El día que la Argentina le debe a Manuel Belgrano

Historia 26 de junio de 2022 Por Fabián Menichetti
Manuel Belgrano, no sólo creó un pabellón nacional. Sin embargo no tiene una fecha en el calendario oficial de feriados, más allá del Día de la Bandera.
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El día que se le debe a Manuel Belgrano

El 20 de junio se conmemora en Argentina el Paso a la Inmortalidad del General Manuel Belgrano, indican diferentes referencias a la jornada en la que se recuerda al creador de la bandera nacional. El prócer, que dejó todo por su sueño de una patria más amplia que la actual, ¿no debería tener su día en el calendario oficial?

En esa fecha, es cuando se recuerda a quien dejó todo por un país, seguramente distinto al actual, pero es el "Día de la Bandera". "Para todos es el Día de la Bandera, pero en realidad se lo hizo coincidir con el paso a la inmortalidad de Manuel Belgrano", explicó a RePerfilAr, el historiador, Eduardo Lazzari.

Diferenció la fecha de la muerte del prócer del día en que se utilizó por primera vez el pabellón nacional. "Para todos es el Día de la Bandera, pero en realidad se lo hizo coincidir con el paso a la inmortalidad de Manuel Belgrano", explicó a dicho medio.

Y agregó que de esta forma no se reivindica la figura de Belgrano que fue "el gran genio intelectual de la revolución, que fue el genio político de la independencia, que fue el gran militar que tomó las misiones más difíciles".

La fecha en que se enarboló la bandera

En realidad, la bandera creada por Belgrano, se enarboló por primera ocasión el 27 de febrero de 1812. Por consiguiente, especialistas en historia, sostienen que en esa fecha debería recordarse la bandera nacional.

Fue en Rosario, cuando desobedeciendo una orden del Triunvirato, hizo que se elevara un estandarte para que las tropas se identificaran. Fue junto a los soldados de las baterías Libertad e Independencia. Belgrano estaba al mando del Ejército del Norte.

No sólo la bandera

La otra historia ha condenado a Manuel Belgrano a no ser. Belgrano no tiene día en el calendario oficial. El día de su muerte es el día de la bandera, señala en su sitio El Historiador, Felipe Pigna. Remarca, además, que eso no es casual. Manuel Belgrano, uno de los más notables economistas argentinos, precursor del periodismo nacional, impulsor de la educación popular, la industria nacional y la justicia social entre otras muchas cosas, ha sido condenado a convertirse en una especie de sastrecillo valiente, agrega Pigna.

Y prosigue: La operación es simple. Se trata claramente de un ideólogo de la subversión americana y no conviene que desde la más tierna infancia, los niños aprendan a honrar la memoria de pensadores, innovadores y revolucionarios, portadores, como en este caso, de una coherencia meridiana entre sus dichos y sus hechos.

A quienes ya sobrepasamos las cuatro o cinco décadas, no nos habían enseñado la gran obra de Belgrano, al menos en la escuela primaria. Todo se reducía a un general creador de nuestro símbolo patrio más importante. Sin embargo, por la otra historia, esa que comenzó a revisar el pasado, conocimos que era mucho más que eso.

Descubrimos -como bien lo señala Pigna- que no sólo había creado una bandera, sino, además, que si bien su figura de prócer siempre fue enaltecida, además de calzarse un uniforme militar por la Revolución de Mayo, sus ideas y lo que hizo por aquel naciente país, no sólo se reducían a comandar los ejércitos de ese sueño inicial.

Por ejemplo, fue el primero de aquellos hombres y mujeres -las que recién ahora estamos descubriendo también como gestoras de esos tiempos emancipadores- que había propuesto una verdadera reforma agraria, planteando la expropiación de tierras para que las trabajaran quienes no tenían más que su pobreza. 

Señalaba, por ejemplo, que era “de necesidad poner los medios para que puedan entrar al orden de sociedad los que ahora casi se avergüenzan de presentarse a sus conciudadanos por su desnudez y miseria, y esto lo hemos de conseguir si se le dan propiedades ( …) que se podría obligar a la venta de los terrenos que no se cultivan, al menos en una mitad, si en un tiempo dado no se hacían las plantaciones por los propietarios; y mucho más se les debería obligar a los que tienen sus tierras enteramente desocupadas, y están colindaras con nuestras poblaciones de campaña, cuyos habitadores están rodeados de grandes propietarios y no tienen  ni en común ni en particular ninguna de las gracias que les concede la ley: motivo porque no adelantan…”

Demasiado inconveniente

En la medida en que se avanza y se indaga en la vida y acciones de Belgrano, se cae en la cuenta, porque durante décadas, y mucho más que décadas, se invisibilizó literalmente su pensamiento, simplificando su figura a ser solamente el creador de la bandera nacional. Era inconveniente su forma de imaginar un nuevo país, más justo e igualitario.

