Las Invasiones Inglesas y un británico enviado a Calamuchita

Historia 14 de agosto de 2022 Por Fabián Menichetti
En 1806, luego de las primeras Invasiones Inglesas, un militar británico, Alexander Gillespie, era enviado a Calamuchita. Describía en un diario la zona del Tercer Río.
Sierras Carreta Gillespie
Gillespie, el inglés enviado prisionero a Calamuchita, que describió en un diario lugares de la zona

El 12 de agosto de 1806, se producía el "Día de la Reconquista" de Buenos Aires. El militar inglés, William Beresford, se rendía ante las tropas comandadas por Santiago de Liniers. Los historiadores, señalan que fue el punto de inicio del camino hacia la emancipación de lo que sería, primero la Revolución de Mayo, y luego la declaración formal de la Independencia, en 1816, de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Lo que es actualmente la Argentina, formaba parte de lo que era el Virreinato del Río de la Plata, bajo el dominio español. El marques de Sobremonte, virrey de entonces, había huido, terminando en la ciudad de Córdoba. Luego de la rendición inglesa en Buenos Aires, tras lo que se consideraba un acto de cobardía de Sobremonte, una multitud le solicitaba al Cabildo de esa ciudad que fuera destituido, tomando su lugar Liniers.

El 16 de febrero llegaba a Buenos Aires la noticia de la caída de Montevideo. El 15 de febrero, el Cabildo porteño en Junta de Guerra había presionado a la Real Audiencia y decretaba -como está dicho- en un hecho sin precedentes, la destitución de Sobremonte, su detención, y la designación de Liniers. Las autoridades españolas entendieron que lo ocurrido podía servir de ejemplo para el resto de los virreinatos americanos. Y fue así.

Se considera el primer acto de rebeldía de quienes ya comenzaban a pensar que podían decidir por sí mismos, sin depender de España. Cuatro años después ello se confirmaría.

Al conocerse que Montevideo había caído en poder ingles, los británicos prisioneros de la primera invasión en Buenos Aires, fueron enviados a distintos lugares, como Calamuchita, Córdoba. Se producía la segunda invasión, con John Whitelocke a su mando. Los británicos eran miles, muchos más que en la primera. Tenían mucho más poder de fuego.

Whitelocke había dado la orden de ingresar a la ciudad en 12 columnas, pero en dicha ocasión a las milicias criollas, se les sumaron los habitantes, que -según la tradición popular- arrojaban piedras y agua hirviendo desde los techos a los británicos. En ese escenario el jefe inglés perdía a más de la mitad de sus tropas entre bajas y prisioneros. Finalmente se rendía ante Liniers, siendo esa la segunda capitulación ante las tropas criollas.

Siguiendo el río y describiendo a la zona

En ese contexto, los militares ingleses que habían sido enviados al interior, eran conducidos en una especie de "libertad controlada", primero a San Antonio de Areco, y luego, siguiendo el curso del Ctalamochita (Tercero), a una suerte de prisión en una edificación que había pertenecido a los Jesuitas, en San Ignacio, Calamuchita. Uno de esos británicos se llamaba Alexander Gillespie, quien dejaría un valioso trabajo escrito, descriptivo y cronológico, de aquel momento histórico, pero, además de costumbres y sitios de la zona.

Se trataba de un capitán que había elaborado en su recorrida junto al río y estancia en Calamuchita, una especie de diario de viaje, que luego, en Inglaterra, se editaba como libro, llamado "Buenos Aires y el Interior". En algunas partes del texto, alude a sitios que en el prólogo de aquel siglo 19 ya eran lugares que estaban habitados por criollos en la región.

El primer contacto con el río Ctalamochita

En Frayle Muerto (actual Bell Ville), Gillespie, tomaba contacto con el curso de agua más caudaloso de Córdoba, recordando que el nombre de ese sitio era "por haber sido asesinado allí (el religioso) por los indios que se ocupaban de convertir". Acerca del entorno natural, indicaba que "se interpone un lindo monte, que sin interrupción, llega a Córdoba"

Allí marcaba como la provincia, inclusive en la zona de la llanura estaba cubierta de montes, extendiéndose desde la ciudad cabecera del actual departamento Unión a la capital provincial. Con el paso del tiempo, esa forestación autóctona comenzaba a desaparecer, en la medida que avanzaba la agricultura y los poblados, además, con la llegada del tren.

