Un título y una viñeta que se reiteran en cada 1 de Mayo

Opinión 01 de mayo de 2022 Por Fabián Menichetti
"El trabajo es Salud". Es real, siempre y cuando sea un trabajo digno. La viñeta con una pregunta de la entrañable Mafalda, lo grafica muy bien.
Mafalda Trabajo
El trabajo es salud, cuando es un trabajo digno (Vineta; Mafalda de Quino)

Siempre, reiterativa, la misma frase, en este sitio para cada 1 de Mayo, y la misma viñeta que acompaña a esta columna. Nunca pierde vigencia, ni el título, ni tampoco la viñeta.

"El Trabajo es Salud, siempre que sea un trabajo digno", señala el titular. Mafalda, la entrañable Mafalda, creación de Quino, mirando un cártel que advierte: "Prohibido pisar el césped", y esa nena que ha marcado con su interpelación social a generaciones, preguntándose: "¿Y la dignidad, no?

Mafalda, puede que en la creación de aquella viñeta, aluda a la dignidad en diferentes facetas de la vida, aunque en esta ocasión, bien vale el interrogante para plantearlo especialmente en el Día de los Trabajadores.

Entiéndase que en Argentina y en muchos países, el 1 de Mayo es el Día de los Trabajadores. Se adoptó con los años, como "Día del Trabajo", pero en realidad, en nuestro país y en otros es el "Día de los Trabajadores".

Se conmemora esta fecha por lo sucedido en los Estados Unidos, con los denominados Mártires de Chicago, cuando luego de que se iniciara un 1 de mayo de 1886 una huelga de quienes reclamaban la reducción de la jornada laboral a ocho horas, se producían revueltas. 

Las mismas, devendrían en un juicio, impulsado por sectores del poder económico y cierta prensa, que luego de las revueltas, con un número indeterminado de obreros muertos, sindicalistas y anarquistas, al estallar un artefacto explosivo, impulsaban la realización de un juicio, sin respetar ningún proceso penal.

En el mismo eran acusados 31 de quienes habían reclamado, siendo condenados ocho, tres a diferentes penas, cinco a la horca. Si bien el gobierno había aceptado, tras la huelga de miles en el país, que se redujera la jornada laboral a ocho horas, una fábrica en Chicago seguía funcionando, con "rompehuelgas".

Fue el comienzo de todo. Allí se estableció una batalla campal entre quienes defendían los derechos laborales, y quienes le daban impulso a esa fábrica, en su condición de acudir al trabajo, sin defender sus derechos laborales. Luego de tres días con revueltas, en donde un número indeterminado de obreros eran asesinados, con una feroz represión de la policía, se llegó al juicio, en donde, como está señalado, fueron condenados.

Los "Mártires de Chicago": Michael Schwab, Louis Lingg, Adolh Fisher, Samuel Fielden, Albert R. Parsons, Hessois Auguste Spies, Oscar Neebe, y George Engel. Uno de ellos, al escuchar su sentencia a muerte, periodista y sindicalista, de origen alemán, decía: "Honorable juez, mi defensa es su propia acusación, mis pretendidos crímenes son su historia (...) Puede sentenciarme, pero al menos que se sepa que en el estado de Illinois ocho hombres fueron sentenciados por no perder la fe en el último triunfo de la libertad y la justicia". 

La paradoja

Paradójicamente, en el país en donde se produjo dicho hecho por el que se conmemora el 1 de Mayo en el resto del mundo, eso no ocurre. En los Estados Unidos, más allá de los memoriales actuales en recuerdo de los Mártires de Chicago, se decidió que no sea el "Día de los Trabajadores", sino el el Labor Day  (Día del Trabajo) el primer lunes de septiembre, conmemorando un desfile realizado el 5 de ese mes en 1882, realizado en Nueva York y organizado por la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo (Knights of Labor, en inglés). 

Tampoco ocurre en Canadá, al menos en América. Se dice que en las naciones de origen anglosajón, se adoptó esa decisión. Con los años, lo que en otras naciones, como Argentina, era el "Día de los Trabajadores", se convirtió en el "Día del Trabajo", como en la potencia del norte, pero conmemorado el 1 de mayo. Aún así, siempre se recuerda que es el "Día de los Trabajadores", y también de las Trabajadoras.

