El centralismo y el traslado de la capital que nunca llegó

Informes 17 de abril de 2022 Por Redacción Tercer Río Noticias
Un 15 de abril se presentaba en la presidencia de Raúl Alfonsín el "Plan para una Segunda República Argentina". Proponía el traslado de la capital del país.
Centralismos (2)
El centralismo en Argentina está demasiado vigente

El centralismo, sin dudas, puede ser, al menos en la Argentina (y es lo que sucede), nacional y provincial. El sueño de un país federal está pendiente. Desde hace tiempo, décadas, siempre se analizó la alternativa de trasladar, por caso, la Capital Federal, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a otro distrito que no fuera el puerto.

Sin embargo esa iniciativa no prosperó. La capital del país, siguió siendo la de siempre: el puerto que desde tiempos históricos lo concentró todo. El país, inclusive irradió su sistema ferroviario hacia un sólo punto: la actual ciudad de Buenos Aires. Las rutas confluyeron hacia un nudo central, el mismo conglomerado.

La migración, fronteras adentro. se produjo, desde diferentes lugares del país, hacia ese lugar. Y así, casi la mitad de la población argentina, actualmente se encuentra en la zona del AMBA (Área Metropolitana de Buenos Aires).

Con los años, fueron diferentes iniciativas para trasladar la capital a otro sitio, logrando un descentralización. Uno fue planteado con la democracia recién recuperada, pero no prosperó. Estuvo la iniciativa en su momento, como se apreciará, en los albores de la democracia recuperada, durante el Gobierno de Raúl Alfonsín, de trasladar la capital a la Patagonia. La última gestión de Cristina Fernández de Kirchner, apoyó públicamente la idea que tenía el entonces presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez (Ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca) , de trasladar la capital al norte del país.

Centralismo en todo

La Patagonia, despoblada, continúa estando despoblada; el norte postergado, ese en donde se libraron las grandes luchas de la independencia de las Provincias Unidades del Río de la Plata, luego la Argentina, sigue estando postergado. El centralismo, tuvo su efecto poblacional, económico, y sí, también mediático. 

Resulta incomprensible, que ese centralismo se refleje, inclusive, en el deporte más popular de los argentinos: el fútbol. En cualquier país, cada región o estado, tiene a sus equipos. Los hinchas, son hinchas de esos clubes, que se identifican con sus sitios de residencia, o al menos, están en los lugares más cercanos de donde viven.

Hay ejemplos, como Brasil o España. A nadie que viva en Río de Janeiro, se le ocurriría ser hincha del Cruzeiro de Bello Horizonte. A nadie que viva en Barcelona se le ocurriría ser hincha del Real Madrid, y a la inversa, a nadie que resida o haya nacido en Madrid, se le ocurriría ser hincha del Barcelona. Tal vez en la Argentina, existan excepciones, como Rosario, Córdoba y capitales de provincia. No obstante, aún en las mismas, como por ejemplo Córdoba, a un pequeño se le pregunta por qué equipo simpatiza, y la respuesta es doble: Talleres y River o Boca (en ese orden) o Belgrano y Boca o River (en ese orden). 

En lo mediático, no es diferente. La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, en vigencia, pero con artículos derogados en su momento por el gobierno de Mauricio Macri, planteaba una federalización, que hoy llevan adelante las emisoras, periódicos y portales digitales, ubicados en el interior del interior, aunque no es suficiente. Lo que llega desde la gran capital (o grandes capitales), se replica. Marca la agenda informativa y periodística en el resto del país. Radios, diarios y portales, se ciñen a esa agenda.

El monopolio de la información, está concentrado en pocos grupos. Uno de ellos, por ejemplo, es dueño de decenas de radios, canales de televisión y grandes diarios los que, a su vez, poseen portales digitales visitados por millones de personas. No es el único caso. Son muchos los medios con sede central en la capital del país.

Si bien poseen "sucursales" en capitales de provincias y repetidoras, como está señalado, la agenda informativa es que la llega desde el puerto, esa que se diseña en las redacciones de los medios ubicados allí. No es extraño encontrar un titular en un portal cordobés, que sea exactamente el mismo con el que se tituló una nota en Buenos Aires. 

Muestra de ese centralismo mediático, es el tiempo en la televisión: quien viva en cualquier lugar, al recorrer los canales de noticias, tendrá una temperatura y un pronóstico exclusivamente para ese conglomerado de Argentina. Cuando se alude al distrito con más habitantes, se indica "en provincia", sin el "Buenos Aires". Quien viva en el centro, norte, sur, este u oeste, deberá entender, claro, que se trata de "Provincia de Buenos Aires".

Se brindan noticias, por caso, de los problemas con formaciones ferroviarias de pasajeros en el AMBA, cuando en la mayoría del territorio nacional, con algo de suerte, se puede observar una columna de vagones de carga. En la mayoría de los pueblos y ciudades los trenes de pasajeros dejaron de pasar hace tiempo y son un recuerdo casi difuso.

