Vuelta de Obligado se convertía, en la misma fecha de 1845, en un símbolo de la defensa del naciente país en evitar que la escuadra anglo-francesa lograra su objetivo.

Sin embargo, esa soberanía está en curso y pendiente, porque en un contexto mucho más amplio y en el tiempo, la soberanía es mucho más que la defensa de un territorio o un hecho histórico, valioso en el pretérito del país, por supuesto, pero que debía continuar hacia el devenir. Fue, como otras batallas por la independencia libradas en contra del imperio español, un hito, pero la soberanía completa aún se está aguardando.

La soberanía, no sólo es defender y preservar las fronteras de una nación. Es lograr que quienes la integran -todos y todas sus habitantes, sin excepción- cuenten con lo necesario, no para sobrevivir, sino para vivir, bien y con dignidad. Cuenten con el derecho a la educación, al trabajo, a la salud, al alimento, al descanso.

La soberanía debe ser alimentaria, educativa, sanitaria, científica, y un largo etcétera. Lamentablemente, en el curso de la historia argentina, sucedió lo que señalaba alguien hace décadas: "Ellos tienen la plata, nosotros a los traidores". Aludía no sólo a quienes provenían del extranjero , sino a quienes aquí, en el país, se lo permitieron. Porque así sucedió, también, a lo largo de la historia.

Existieron pasajes que tuvieron dejos de esa soberanía. Por supuesto. No obstante, en cada ocasión que eso sucedía, llegaban quienes allanaban el camino del volver a empezar para llegar a esa ansiada emancipación, consolidarla y sostenerla. Alguien, que no es argentino, señaló en alguna oportunidad a un periodista del país: "Ustedes tienen una solución y un problema, la abundancia de recursos naturales". Nada más real.

La soberanía completa

Cuando se recuerda aquella batalla de la Vuelta de Obligado, en donde la flota anglo-francesa, pretendía quedarse con la navegación pluvial del país, para sacar los recursos naturales, comerciarlos, extraerlos, venderlos, o lo que fuere, lo que se logró entonces, lo evitó momentáneamente, porque ahora lo están haciendo grandes corporaciones internacionales. Simbólicamente, el Paraná y otros ríos, son argentinos, pero la navegación de los mismos, no. Son otros intereses los que explotan ese recurso soberano.

Hablar de soberanía es muy diferente a ejercerla realmente. No se trata ya de batallas militares -con las que sueñan algunos fundamentalistas, sin considerar semejante locura- sino de ejercer el control de nuestros recursos, que el Estado lo haga, porque están los gobiernos que lo administran, pero el Estado somos la totalidad de argentinos y argentinas que abrevamos en este suelo. Tampoco se trata de "nacionalismos", mal comprendidos.

Se suele señalar que a finales del siglo 19 o principios del 20, éramos el "granero del mundo". Esa cantinela y frase hecha, se ha reiterado históricamente, pero nada se dice que el "granero" beneficiaba a unas y unos pocos y pocas, mientras la mayoría de la población estaba sumida en la pobreza. Luego llegaron -como está señalado- conquistas de derechos, el denominado "ascenso social", con la posibilidad del trabajo, el estudio, la salud, logros científicos, y también un largo etcétera. Por supuesto, detuvieron esos impulsos.

También -como está indicado- fueron conquistas momentáneas que impulsaron la ilusión. "Oid el ruido de rotas cadenas", señala el himno nacional, pero hoy las cadenas ya no están rotas. Las rearmaron con estrategias bien pensadas. Hoy son cadenas financieras. Es imposible pensar en un país realmente soberano, si esas cadenas existen.

La enorme deuda externa, especialmente con el FMI, que llega trimestralmente a auditar las cuentas del país, es una clara muestra de esas cadenas. ¿De qué soberanía se puede hablar, si la nación está sumida al arbitrio económico de un organismo internacional en decidir cada tres meses que está bien o que está mal? ¿Se puede ostentar independencia en una casa cuando viene el banco a decir cómo manejar la economía de la misma?

Pero esa deuda, eterna y externa, no salió de un repollo ni tampoco sirvió, al menos, para producir repollos en masa y venderlos, aunque más no sea, sino que de los últimos 44 mil millones del FMI, que se sumaron a la acreencia con bonistas privados -renegociada y con quita- que llegaron, nada de ese préstamo se quedó en el país. Sólo la deuda.

Luego se acordó con el FMI, para refinanciarla y se prometió investigar qué sucedió con los 44 mil millones de dólares. Esperando y en pausa por ahora. Es otra deuda, pero con el pueblo, que aún se encuentra pendiente, para que no siempre la pague el pueblo. 