Es el día de descanso ineludible, como así también, el de la reivindicación de los derechos laborales, que fueron conseguidos con luchas históricas. Es la dignidad de la persona que cumple su jornada laboral, por ello lo de "no pisar la dignidad".

El descanso también es un derecho

Las ocho horas que exigían quienes se revelaron en 1886, no eran un capricho: el descanso, es también un derecho que tiene aquella persona que desarrolla una tarea. No sólo lo es percibir un salario digno.

Los hechos lo demuestran con estadísticas en el mundo. Naciones en donde se ha reducido la jornada laboral, son, paradójicamente, para quienes sostienen que una persona debe trabajar todo el tiempo que pueda, o sea más de ocho horas, no importa cuántas más, son los de mayor productividad hora que poseen.

En algunos casos, se ha reducido esa jornada laboral a seis horas y son los que muestran la mejor productividad en el mundo. En los mismos existe un Estado presente, que le garantiza a quien trabaja, no importa si es en relación de dependencia o de manera autogestiva, salud, educación, y otros beneficios.

Y, por supuesto, sus economías, les aseguran a las trabajadoras y trabajadores, un ingreso que les permite vivir sin urgencias para llegar a fin de mes. Una persona, rendirá mucho más, si no está pensando cuando desarrolla su tarea en cómo hacer, ya no sólo para llegar a fin de mes para pagar los servicios, sino para asegurar la canasta básica alimentaria para su familia. Hay un escenario actual en nuestro país, complejo.

El escenario es diferente, al menos en Argentina, al que se vivía hace lustros: hay millones de personas que trabajan percibiendo un salario mensual, que se encuentran como registradas en el mercado laboral formalmente, pero hay millones (lo reveló la pandemia con el IFE) que están en el mercado laboral informal. 

Y hay personas, que llevan adelante sus emprendimientos autogestivos, inscriptas como "monotributistas", que también son millones o en una situación de precariedad laboral. En todos los casos, el derecho al descanso, a un ingreso mensual digno, a la salud y educación, es lo que no está asegurado con una inflación disparada, sin olvidar, claro, que más allá de la actual coyuntura, post pandemia y con una guerra que trastocó todo, esto no comenzó ayer, sino que es el resultado, también, de una enorme deuda externa que condiciona al país.

La memoria corta, lamentablemente, goza de muy buena salud en el país, ayudada esa falta de recuerdos de lo que sucedió ayer, nada más, por los operadores de los grandes medios de comunicación, amanuenses y voceros del poder real, que ganó como nunca, mientras millones perdían como nunca también, no sólo en Argentina.

Los indicadores macroeconómicos suenan muy bien, pero la famosa "teoría del derrame", en donde los sectores  que más han ganado derramarían hacia quienes ganan poco, postulada por los impulsores y economistas que defienden esa teoría que siempre se ha quedado en una teoría: los de abajo siguen esperando ese derrame.

No se trata de "derrame", en todo caso, sino de la distribución, en donde sí tienen que estar las herramientas estatales. Se trata de la puja distributiva. No es que todos deben ser iguales, sino menos desiguales. 

Distribución del Ingreso

Señala el Observatorio Económico Social de la Universidad Nacional de Rosario: La Distribución del Ingreso, es un indicador económico global que muestra la relación entre la población y el ingreso nacional en un periodo determinado de tiempo. Muestra la forma en que se distribuye el ingreso nacional entre los diferentes factores de la producción (tierra, trabajo, capital y organización).

Recuerda: Tradicionalmente se ha considerado la redistribución de la renta como uno de los objetivos principales de la política económica. En este sentido, los poderes públicos deben intentar lograr que se satisfagan las necesidades más elementales de aquellos sectores que perciben los ingresos más bajos, logrando de este modo una disminución de las desigualdades entre los perceptores de rentas altas y los de rentas bajas.

No se planteará aquí cuál ha sido la Distribución del Ingreso histórica en el país, sobre lo que existen muchos trabajos realizados por especialistas, pero ciertamente la brecha entre los deciles de quienes más y menos reciben se agrandó en los últimos años. Y no es que unos trabajan menos y otros trabajan más: en muchos casos (muchísimos) quienes menos reciben, trabajan mucho más que quienes más reciben. No son necesarias estadísticas.