La descripción de Capilla de Rodríguez

En su recorrida hacia el interior profundo del país, siguiendo el curso del Ctalamochita, describe el primer sitio poblado (al menos en su diario de viaje), en esta zona del país, el actual Tercero Arriba, que es la actual Villa Ascasubi. Allí señala que se presentaba "el interesante pueblito de Capilla de Rodríguez y su hermosa iglesia, levantada una milla más allá de la margen derecha". Debe recordarse que existen los cimientos aún en Villa Ascasubi de aquella iglesia, sobre los que se levantó una réplica que quedó inconclusa.

Gillespie aludía al paisaje que observaba. Señalaba por ejemplo que se visualizaba al oeste del río "una cordillera". Sin dudas se refería a las sierras grandes, con el Champaquí como cerro preponderante, en donde nacen los cursos de agua que forman el Ctalamochita. 

El militar inglés dejaba registro de como cambiaba el paisaje en la zona, indicando que la superficie ribereña, en ese sector, estaba conformada por "una capa de arena cubierta de matorral". También indica en su relato que observaba entre lo que es actualmente el trayecto entre Villa Ascasubi y Río Tercero, plantaciones de maíz, y se refería a los animales que veían, señalando "cabras salvajes sentadas, y liebres en las grietas rocosas". 

Capilla de Rodríguez1
La Capilla de Rodríguez, cuando aún se mantenía en pie (Imagen: capillasytemplos.com.ar)

El paso por El Salto

Ya llegando a la zona de Almafuerte, en donde está actualmente el Piedras Moras, embalse construido en los setenta, señala otro lugar con mucha historia. "Una legua más adelante, cerca de un pueblito llamado Salto, a 9 leguas del fin de nuestro viaje y a 6 de Capilla de Rodríguez, el oficial de la guardia hizo alto para reconocer los pasos, y procurar baqueanos, ante los tramos intrincados y peligrosos que teníamos por delante", reflejaba. 

Sin dudas, el inglés se refería a como iba cambiando el curso del río en dicha parte, ya que allí, a diferencia de la zona de llanura , el curso del Ctalamochita comienza a transitar las primeras estibaciones serranas. Asimismo, el Salto tomaba ese nombre por el desnivel en el cauce en donde se encuentra La Cascada, vieja usina que se construyó en ese sector, la que, en la actualidad, también está parcialmente sumergida por el lago Piedras Moras.

Cascada Salto Norte
La Cascada, salto de agua en el Ctalamochita, antes de construirse la usina, sumergida hoy (Imagen: Facebook "Almafuerte de antaño")

Escribía aquel militar inglés sobre el caserío ubicado en una de las márgenes del Ctalamochita que "el pueblito mismo es de pocas casas, sobre el río Tercero, rodeado de alturas pedregosas en ambos lados del camino (...). Agregaba sobre el curso de agua que "sus orillas son aquí notables por las barrancas, similares a murallas que descienden gradualmente a un valle ricamente adornada de árboles y maciegas"

"Enfrente, río de por medio, hay un oratorio a propósito para confesarse, cuando llegan clérigos ambulantes y en donde congregan su rebaño en jiras (sic) anuales", escribía Gillespie. Debe recordarse que en dicho sitio primero existió -como lo describía- un oratorio, y posteriormente se erigió una iglesia. Todo ello quedó cubierto por el lago, previo desmontarse varias de las estructuras. Se considera al lugar como la matriz de Almafuerte.

El militar británico, registraba en su escrito, además, en su travesía, junto a los demás y siguiendo la margen del río, uno de los pasos que tenía el mismo, en uno de los trayectos que unían a Córdoba, la Villa de la Concepción del Río Cuarto, y Cuyo. "El lecho del río es de arena granítica y en él hay un vado playo, que sale al camino de Córdoba", especificaba. 

Dos leones que eran pumas

En su paso por el sector en donde está actualmente el Piedras Moras, el militar recordaba en su texto a un incidente con animales salvajes. "Cerca del pueblito algunos perros mataron dos leones durante nuestra permanencia, de color pardo oscuro, miembros fuertes y cabezas ni afelpadas ni anchas", señalaba.

Sin dudas que aludía a pumas, conocido como "león americano", cuya población, diezmada con las décadas por el avance del ser humano, era mucho más profusa entonces: "Se guarecen en los matorrales tupidos del contorno y, felizmente para la humanidad, son tímidos a la aproximación del hombre y su resistencia débil".