Tampoco es extraño que las placas que surgen de repente con "alerta" o "último momento", al ser ampliada esa información, refiera a un corte de calles, o a un incidente sin más trascendencia que el interés que puede despertar en quienes residen en el AMBA. A nadie le interesa en el resto del país si se aflojó un baldosón junto al Obelisco.  

Un centralismo de siglos

En el contexto histórico de los albores de Argentina, con las sangrientas guerras civiles, se ha hecho una reducción entre Unitarios y Federales casi binaria y simplista, cuando es mucho más complejo. Se formula, por caso, con la Revolución de Mayo. Personalidades como la de Mariano Moreno, plantearon una unidad, porque era necesaria en ese momento para lograr la independencia del Reino de España, algo que se pudo lograr.

Señala un trabajo de Fabián Herrero: (...) Es conocido que la primera administración revolucionaria configura una estrategia de poder diferente. La idea de instaurar un poder fuertemente centralizado en la ciudad capital en donde se origina la revolución, y cuyo propósito sobresaliente es una conducción política que promueva y difunda los ideales y principios revolucionarios al resto de las provincias que comprenden el Río de la Plata (...)

Logrado ese objetivo, pasado 1820, esa primera etapa sería aprovechada por las elites porteñas para una segunda, intentando imponer un gobierno centralista que mantuviera subordinadas a las provincias (unitarismo, ya degenerado en centralismo), de Carlos de Alvear, Bernardino Rivadavia, Obes y Bartolomé Mitre.

Gabriel Bustos Herrera, en una columna del diario Los Andes de Mendoza en el año 2002, escribía sobre el contexto histórico de dicho centralismo: Horas después de la batalla, los vencidos se convirtieron en los vencedores. El combate junto al arroyo de Pavón, cerca de Rosario, fue victoria para las tropas de Urquiza, líder de la Confederación. Sin embargo en aquella misma mañana de 1861, los vencidos de Mitre y en nombre de Buenos Aires, modelaron el país, como si hubieran impuesto sus armas en el campo de la guerra (....)

Proseguía: Pese a que, en 1852, Urquiza había derrotado a Rosas en Caseros y Alberdi había parido una Constitución republicana y federal, los vencidos gestaron el centralismo político porteño-bonaerense y la discrecionalidad en el manejo de los recursos. Es pasado fundante. Y presente.

El proyecto que no fue...

El conocido como "Proyecto Patagonia y Capital" fue un plan elaborado en 1986 durante el gobierno de Raúl Alfonsín. Era anunciado un 15 de abril, hizo hace poco exactamente 36 años. Nunca tuvo curso y aún aguarda.

El presidente de la democracia recuperada planteaba trasladar la Capital Federal a Viedma - Carmén de Patagones. La primera es la ciudad capital de Río Negro. La segunda es la más austral de Buenos Aires.

Los objetivos: descentralizar y desburocratizar el poder político y separarlo del poder económico del país, ambos excesivamente concentrados en el Gran Buenos Aires; solucionar el problema demográfico argentino; desarrollar inversiones económicas en el interior; y dar inicio a una nueva revalorización del Estado Federal.

El proyecto era parte de uno más amplio: el "Plan para una Segunda República Argentina". Contemplaba, además, la creación de la "Provincia del Río de la Plata" que unificaría el Gran Buenos Aires con la Ciudad de Buenos Aires, la reforma de la Constitución Nacional para abandonar el sistema presidencialista y adoptar el semiparlamentarismo, la provincialización del Territorio Nacional de Tierra del Fuego, reformar el Poder Judicial (algo aún pendiente), y realizar una reforma administrativa del Estado.

El 13 de abril de 1986, el diario Clarín publicaba en su tapa que el Gobierno iba a trasladar la Capital Federal a Viedma, rompiendo el secreto del proyecto gestado por el Poder Ejecutivo Nacional desde febrero. Esto obligó a que se aceleraran los tiempos y dos días después el proyecto era anunciado por Cadena Nacional.

El 21 de julio de 1987, a través del decreto 1156, la Comisión Técnica Asesora en Problemas Urbanísticos, Arquitectónicos y Ambientales era disuelta y su estructura administrativa se transformaba en el Ente para la Construcción de la Nueva Capital - Empresa del Estado (ENTECAP), a imitación del NOVACAP, organismo brasileño que en los años cincuenta del siglo 20 erigía la ciudad de Brasilia y su nuevo Distrito Federal.

No era una casualidad que el lugar a desarrollar fuera la Patagonia. Se trata del sitio más despoblado de la Argentina (habitantes por km2), posee las reservas de agua dulce más importantes del continente, petróleo, y  una gran extensión de costas en el Atlántico. Luego del conflicto por el Beagle y de la Guerra de Malvinas, se colocó el énfasis aún más en ello. De hecho las Malvinas son una extensión precisamente de la Patagonia. Aquel proyecto, además, contemplaba un plan de radicación de empresas en la zona con ventajas impositivas.

La capital del país sigue siendo el puerto del Plata y vastas extensiones de tierras y algún lago escondido han sido comprados por extranjeros en la Patagonia. El propósito de poblarla, sigue siendo aún un propósito.

