Día del Inventor: "Quería que el bolígrafo llegara a todas las personas"

Había nacido en Hungría y a mediados del siglo 20 llegó a la Argentina. En el país produjo su invento más conocido, el bolígrafo, con la marca comercial de "birome". No fue lo único que brindó el inventor e innovador Ladislado Biró. El recuerdo de su hija, en una entrevista que realizó este sitio de noticias en 2018.
Biró Birome1
Biró, el hombre que soñó y concretó un invento para todas las personas

"Mi padre quería que su invento, el bolígrafo, llegara a todas las personas". Así lo señalaba Mariana, hija de Ladislao Biró, en una entrevista realizada por Tercer Río Noticias y Mestiza Rock en 2018. Todos los 29 de septiembre se celebra el día del inventor en la Argentina, en recuerdo del nacimiento de aquel hombre.

Hoy, el bolígrafo o "birome", que utilizamos a diario, es producto de la inventiva de quien era un periodista nacido en Hungría. Ya cansado de que las lapiceras de fuente mancharan las hojas, decidía innovar, imaginar, como solucionar el problema. Allí nació de su inventiva el bolígrafo. Pero aquel hombre inquieto que llegó con su invento al país que adoptó como propio, no solo hizo nacer a dicho elemento.

Afable, Mariana, única hija de Ladislao, recordaba en aquella entrevista: "Es verdad que el bolígrafo es el invento más popular, pero mi padre tuvo muchos otros". Y agregaba que la Argentina es una nación pródiga en inventores. "Creo que es una de las pocas estadísticas que nos coloca bien alto, es que estamos en el puesto número 14 de inventores per cápita en el mundo". Mariana fundó la Fundación Biró. La misma tiene una escuela que precisamente persigue despertar el interés por innovar de las alumnas y alumnos.

Docente de profesión, es la responsable de la Escuela del Sol, que fundó con su esposo, Francis Sweet. Allí, en ese establecimiento, también funciona, explicaba, una "escuelita" de inventores, a la que concurren los niños los sábados. "En la escuela tenemos un programa, el 'Inventar', en el mes de septiembre". El 29 del mes, desde el año 1990, se celebra en la Argentina el Día del Inventor, fecha en la que nació su padre.

Nacido por otro invento

Ladislao Biró, tal vez no hubiera sido quien fue, de no haber existido la inventiva y el amor de su madre (la abuela de Mariana) para que pudiera vivir. Fue en 1899 cuando nació en Hungría, con menos de dos kilogramos de peso. El médico le dijo a la madre que no sobreviviría. "Mi abuela forró una caja de zapatos con algodón, puso al bebé adentro y encendió una lámpara para calentarlo", explicaba Mariana. No sólo que sobrevivió, sino que vivió sano y fuerte hasta los 86 años, siempre inventando, soñando y compartiendo.

Consultada si su abuela, entonces, sería la inventora de la incubadora actual, sonreía en la entrevista y respondía: "Fue una incubadora artesanal, por decirlo de alguna manera". 

En la página de la Fundación Biró, Mariana, señala sobre su padre: Quizás porque tuvo que luchar por su vida, nunca fue convencional. Se salteaba la escuela cuando podía sólo porque quería averiguar las cosas por su cuenta. Era un hombre culto que estudiaba con profundidad lo que le interesaba. Adquirió conocimientos sobre sus muchos intereses, entre ellos todo lo estudiable sobre las hormigas: cómo vivían y cómo se comportaban; le fascinaba su organización social. Así pasó muchas noches observándolas en el jardín, con gran desesperación de mi madre, ya que las hormigas le comían sus amadas plantas.

El bolígrafo

"Él estaba experimentando con el bolígrafo porque era periodista y cuando hacía algún tipo de entrevista, la lapicera fuente perdía o no escribía. Como trabajaba en un diario, veía como el rodillo imprimía sobre el papel las letras y estas eran absorbidas; él decía que ese sistema debía hacerse pero más chico, para el tamaño de la mano", explicaba. Y agregaba: "Como no podía ser un rodillo, pensó en una esfera (...) fue una idea, pero entre una idea y un invento que realmente comience a producirse, pasan generalmente seis años". Ampliaba que es un proceso, que no se hace de un momento para otro. "Es mucho trabajo", decía.