Como está indicado, a la inversa de lo graficado por el británico, que los pumas, seguramente cachorros, hayan sido diezmados, es porque infelizmente para dichos animales, la humanidad no ha sido tímida con la aproximación a los mismos. También citaba en su diario de viaje que los perros habían matado a una comadreja.

Las sierras nevadas

El militar inglés, va describiendo en aquel diario de viaje, luego convertido en libro, paisajes y sucesos, con las fechas. Aquella travesía hacia las sierras calamuchitanas, por las fechas citadas en el texto, se había iniciado a finales de marzo. Obviamente, a diferencia de la actualidad, el viaje desde Buenos Aires insumía semanas.

Según lo expresado por Gillespie, se desprende que el paso por la zona en donde están actualmente Villa Ascasubi, Río Tercero (entonces inexistente como estancia Media Luna o un caserío) y Almafuerte, fue a finales de abril, fechando así el paso por El Salto. 

"El 28 y 29 fueron días ociosos, notables solamente por lluvias copiosas, con tremendos truenos y relámpagos, como el 30 lo fue por sus vientos penetrantes, estando entonces junto a las cordilleras cubiertas de nieve", escribía. Allí se deduce que aquel grupo de personas se encontraban ya en el Valle de Calamuchita, y "las cordilleras" que señala, son las sierras grandes que habían recibido una nevada.

Por la lluvia y la topografía del lugar, sin dudas el último tramo de aquella travesía no había sido sencillo, según describe: "Desde el primero de mayo la marcha fue lenta, pues aunque San Ignacio, nuestro destino final, no estaba a más de tres leguas en línea recta (unos 15 kilómetros), sin embargo, debido a las vueltas, los caminos ásperos y huellones causados por la lluvia, no concluimos nuestro viaje hasta el cinco".

El texto refiere, según la visión del inglés, que en "la noche del primero descansamos cerca de unos pocos ranchos, y junto a bosques que ahora precisamente hubieran ascendido al rango de selvas". Sin dudas alude al monte autóctono de las sierras de Calamuchita. 

"El Pueblito de Los Cóndores"

Gillespie en su relato, señala a un caserío denominado "Los Cóndores", que no es la actual localidad. Indicaba: "Todos estaban listos para marchar a la mañana del 2, ansiosos de adelantarse a las carretas en su llegada al pueblito de Los Cóndores, que toma ese nombre de esa ave enorme que frecuenta las casi inaccesibles rocas de sus cercanías", escribía.

En este punto hay dos detalles, que pasado los años, no quedan muy claros. En primer lugar, el sitio de la zona de Calamuchita que apunta y la presencia de cóndores, que están, sí, pero en las altas cumbres cordobesas. Sobre el poblado escribía que "se compone de quince casas, en un valle que corre de norte a sur, con una capilla, y está bien protegido por rocas graníticas planas y cónicas que forman el fondo".

Situaba  dicho lugar a "veinticinco leguas SSE de Córdoba y cerca de tres del Tercero al norte". La actual localidad de Los Cóndores, al sur del río Ctalamochita, tomó ese nombre luego de su fundación, en los comienzos del siglo 20, por la forma de las sierras al oeste, entre El Quebracho y la actual Autovía, que se asemejan a un cóndor con sus alas desplegadas. De hecho el cerro "Corona", se parece a la cabeza de dicha ave. 

Luego de tener varias denominaciones, entre ellas las que iba tomando la estación ferroviaria, como "El Tala", por un arroyo que pasa por allí, "Río Tercero" e incluso "Modesto Acuña", por quien fundaba la vecina ciudad, por pedido de los habitantes condorinos, la Provincia autorizaba que fuera bautizado definitivamente con ese nombre.

El relato del inglés se remonta a más de un siglo atrás de ese momento, por lo que el "pueblito de Los Cóndores" que señala, existió, pero en otro sitio de Calamuchita. Se ha indicado que puede haber estado junto a las sierras de las que tomó su nombre la actual población, aunque si estaba al norte del Tercero, a unas tres leguas, tampoco era el lugar descripto, excepto que en ese punto cardinal se haya equivocado Gillespie.