Muchos sostienen que el fracaso del proyecto no se debió principalmente a la crisis económica, como se argumenta generalmente para justificar su cancelación, sino por la  presión de los medios de comunicación porteños y de los sectores ligados a los intereses políticos y económicos de la ciudad de Buenos Aires. 

En un primer momento los diarios Clarín y La Nación, los principales del país, acompañaron y apoyaron el traslado pero, al cabo de un tiempo, se alinearon con los opositores al mismo, que lo tildaban de "costosísimo", "faraónico" e "innecesario". Sostenían que el traslado de la capital traería más perjuicios que beneficios al país.

Las encuestas previas realizadas no demostraban demasiado interés en la población por dicho proyecto. Cuando fue anunciado, el plan contó con un amplio consenso en la población. El gobierno hizo ingresar el anteproyecto de ley por el Senado. Ahí obtuvo aprobación. En diputados la victoria fue aplastante. La oposición se mostró cautelosa. Álvaro Alsogaray fue un férreo opositor por entender que toda la operación era demasiado costosa.

El proyecto fue anulado por el gobierno de Carlos Menem. Muchos son los que siguen sosteniendo la necesidad de trasladar la Capital Federal fuera de la ciudad de Buenos Aires. En la década del noventa la idea del traslado prácticamente fue olvidada por la clase política, el periodismo y la opinión pública, pero en años recientes ha habido un renacer de la idea del traslado de la Capital y del Proyecto Patagonia, mencionándoselo en diversos artículos periodísticos y mediante la presentación de diversos proyectos de ley. 

Un proyecto rescatando aquel proyecto

En 2019, por ejemplo, se presentó uno en el Congreso de la Nación, rescatando aquella iniciativa. El firmante, Alejandro Ramos (PJ), legislador de Santa Fe. Entre otros conceptos señalaba: (...) planteamos que un país de la extensión de Argentina necesita modificar situaciones de vulnerabilidad geográfica, o sea una mejor distribución poblacional, mejorar su ecuación de riqueza, es decir de radicación de industrias y su distribución, y no concentrarla en un solo espacio lo que hace que un país que debería ser federal y dinámico se convierta en elefantiásico y centralizado.

Proseguía: Abundar sobre las bondades de esta región como su vecindad con el mar, con la diversidad de climas del sur argentino quizás no sea necesario, esto es conocido por todos. El marco del proyecto es ideológico y federal, y reconoce los problemas de concentrar las decisiones económicas propias de una ciudad-puerto importante y muy poblada que sesga las tensiones propias de la gestión administrativa de un gobierno, y centraliza las políticas del Estado Nacional.

El legislador santafesino, planteaba ejemplos en su proyecto: Este proceso de descentralizar puertos y centros económicos, del espacio geográfico de las decisiones políticas y administrativas lo podemos observar claramente en países que funcionan y bien. Por ejemplo Australia (cuya capital Canberra y su puerto principal y centro económico Sydney); Canadá (cuya capital es Otawa y su principal puerto el de Vancouver); Estados Unidos (cuya capital es Washington y su puerto principal puerto es el de Nueva York y también ocupa un papel muy importante el de los Ángeles); Holanda (cuya capital es Ámsterdam y su principal puerto es el de Rotterdam); y los ejemplos más cercanos son los de Barsil (cuya capital es Brasilia y su puerto principal el Puerto de Santos en San Pablo); y Chile (cuya capital es Santiago de Chile y su principal puerto el de Valparaíso) por nombrar algunos .

Proseguía: Con el fin de dar inicio a este traspaso que logre que la actual Capital del país deje de ser una concentración del poder político, económico y judicial, debe comenzarse con el traslado del Parlamento, en los próximos 12 meses, para así descomprimir la Ciudad de Buenos Aires y potenciar el desarrollo federal de nuestro país.

Los art. 45 y 129 de la Constitución Nacional reformada en el 94 contemplan la posibilidad del traspaso de la capital federal, fuera del ámbito del Provincia de Buenos Aires, y si bien hay numerosos proyectos que receptan esta cuestión no se ha permitido al respecto un debate amplio que logre el consenso para su traslado, lo cual en la actualidad es perfectamente viable, pudiendo en principio hacerse efectivo el traslado del parlamento, y con posterioridad en distintas etapas completarse el traslado de todo el ámbito de la actual Capital a las ciudades de Carmen de Patagones, Viedma y Guardia Mitre.

Y concluía: Como también la Constitución de Río Negro, modificada en 1988, sostiene en un su artículo 11 que “Viedma es la capital de la Provincia”, pero dejará de serlo “cuando se efectivice el traslado de las autoridades nacionales al nuevo Distrito Federal”.

No fue el único dirigente o legislador que se pronunció en igual sentido. Desde principios del siglo XXI, no han sido pocos quienes han planteado la necesidad de hacerlo, descentralizar un país concentrado en un sólo lugar.

A 36 años de aquel proyecto, el centralismo en Argentina goza de muy buena salud.

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