El revisionismo histórico, en todo caso, lo que hizo, y que no es menor, con datos fidedignos, fue darnos a conocer ese otro perfil de este hombre, además del militar, y que no se reducía solamente a lo que es hoy la Argentina, más allá de la histografía oficial, edulcorada y acomodada a intereses que no siempre son los de las grandes mayorías, y que consumimos varias generaciones de argentinas y argentinos por mucho tiempo. 

En septiembre de 1813, la Gazeta de Buenos Aires, el primer órgano de difusión de la etapa revolucionaria, publicaba un artículo de Belgrano. En el mismo señalaba:  “Se han elevado entre los hombres dos clases muy distintas; la una dispone de los frutos de la tierra, la otra es llamada solamente a ayudar por su trabajo la reproducción anual de estos frutos y riquezas o a desplegar su industria para ofrecer a los propietarios  comodidades y objetos de lujo en cambio de lo que les sobra (...) Existe una lucha continua entre diversos contratantes: pero como ellos no son de una fuerza igual, los unos se someten invariablemente a las leyes impuestas por los otros (...) 

Belgrano, al igual que su primo, el Orador de la Revolución, Juan José Castelli, que celebró el primer aniversario del primer grito libertario, el 25 de mayo de 1811, con los caciques de los pueblos originarios, en Tihuanaco, junto al lago Titicaca en el Alto Perú, actual Bolivia, decretando la libertad e igualdad de los aborígenes y el fin del tributo y los servicios personales, camino al Paraguay, hacía lo mismo.

A consecuencia de la Proclama que expedí para hacer saber a los Naturales de los Pueblos de las Misiones, que venía a restituirlos a sus derechos de libertad, propiedad y seguridad de que por tantas generaciones han estado privados, sirviendo únicamente para las rapiñas de los que han gobernado, como está de manifiesto hasta la evidencia, no hallándose una sola familia que pueda decir: ‘estos son los bienes que he heredado de mis mayores’. (…), escribía.

No solamente eso, en el Congreso de 1816, cuando se declaraba la Independencia en Tucumán, en el contexto de aquel momento en el mundo, especialmente en Europa, con respecto a las formas de gobierno que se imponían, proponía una monarquía constitucional "temperada", coronando a un Rey Inca.  Estaba a cargo del Ejército del norte y a esa idea la apoyaban Martín Miguel de Güemes y también José de San Martín.

En el Congreso de Viena, congregado en Austria, en 1814, las monarquías absolutistas habían discutido el retorno a las fronteras y las concepciones absolutistas anteriores a la Revolución Francesa, iniciada en 1789. Belgrano había estado en dicho continente y conocía de esa situación, por lo que previó esa estrategia debido a que existía un fuerte rechazo a las ideas de republicanismos e independencia. 

“Tras ese viaje, Belgrano se convence de que lo mejor para la supervivencia de la causa americana es la formación de una monarquía parlamentaria. Había que tener un Rey, y con una dinastía de linaje americano. Así se lograría el apoyo de las poblaciones de Perú y el Altiplano a la lucha por la emancipación”, explicaba en diálogo con la Agencia Télam el historiador Gabriel Di Meglio, en 2016, por los 200 años de la Independencia. No era el "querido rey" español, de visita por el bicentenario ese año, sino el de un pueblo originario.

Precisamente la propuesta de “una monarquía temperada”, estaría conformada por la Casa de los Incas, que había sido despojada de su trono justamente por los españoles 300 años antes de aquel 1816. “Era una idea que contaba incluso con el respaldo de Güemes, quien desde Salta había rechazado sucesivas incursiones realistas, y de San Martín, que desde Cuyo preparaba el Cruce de Los Andes”, recordaba Di Meglio ante Télam.