Considerando las fechas y los senderos de entonces, puede no haber sido extraño que efectivamente se hayan dirigido hacia la zona en donde se encuentra la ruta 5, que une a El Quebracho con la actual Autovía Juan Bautista Bustos, para, desde allí, dirigirse al norte, ingresando al valle de Calamuchita en donde está hoy Embalse. San Ignacio, adonde eran conducidos en carretas, se encuentra entre Villa Rumipal y Santa Rosa.

Esa pueda ser una explicación: que no hayan seguido desde El Salto la margen del río, sino que se hayan dirigido hacia el sudoeste pasando por las denominadas "Sierras de los Cóndores". De hecho, en una parte de su relato, indicaba: "Nuestra ruta había sido indescriptiblemente áspera, sitiada a todos lados por colinas rocosas, en muchas partes como cráter de volcán (...)" Algunos cerros justamente brindan esa imagen.

Otra opción, la menos probable, es que hayan transitado otro trayecto dirigiéndose hacia efectivamente las sierras grandes, descendiendo luego al Valle de Calamuchita. Puede -como se apreciará- que después de ser confinados dichos militares en San Ignacio, hayan realizado recorridas precisamente hacia los picos más altos de las sierras cordobesas.

De hecho se indica que la vieja edificación jesuita no era lo suficientemente amplia para alojarlos, por lo que se decidió que algunos fueron trasladados a Córdoba, mientras otros fueron a Santa Rosa. “Los oficiales navales fueron transportados a Córdoba y a los que aún quedaban sin lugar se les permitió establecerse donde pudieran en el valle. El 9 de mayo se hicieron todos los arreglos y el confort doméstico y la economía pasaron a ser el objeto exclusivo de cada individuo”, señala en su diario el británico. En su estancia en Calamuchita, habla de recorridas a caballo en las serranías, por lo que pudo haber llegado a las altas cumbres.

¿Había cóndores...?

Existe otro detalle en el escrito, llamativo acerca de que efectivamente había cóndores en las estibaciones serranas más bajas, por donde pasaban en aquel momento. Más allá del cordón montañoso que lleva ese nombre, los registros de las aves de mayor porte, aluden a la denominada "águila negra", que migró al sur. 

Los cóndores, como efectivamente está citado, aún en la actualidad tienen su hábitat en las sierras grandes. Siempre en el terreno de las especulaciones, puede que Gillespie haya descripto a dicha ave por lo que se decía, considerando que se está no lejos de las altas cumbres, con el Champaquí, que es su montaña más elevada. 

"Algunos de los más activos treparon las montañas que eran morada de los cóndores. Implicaba gran peligro, pues es el más atrevido de la tribu alada, y más especialmente cuando sus territorios son invadidos por el hombre", escribía. Y proseguía: "Su velocidad, coraje, tamaño y fuerza lo colocan por encima del águila, a lo que se agregan los afeminamientos de una cabeza y pescuezo completamente pelados".

Seguía aludiendo el inglés sobre dicha ave, la que, sin dudas, lo había impactado: "El pico (...) perforará y desollará un carnero o ciervo, y los nativos decían que si sus necesidades no fueran más que adecuadamente provistas por las criaturas animales que lo rodean, procurarán satisfacerse en las guaridas del hombre"

Sobre los militares británicos -que señalaba Gillespie- habían ascendido, indicaba que éstos habían bajado con pocas evidencias de los cóndores. "Bien puede suponerse que los trofeos sacados de tales precipicios no fueron sino pocos y limitados a plumas que se habían desprendido naturalmente (...)", especificaba. Y allí citaba la presencia de los dueños originarios de esa parte de las sierras, los aborígenes, recordando que las mismas habían sido obtenidas "sin algunas amenazas previas de sus propietarios originarios".  

La llegada a San Ignacio y el nacimiento del río

El militar británico, escribía que luego de pasar por "ese pueblito"  "los bueyes fueron desuncidos (quitarles el yugo) cerca de algunos ranchos agradables, rodeados de higueras". "Poco después del alba del 3 de mayo, nuestro descenso era lento, pero perceptible en las vastas llanuras de Calamuchita, entre los estupendos cerros de Los Cóndores y las altas sierras de Córdoba, hasta que llegamos al Río Grande (...)", describía.