A más de doscientos años,  soberanía e hipocresía

Hace más de 200 años existieron quienes imaginaron que la emancipación llevaría a la soberanía, rompiendo con las cadenas extranjeras. Lo pensaron -el listado es extenso-  muchos y muchas que dejaron hasta sus vidas en ese sueño. Sin embargo, la independencia quedó en una declaración y la soberanía pendiente. Aún continúa siendo un sueño eterno.

Hace más de dos siglos que el concepto amplio de soberanía está en curso. Cuando se supuso que se había alcanzado, se hicieron cargo de administrar el Estado, ciertos representantes del poder real, que llegaron a los gobiernos- retrocediendo en todo. ¿Es necesario citar nombres y gestiones? Los hubo en dictaduras, por supuesto, y también en democracia. Usurparon el poder y llegaron con el voto también.

Los y las hipócritas, enarbolaron -enarbolan- banderas nacionales en cada fecha patria: Revolución de Mayo, Declaración de la Independencia, y sí, también Día de la Soberanía, como si estuvieran preocupadas y preocupados en celebrar dichas fechas por su verdadero sentido. Celebran otra cosa: que la misma nunca llega. Para su interior, están conformes con el retroceso, con el estancamiento siempre en el mismo lodo. 

Quienes los siguen -millones- merced al trabajo de los medios grandes, no "grandes medios" y sus escribas y voceros/as, que juegan permanentemente para el poder real, que es el verdadero poder, nacional y transnacional, celebran lo que ellos y ellas celebran, sin contemplar que luego no tendrán para celebrar.

De vuelta y obligados

En nuestra historia como país, siempre se afronta una nueva batalla de vuelta, obligados y obligadas a librarla. No son combates con armas -por suerte- sino buscando esa soberanía pendiente, que no se termina de completar: la alimentaria, laboral, educativa, científica, sanitaria, y puede continuar la lista

Argentina puede señalar con orgullo que ha estado a nada de lograrlo, pero -como está indicado- siempre estarán prestos y prestas, desde adentro y desde afuera, listas y listos en impedir que ello suceda. Hay ejemplos de que es posible, como los hay también de que siempre se bregó para que se alejara nuevamente.

No habrá soberanía completa, mientras el trabajo no sea trabajo, sino esclavitud disfrazada de trabajo; mientras millones de personas no puedan llegar a fin de mes; mientras millones de niñas y niños, sean parte de esa pobreza estructural; mientras el "pueblo" -término tan amplio y heterogéneo como el de soberanía- o una parte de ese pueblo, sea engañado por quienes no juegan precisamente para ese pueblo.

No habrá soberanía completa, mientras con cada paso que se de para avanzar en mejorar la calidad de vida de ese pueblo, luego se retroceda cinco pasos. Tampoco, si no se comprende que la distribución de las riquezas que genera el país con sus vastos recursos naturales, debe ser más equitativa. 

No habrá soberanía completa, mientras no se comprenda que no se trata de Argentina solamente, sino de la región, de Latinoamérica, porque somos parte de un mismo naciente. Y esta parte del mundo, para los grandes intereses foráneos, en el contexto actual, con guerra luego de una pandemia, es muy apetecible.

Sí, es real, podemos celebrar un hecho histórico como el de defender los intereses de nuestra nación, pero -como está señalado- la soberanía viene desde el mismo nacimiento del país, que encontró escollos, también desde sus inicios. Y es desde el empréstito que se tomó con Rivadavia -que tiene grandes monumentos y extensas avenidas- con la Baring Brothers por un millón de libras esterlinas para realizar obras portuarias y de urbanización. Llegó la mitad. El resto se perdió en el camino. Y sucedió en 1924.

Sería extenso citar los vaivenes de la deuda externa y eterna, que se saldó en diferentes gobiernos, por caso con el FMI, y se volvió a tomar deuda con el mismo FMI. Las mejores cadenas de sometimiento.

Citando nuevamente a Arturo Jauretche, recordado hace poco: “En el territorio más rico de la tierra vive un pueblo pobre, mal nutrido y con salarios de hambre. Hasta que los argentinos no recuperemos para la nación y el pueblo el dominio de nuestras riquezas, no seremos una nación soberana ni un pueblo feliz”

Y hay más, mucho más de lo que pensaba: “La economía moderna es dirigida. O la dirige el Estado o la dirigen los poderes económicos. Estamos en un mundo económicamente organizado por medidas políticas, y el que no organiza su economía políticamente es una víctima”.

¿Hay para celebrar? Seguramente. Celebrar que aún el sueño de una soberanía real y completa, puede ser una sueño realizable. No obstante, es una batalla permanente por lograrlo, con la obligación de hacerlo, por quienes habitamos hoy el país y por quienes llegarán. No todo está perdido.

Si pretendemos lograr la declamada soberanía. Claro está.

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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