Ese estado monárquico de origen americano tendría su capital en Cuzco, antigua sede del Imperio Inca, con el propósito de sumar el apoyo de las poblaciones de Perú, Bolivia y Ecuador, con un carácter parlamentario. Obviamente, esto tendría la reprobación de los enviados de Buenos Aires. Uno de ellos, Tomás Manuel de Anchorena, tres décadas después, le confiaba a Juan Manuel de Rosas, lo que les había generado esa idea.

Anchorena le aclaraba en su carta a Rosas que no le molestaba en sí la idea de la monarquía constitucional, pero sí que se coronara a “un monarca de la casta de los chocolates, cuya persona, si existía, probablemente tendríamos que sacarla borracha y cubierta de andrajos de alguna chichería para colocarla en un elevado trono”.

Evidentemente, son sólo nombres de quienes fueron y son, sin dudas, aquellos linajes, no precisamente de los pueblos originarios, sino de quienes se han sentido dueños de lo que era y es la Argentina, o gran parte de Latinoamérica, aquellos y aquellas que, aunque no lo expresen, sienten la misma repulsión que sentían entonces por las grandes mayoría populares, de las que se sirvieron entonces, y lo siguen haciendo en la actualidad. 

De esta manera, se puede comprender acabadamente, porque a Manuel Belgrano se lo condenó en la historia oficial a ser sólo el creador de la bandera, rescatándose, al menos en los últimos años otras facetas de su vida, esa que resignó por su proyecto, que junto a otros y otras, imaginaron para aquel devenir, que es este presente, sobre el que se dice que Castelli escribió antes de morir, cuando era sometido a un proceso injusto, también por inconveniente, con aquella frase: "Si ves al futuro, dile que no venga". Tal vez una premonición de lo que vendría.

Recuerda aquella nota de Télam que la redacción del Acta de Independencia en Quechua y Guaraní es un reconocimiento de la entrega que los pueblos originarios hicieron a la lucha por la emancipación, y constituye la huella que dejó en ese Congreso aquella idea de Belgrano, que no pudo prosperar en ese país que nacía.

Belgrano, además, mostró una preocupación extrema por la educación pública para quienes habitaban este suelo. "Los niños miran con fastidio las escuelas, es verdad, pero es porque en ellas no se varía jamás su ocupación; no se trata de otra cosa que de enseñarles a leer y escribir, pero con un tesón de seis o siete horas al día, que hacen a los niños detestable la memoria de la escuela, que a no ser alimentados por la esperanza del domingo, se les haría mucho más aborrecible este funesto teatro de la opresión de su espíritu inquieto y siempre amigo de la verdad. ¡Triste y lamentable estado el de nuestra pasada y presente educación", señalaba. 

Es más, como está señalado, no era alguien que sólo declamaba o proponía, sino que accionaba, desprendiéndose inclusive de lo propio. Fue así que en 1813, donaba los 40 mil pesos fuertes que le habían otorgado como premio por las batallas de Salta y Tucumán para la construcción de cuatro escuelas. Las mismas debían levantarse en Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero y en Tarija, hoy la actual Bolivia. 

Se conoce, o mejor dicho, se conoció en los últimos lustros, ya que de ello no se hablaba demasiado, que Belgrano, murió en la pobreza. Señala Pigna en El Historiador: Los ricos de la Argentina, enriquecidos a costa del país y del trabajo de su gente, se enorgullecen en decir que Belgrano murió pobre. Según sus leyes de la obediencia y el ejemplo, no hay nada mejor para los demás que morir pobre. Aprender a morir como se nace, sin disputarles los ataúdes de roble, los herrajes de oro, las necrológicas de pago y las exclusivas parcelas en los cementerios privados, es una gran virtud, en la escala de valores de los que viven de la Bolsa de valores".

Agrega: El desprendimiento, el desinterés y la abnegación son virtudes que nuestras “familias patricias” dicen admirar en los demás pero que no forman parte de su menú de opciones. Ellas, por su parte, morirán mucho más ricas de lo que nacieron porque el resto de los argentinos morirá mucho más pobre. Leyes de las matemáticas, de la suma y de la resta.

Claro que omiten decir que Belgrano nació rico y que invirtió todo su capital económico y humano en la revolución. No dicen que Belgrano no se resignó a morir pobre y reclamó hasta los últimos días de su vida lo que le correspondía: sus sueldos atrasados, y que se aplicaran a los fines establecidos los 40.000 pesos oro que había donado para la construcción de escuelas y que le fueron robados por los perpetradores de la administración pública.