Sobre dicho curso de agua, uno de los tributarios del Ctalamochita (Tercero), señalaba "que nace contiguo a las últimas (las sierras grandes), y corre por este valle, juntándosele en su camino algunos arroyos, entre ellos el de S. Ignacio, cuya fuente está en la parte oriental de las sierras"

"El valle de Calamuchita, que se nos había destinado como residencia, está casi de norte a sur y imitado por aquellas grandes extremidades (las sierras grandes), que se expanden un poco al SSE, hasta tocar los confines de los indios pamperos", escribía. Evidentemente aludía al sur, en donde se dividen actualmente las provincias de Córdoba y San Luis. 

Sobre las corrientes de agua que descendían y aún lo hacen, claro está, de las sierras grandes, señalaba: "Hay cinco de ellas que ruedan sus aguas por este valle en progresión aritmética de uno a cinco, todas las cuales nacen y descienden de las sierras de Córdoba (...) y finalmente contribuyen a aumentar el Tercero que, como ya se ha dicho, desagua en el Paraná"

Evidentemente Gillespie alude al nacimiento del río Ctalamochita (Tercero). Antes de que se construyera el dique de Embalse en el siglo 20, dichos ríos le daban origen. Son los que tributan actualmente al lago: Grande, Santa Rosa, La Cruz, Quillinzo, y el arroyo Amboy. 

El lugar, convertido en una suerte de prisión, de la que actualmente queda poco de sus ruinas, a la que fueron conducidos Gillespie y los otros militares ingleses, había pertenecido a la orden de los Jesuitas. Se denominaba "Estancia Jesuítica San Ignacio de los Ejercicios". Formaba parte de una vasta extensión, con cultivos, ganado y explotaciones mineras.

Cuando la orden de los Jesuitas resultó expulsada de América, fue comprada en el año 1773 por José Antonio Ortiz del Valle. Se indica que fue quien promovió la fuga de tres prisioneros ingleses, por lo que fue arrestado y murió en prisión. En su diario, Gillespie, se refiere a tres militares que intentaron escapar antes de ser puestos en libertad.

Estancia Jesuítica San Ignacio
La estancia Jesuítica de San Ignacio (Ilustración del francés Bregas y Pujadas - Vía capillasytemplos.com.ar)

Actividad en el valle

Describía la actividad en el valle de Calamuchita. "Una escena variada de pueblitos, granjas, industria, y población, inmediatamente salta a la vista (...)". En tanto proseguía a la actividad aún de los Jesuitas, orden que había sido expulsada por España de América, agregando que "todavía parecen vivir en las manufacturas de su prole industria". Debe recordarse que impulsaron emprendimientos mineros, entre otras actividades.

Al parecer a la llegada a San Ignacio, el río Grande, bajaba con una creciente ya que cita que el 5 de mayo era "imposible" sortearlo. Por la noche lo cruzaban indicando que San Ignacio estaba a "seis millas solamente", esto es a poco más de nueve kilómetros. De hecho, se intuye según la distancia expresada por el inglés que efectivamente venían descendiendo de la parte más alta de las sierras. 

Al arribar, recordaba que se encontraron con "un antiguo edificio cuadrado, catorce habitaciones, en tres de sus lados". Aludía a que el inmueble, luego de la expulsión de los Jesuitas, era "también pequeño para contener a más de un tercio de nuestro número". Y explica en su texto: "En consecuencia el teniente coronel Campbell y otros se alojaron en Santa Rosa" y "los oficiales de marinos se mudaron a Córdoba, y al resto se le permitió establecerse donde pudieran en el país".

Aludiendo a San Ignacio, luego de describir la zona, Gillespie mencionaba a "Don Ortiz,  nuestro propietario". Sobre el mismo escribía que "cultivaba una gran huerta con gusto y economía". Sobre la misma detallaba que crecían "manzanos, perales, durazneros, nogales, membrilleros y olivos", en tanto también había "cebollas, nabos, zanahorias y repollos". En esa especie de libertad controlada agregaba que se les permitía "regalarnos de frutas a discreción (...) Cabalgar en el fresco, hacer visitas y la pelota de mano luego se convirtieron en diversiones, pues el terreno era por todo áspero para el cricket".

También exponía la explotación a la que eran sometidos aquellos seres humanos que resultaron víctimas de los europeos de cualquier procedencia. Mencionaba: "Como de costumbre, todas las faenas ingratas estaban a cargo de negros e indios que empezaron a labrar el suelo, juntar todo lo adaptable para nuestro uso, mientras otros se ocupaban constantemente en el tráfico comercial con Córdoba, de donde traían nuestros vinos, bebidas espirituosas, azúcar y tabaco". Se anticipaba -escribía- una "estadía que iba a ser larga".