Trabajadores y trabajadoras

Todas las personas en el país, en relación de dependencia, con emprendimientos particulares, autogestivos/as, en el mercado formal e informal del trabajo, son en conclusión trabajadores/as. Aún, claro, quienes se encuentran desocupados/as, por supuesto que también lo son. Y en cada 1 de mayo es bueno recordarlo.

Corría 2018 y el muchacho, de no más de 30 años, estaba sentado junto a la periodista en un banco, ubicado en el medio de la panadería. La cronista llevaba en sus manos una factura de servicios. Transcurrían los primeros meses de aquel año. No se percibía una diferencia entre el muchacho y quienes estaban atendiendo. Seguramente cuando terminara de ser entrevistado, se levantaría y correría a trabajar con quienes atendían.

Hablaba de los servicios, del aumento que había experimentado la energía, y de lo que esperaba con el gas. Sucedía en La Plata. Sí, allí también había aumentado la energía y el gas natural que, además, se preveía, llegaría con otro incremento, como finalmente sucedía. El muchacho consideraba que esa cifra, la de la factura de energía, la del gas, que en marzo había llegado con aumento, y que en breve llegaría con otro, como si no fuera suficiente, eran costos muy elevados. Esos, para ese emprendedor y comerciante, además de los insumos, eran los costos. No consideraba "costos" a los salarios de quienes atendían. 

La periodista le preguntaba cómo haría para sostener el negocio. El joven respondía: "Aguantar hasta dónde se pueda". La cronista insistía: "Tendrá que achicar otros gastos". El muchacho expresaba: "Sí, seguramente, pero lo último que tocaré será a los trabajadores de esta panadería, porque detrás de ellos hay sueños, hay historias, hay familias". Y reforzaba: "Con ellos nos juntamos, nos vemos a diario, no son números".

"El Estado debe estar para cuidarnos a nosotros; a quienes generamos trabajo, más del 80 por ciento de las Pymes en el país, y a los trabajadores, que deben ganar lo que corresponde, porque ellos también compran, son clientes, ¿se comprende? Si les va mal a ellos me val a mí; y si me va mal a mí, les va mal a ellos", concluía.

Terminaba la entrevista. El joven se levantaba. La cámara mostraba como continuaban atendiendo. Y junto a sus compañeros y compañeras, que eran empleados y empleadas de la firma, el muchacho trabajaba con ellos y ellas, sin ser empleado de la firma. Eran y son trabajadores. No, no todo comenzó ayer, con la pandemia solamente.

Hoy, lo que estaba solicitando aquel muchacho, más Estado, y su intervención en un contexto económico y social sin precedentes, por el motivo en que se generó y no solo en el país, sino en el mundo, es acompañado por pequeñas y medianas empresas, por quienes trabajan autogestionados o en relación de dependencia.

Un país no es una empresa. En una empresa, se corre un número, y ya está. En un Estado, se corre un número, y millones de personas se quedan afuera. Umberto Eco decía que la estadística es la ciencia según la cual, cuando un hombre come dos pollos y otro no come ninguno, dos hombres comieron un pollo cada uno. Cada vez más pollos, son comidos por menos personas, mientras la mayoría no accede ni siquiera a la pata muslo.

Si bien existe una remota frase, una máxima, que indica: "El trabajo es salud", en miles de casos, eso no se cumple. El trabajo es salud, o será salud, si cualquier trabajador, en relación de dependencia, autogestivo, emprendedor, a partir de su trabajo, puede disfrutar de una mejor calidad y un mejor nivel de vida.

El trabajo, no observado cuantitativamente, sino cualitativamente, es salud, no solo física, sino mental y espiritualmente, cuando este ofrece un buen ingreso, el acceso a la educación y la salud (que debe garantizar además el Estado) y sí, también el derecho al descanso.

El trabajo dignifica, claro, pero esa dignidad surge de una tarea que le otorgue como retribución a quien la desarrolla lo mínimo e indispensable para vivir, no para sobrevivir. Si eso no se cumple, no es trabajo, sino trabajo disfrazado de la nueva esclavitud del siglo 21, de alguien o del propio sistema imperante, que también esclaviza.

Feliz Día de los Trabajadores a quienes leen y ojalá que el devenir sea más digno.

Se lo merecen. Nos lo merecemos.

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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