Tampoco nos recuerdan que Belgrano no se cansó de denunciarlos y no ahorró epítetos para con ellos. Los llamó “parásitos”, “inútiles”, “especuladores” y “partidarios de sí mismos” entre otras cosas.

Como economista, además, era un defensor de la industria nacional, cuando proponía manufacturar las materias primas, y también aludía a la deuda externa, que en la Argentina, parece ser eterna. “El grueso interés del dinero convida a los extranjeros a (…) ser acreedores del Estado. Los rivales de un pueblo no tienen medio más cierto de arruinar su comercio que el tomar interés en sus deudas públicas. Las deudas públicas llevan consigo los medios o impuestos extraordinarios, que procuran (a los acreedores) fortunas inmensas, rápidas, al abrigo de todo riesgo", escribía en el Correo de Comercio en 1811. 

Es claro, que aquel estadista entendía, y más aún cuando se gestaban los primeros gritos de libertad, que no sólo se esclavizaba a un pueblo con las armas, sino con la opresión financiera. Los rivales de un pueblo no tienen medio más cierto de arruinar su comercio (...)  Irónicamente, por esas causalidades históricas, de la última gran acreencia tomada con el FMI, se anunciaba en 2018 que dicho crédito estaría disponible desde el 20 de junio de ese año. No, no era ni es una broma, Fue lo que sucedió realmente. No hace mucho. 

El día que se le adeuda

Llegó a Buenos Aires en plena Anarquía de 1820. Estaba gravemente enfermo de hidropesía. Era examinado por el médico Joseph Redhead, que lo atendía en su casa. Al no poder abonarle por sus servicios, pues en ese momento estaba sumido en la pobreza y el gobierno le adeudaba sueldos atrasados, quiso darle un reloj como pago. Ante la negativa del médico de cobrarle, tomó su mano y puso el reloj en la misma, agradeciéndole.

Se trataba de un reloj de bolsillo con cadena, de oro y esmalte. Murió en la pobreza a pesar de que su familia había sido una de las más acaudaladas del Río de La Plata antes de que Belgrano se comprometiera con la causa de la independencia. El mismo día de su muerte es recordado como el "Día de los tres gobernadores" ya que se desataba una crisis política en el gobierno ejecutivo de la provincia de Buenos Aires. Su fallecimiento pasó casi inadvertido. El único diario que publicó la noticia fue "El Despertador Teofilantrópico"

Se lo recuerda a Belgrano por la bandera que creó y, desde hace algunos lustros, también por todo lo que aportó y dejó, incluso, resignando un cómodo pasar por aquella Revolución, que como lo citara en su libro el escritor Andrés Rivera, sigue siendo un sueño eterno. 

En una cultura que es afín a honrar a los hombres y mujeres que se destacaron en los cimientos de un país, por el día de sus muertes por aquello del "paso a la inmortalidad"la fecha de nacimiento de este prócer, el 3 de junio de 1770, apenas es referida en las efemérides del calendario anual, como una más de tantas. Tal vez... 

También, hay que enfatizarlo, muchas y muchos que cada 20 de junio, cuando se lo recuerda, y dicen honrar a la bandera nacional y a la memoria de su creador, en sus círculos más íntimos, no tienen ningún pudor en decir que no estaría mal que otra insignia flameara en el suelo en el que nacieron o los recibió.

No se trata de una actitud de chauvinismo lo que se les puede reclamar. En ciertos sectores, lo que falta es patriotismo, como el de Belgrano, y lo que suele abundar es una gran hipocresía. Nada nuevo bajo el sol. 

En su viaje a Buenos Aires, conocía que la muerte lo esperaba. Debía ser ayudado para bajar del transporte. Se recuerda que a mediados de junio, lo visitó un amigo, a quien le dijo: “Pensaba en la eternidad donde voy, y en la tierra querida que dejo, espero que los buenos ciudadanos trabajarán para remediar sus desgracias…”  También se dice que en su último suspiro, antes de morir, exclamó: "Ay Patria mía". Tenía 50 años, recién cumplidos. 

"Es el más metódico de los (generales) que conozco en nuestra América; lleno de integridad y talento natural, no tendrá los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en punto a milicia, pero créame Ud. que es el mejor que tenemos en América del Sur", escribía José de San Martín a Godoy Cruz, sobre Belgrano. 

El país, tiene aún una enorme deuda con Manuel Belgrano. Podría saldarla, aunque más no sea simbólicamente con un día, esa fecha en el calendario oficial que no tiene.

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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