Dejar el lugar, Las Peñas, Berrotarán y un baile

Recordaba en su escrito que la "caída de Montevideo" preanunciaba una segunda invasión, otra más desde Inglaterra a Buenos Aires, la que también sería derrotada. Señalaba Gillespie en su escrito que considerando ello, los ánimos no eran los mejores también en Córdoba, explicando que "fueron buscadas todas las armas de fuego y quitadas a los oficiales, por el capitán de la nueva guardia"

Luego de detallar aquella detención controlada a medias, con la inminente segunda invasión, se hacía más estricta -escribía Gillespie-  recordando que se urdieron "planes de escape" pero los mismos eran desestimados. Finalmente, señala, huían tres de los militares ingleses. "Originó otra tentativa (...) por parte del capitán Jones del regimiento 71, el teniente Sampson del cuerpo de S. Elena, y Mister Davis del servicio de las Indias Occidentales; la que no terminó tan felizmente, por traición del guía, que había recibido al salir una seña demasiado generosa, y fueron alcanzados por unos pocos soldados de la guardia de S. Ignacio (...)", escribía.

Escribe en el texto que "por haber varios oficiales entrando en relación con algunas familias en el pueblito Las Peñas, distante unas doce leguas, describían en rumbo sudeste, como toda montañosa y rocosa". Aquí, alude a otro sector de la zona, ubicado en el actual departamento Río Cuarto y al sur de Río Tercero.

La estancia Las Peñas, cuya población se conecta por un camino rural con Río Tercero y por otro con la ruta nacional 36, hoy autovía, era entonces un importante establecimiento rural de vasta extensión, al que llegaban los malones de aborígenes provenientes del sur. 

Escribía Gillespie: "Visitaron a un estanciero llamado don Gregorio Berrotarán, que habitaba en casa muy superior a cualquiera que hubiesen visto en su viaje, blanqueada y techada con tejas, pero situada entre cerros y barrancas y de donde ascendieron a las alturas inmensas de Potosiorco, que ofrecía extensa perspectiva de más de cincuenta millas (80 kilómetros), por las llanuras que llevan a Buenos Aires"

Cita el sitio Región del Maní, en base el libro de Ana Buteler de Antelme, oriunda de la población, denominado “Estancia Las Peñas 400 años de Historia y Vida” y en diferentes trabajos de las juntas de historia de las localidades de Elena y Berrotarán, que La Estancia “Las Peñas” había sido propiedad del aventurero General Cabrera, Jerónimo el nieto del fundador de Córdoba, después de pasar por varios dueños la estancia fue adquirida por Lucas González el 14 de abril de 1904

Por su parte, la localidad de Berrotarán, debe su nombre a Nicolás Berrotarán, quien donó sus campos para una estación de trenes; luego, alrededor de esa estación se fueron construyendo casas y formando una comuna que, más tarde, con la construcción de la Ruta Nacional 36 logró un mayor reconocimiento hasta ser Municipio.

Gillespie continuaba señalando que aquellos militares ingleses "para conseguir todavía una vista mejor, treparon gateando una cumbre hasta el tope, de casi cuarenta pies de altura (12 metros) y ciento sesenta yardas de anchura (146 metros)". Se infiere que, más allá de lo expresado por el británico sobre las "alturas inmensas", estas no lo eran tanto, sino las sierras más bajas de la cadena que se extiende en la provincia.

No obstante, debe considerarse que la zona de Las Peñas y Berrotarán, es uno de los sitios más elevados sobre el nivel del mar, está al pie de las sierras, por lo que efectivamente otorga una perspectiva visual amplia hacia el este, que ya es llanura. Sobre Gregorio Berrotarán, señalaba: "La profesión ostensible de ese caballero era de negociante en ovinos y chacarero, aunque tenía mucho ganado y ningún campo cultivado fuera de lo necesario para su familia y domésticos"

La descripción del sitio es interesante. Escribía Gillespie sobre lo relevado por los otros militares que "una excursión que hicieron a otra vivienda que describían como de aspecto mucho más grandioso, los convenció que la población era sumamente escasa y el progreso estaba en su infancia". Prosigue el texto: "Cerca de la última, en este desierto secuestrado, había un oratorio con un sacerdote y cuatro ranchos (...)" 

