Un recuerdo y unas palabras para mi padre, "mi viejo"

Opinión 19 de junio de 2022 Por Fabián Menichetti
Es imposible escribir algo sobre los padres, sin caer en el recurso de lo autorreferencial. Y no está mal. Las experiencias de vida, son intransferibles.
Papi
Unas palabras para "mi Viejo"

Se hace difícil escribir "algo" para el Día del Padre, sin caer en el recurso de lo "autorreferencial". Inevitablemente -al menos para quien redacta esta columna- eso es imposible. Y sinceramente, no está mal que así sea, porque en una historia, quizás, se puedan reflejar muchas historias, con sus matices, por supuesto.

En concreto, esta columna es, en cierta manera, un homenaje a mi padre, a mi viejo, y por añadidura, a todos los padres, entre los que me incluyo, aunque me gustaría ser para mi hija, en este presente, lo que mi viejo fue para mí en aquel pasado ya distante, pero que, paradójicamente, se hace más fuerte en el presente. 

Hace más de 12 años que se marchó físicamente, aunque en lo personal, en cada acción que realizo, mi viejo está más presente que nunca. En conclusión, mi padre nunca se fue. Sigue estando presente en sus afectos, a los que dedicó su vida, en el amor que les dejó. Que nos dejó. Y en sus sueños, sus eternos sueños...

Los sueños, las utopías...

Si hay algo que heredé de mi padre, fue la capacidad de soñar. Le debo a él eso. Y fue su capacidad de amar a sus afectos, a su familia, construida con mi vieja, a la que amaba hasta el infinito, con su hija e hijo. No tenía riquezas materiales, pero tenía demasiada riqueza espiritual. Y era, como siempre lo digo, un soñador. "El Aldo", como lo conocían, nunca dejó de construir sus eternos castillos en el aire, inclusive hasta sus últimos días.

No escribía, no pintaba, no esculpía, no dibujaba, no componía, pero a su manera era un artista, porque soñaba, y era un constructor, un escultor de utopías. Él, definitivamente, creía fervientemente en las mismas. "Qué te parece si hiciera esto o lo otro", decía, cuando la vida se le escapaba pero aún así, continuaba soñando. 

Si algo nos dejó como herencia, fue esa: la eterna capacidad de soñar y esencialmente la de perseverar. Era un laburante, además, de tiempo completo. Se colocaba su eterna ropa de grafa y se subía en algunos de los camiones, sin calefacción, sin aire acondicionado, marchando apenas a 60 kilómetros, esos que manejaba, y allí salía. Nunca la tuvo fácil, no señor. Pero aún así, seguía y seguía, soñando y construyendo utopías.

Debió remar en contra de la corriente en ríos de la vida demasiados turbulentos, pero sin embargo siempre tomaba los remos, sorteaba los rápidos, y proseguía, sin naufragar para llegar como fuera a la orilla. Siempre encontraba esa costa, ese lugar al que llegar y aferrarse, porque sus remos y su salvavidas, eran los sueños.

Héroes de verdad

De chico, tenía muchos héroes, claro: Batman, Superman, no sé, tantos. Cuando pasaron los años, concluí que eran héroes de la imaginación, esos que lógicamente llevamos de pequeños, y caí en la cuenta de que en mi vida, el verdadero héroe era mi viejo, y al que, tal vez, no le había rendido un tributo merecido. 

No llevaba capas ni trajes especiales, sino, como lo señalé, su eterna ropa de grafa; y su vehículo especial, era el camión que manejaba. Sus misiones tenían como escenarios las extensas rutas y su objetivo, no era salvar al mundo (aunque, si hubiera podido, lo habría hecho), sino llegar a su hogar, para abrazar. Abrazarnos.

Mi viejo, era y sigue siendo mi héroe. Y en la medida en que pasa el tiempo, lo es aún más. En sus últimos años, de alguna manera, se lo hice conocer, no diciéndole "che viejo, ¿vos sabés que sos mi héroe?", sino de otra manera. Tal vez debería haberlo hecho, así, con esas palabras, pero a mí manera, se lo hice conocer, claro.

Estas palabras, en el recuerdo de mi viejo, de "el Aldo", ese constructor de utopías, son un homenaje, no solamente para él que, como lo señalé, nunca se marchó, porque siempre está más presente que nunca. Es también un homenaje para todos los padres, los que están y los que se marcharon, pero nunca se fueron.

Puede, seguramente, que muchos y muchas encuentran en sus padres valores similares, paralelismos, aunque las experiencias de vida son intransferibles. Es por ello que este escrito es autorreferencial. Mi viejo, como sin dudas millones de padres, nunca se marchó. 

Feliz Día del Padre.

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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