Existe un detalle llamativo en el escrito del inglés, sobre la incursión de los otros militares, una especie de baile. Señalaba sobre el sacerdote y quienes habitaban los ranchos: "Su recepción fue abundante y bondadosa y por ser el domingo previo al regreso a su casa, invitaron al padre para comer con ellos, quien tuvo poca conversación, pero se dedicó a los naipes inmediatamente después, sentándose a la noche, mientras las muchachas y los demás bailaban"

Recordaba Gillepie en su texto que "pasaron tres días agradables en una estancia, como a tres millas de la nuestra en el valle, gozando en parte la misma diversión por las noches, y carreras de caballos de día"

Fue el 31 de junio, cuando eran liberados Gillespie y los otros militares en San Ignacio "(...) nuestro propietario en el colegio, Don Ortiz, asomó la cabeza por la puerta, y luego entró en el cuarto con uno de sus hijos y el capitán de la guardia, apenas capaz de anunciarnos las gratas noticias de nuestro inmediato retorno a Buenos Aires, nuestra libertad de la cautividad y nuestro embarque para Inglaterra"

En su retorno, pasando por diferentes lugares, y en carretas, cita Gillespie, que el día 8 de agosto pasaron la noche "cerca de la casa llamada Catalina Rosas, después de recorrer distancia de solamente tres leguas, y el 9 de agosto pasamos por Capilla de Rodríguez"

Así, de alguna manera, concluye la descripción que realizara aquel militar inglés de su paso por la zona de Tercero Arriba, Calamuchita, y parte del norte del departamento Río Cuarto, entre la primera y la segunda invasión. Fue luego en libro, un registro de cómo era esta parte del país en el prólogo del siglo 19, cuando comenzaba a transitarse hacia la emancipación. 

"Empezaron los criollos a conocer su poder"

Retornando al comienzo y al contexto de aquel momento en esta parte del mundo, el sitio buenosaires.gob.ar, en un trabajo recuerda que Gillespie, fue un Capitán del Ejército británico que llegó con la primera invasión inglesa al Río de la Plata en 1806. Fue uno de los británicos enviados a distintos lugares de lo que luego serían las distintas provincias, entre ellas Córdoba. Tras la segunda rendición británica, ocurrida el 25 de julio, relata en su escrito que recibieron la comunicación de su libertad el 31 de ese mes, seis días después.

Durante la ocupación -como ya está señalado- había sido “Comisario de Prisioneros”, tomando contacto con intelectuales de Buenos Aires. Escribió un relato sobre la primera invasión en donde muestra las costumbres del Río de la Plata y recoge expresiones de la opinión pública en los momentos previos a la Revolución de Mayo.

Sus observaciones se transformaron en fuentes de enorme valor acerca de los hechos de los que fue testigo y protagonista. Al producirse la Reconquista fue confinado a San Antonio de Areco y a Calamuchita, donde pudo recoger impresiones sobre las provincias que fueron volcadas en su obra Buenos Aires y el interior. La primera edición del texto convertido en libro, en idioma inglés, fue en 1818. Luego llegaban las ediciones en castellano.

Gillespie situaba que el camino hacia la emancipación de la corona española de lo que luego serían las Provincias Unidas del Río de la Plata, había sido el día en el que Beresford se había rendido en la primera invasión. 

“A partir del 12 de agosto, podemos dar esa fecha como origen de su carácter militar, empezaron los criollos a conocer su propia importancia y su poder como pueblo, y aunque tengan pocos motivos para regocijarse por el triunfo sobre nada más que un regimiento efectivo, no obstante, el resultado les infundió una confianza general en sí mismos, un nuevo espíritu caballeresco entre todos y una consciencia de que eran no solamente iguales en valentía, sino superiores en número a esas legiones más regulares con que habían cooperado, y por las cuales hasta aquí habían sido mantenidos en sujeción tan largo tiempo”, señalaba en su texto.

Esa sujeción se rompía cuatro años después, cuando los residentes de esta tierra, entendían que no solamente debían oponerse a la incursión británica, sino al dominio español. 

Fuente para este informe: Gillespie, Alexander, "Buenos Aires y el Interior" (Libro gentileza de Juan Alberto Goy)

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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