Pero, ¿por qué Ladislao, con su familia decidió emigrar de Europa a la Argentina? "La primera patente del bolígrafo está en Hungría, en el '38; pero después lo patentó en Suiza y en Francia, en donde lo iban a producir, fuimos a París, a vivir, pero como durante la guerra Alemania invadió Francia, nosotros nos volvimos a Hungría; él se quedó (...) continuó experimentando", señalaba Mariana. Unos años antes, el inventor, se había encontrado en una playa con quien había sido presidente argentino, Agustín Justo.

"Él no sabía que era el presidente (...), se interesó en esa cosa rara con la que mi padre escribía y le dijo que si en alguna oportunidad quería producirla en la Argentina, lo iba a ayudar, pero mi padre se olvidó de eso", rememoraba. Luego, un grupo de húngaros, argentinos e ingleses, que vivían aquí, en el país, observaron en algún lugar aquella "lapicera extraña" y le ofrecieron a Ladislao llegar a Argentina, para fabricarla.

"Fue así, que con su amigo Juan Jorge Meynes, puso la primera fábrica", rememoraba Mariana. Nacía la "birome", conjunción de ambos apellidos y que en el vocabulario popular así se conoció, hasta hoy, para denominar al bolígrafo, el primero de todos. "Un año después vinimos mi abuela, el hermano de mi padre, y yo, que cuando cumplí los 18 años me pude nacionalizar argentina, y lo hizo toda mi familia", agregaba.

Los primeros modelos eran con capuchones, como se presentan aún, pero luego fue el inventor también del sistema retráctil, que tomaron diferentes bolígrafos. Las primeras bolillas eran artesanales, confeccionadas a mano. "Las hacían unos relojeros, que por supuesto tenían la lupa y con una pinza colocaban cada bolillita en el cuerpo de la lapicera", explicaba Mariana en aquella nota. "Llegaron a hacer una cifra maravillosa de 500 (esferas) por día, pero mi padre vio que se necesitaba algo más e inventó la máquina para hacerlas". 

También el lavarropas y una caja de cambios automática

Se puede atribuir a Biró, además, la invención del lavarropas. Fue en Hungría, por una cuestión funcional para su propio hogar. "Creó una máquina de lavar que funcionaba con la fuerza de una cocina económica; sacaba la energía de allí", indica la mujer. "Él inventó un lavarropas, no sé si habrá existido otro en el mundo en el año '36, pero ese fue el suyo y lo patentó en Hungría", recordaba Mariana en la entrevista.

Aquel que llegó con su pasión por inventar a la Argentina, no descansaba. Fue así, que ya había diseñado la primera caja de cambios automática para vehículos. Obtuvo la patente, que fue comprada por la General Motors, pero el gigante automotor, no hizo lo que pretendía. "Pensó que había hecho un buen arreglo, pero ocurrió que General Motors la compró para no hacerla, porque tenía ya ensambladas una cantidad de otros modelos para vender; la compró pero no la usó, lo hizo años después", recordaba la hija del inventor.

Sustos, su madre, los sueños y la realidad

En ocasiones, sus experimentos, buscando algún nuevo invento, les proporcionaron un susto a la familia. Recordaba su hija que sucedió cuando intentaba obtener plástico del maíz. "Además de tener a varios laboratorios trabajando, le gustaba experimentar en casa (...) en un momento logró sacar plástico del maíz (...), puso a hervir varios choclos en ollas a presión", recuerda su hija. Ocurrió que uno de los recipientes quedó en el fuego, estallando. "Explotaron los vidrios, eso fue lo que pasó, y creo que tendría que ser más famosa mi madre que mi padre, porque soportó todo eso con mucho cariño". 

Su madre, decía Mariana en esa entrevista, había estudiado arte, pintaba y dibujaba, aunque para la familia era también la que representaba la conexión con la realidad, más allá de los sueños de su esposo. "Era una persona práctica, si una plancha no funcionaba en la casa, no se le podía pedir a mi padre que la arreglara, porque no tenía la menor idea de como hacerlo, pero mi mamá sí, ella la reparaba", rememoraba.

"Era nuestro cable a tierra, porque mi papá tenía muchas ideas interesantes, conversábamos muchísimo y volábamos por todas partes, y ella nos bajaba a la tierra", recordando que le decía a su madre, mientras soñaban con su padre: "Mamá, no me cuentes la realidad, que siempre está, dejános soñar".

El sueño siguió y llegó el "perfumero a bolilla"

Mariana, se confesaba en la entrevista realizada hace ya tres años, una apasionada por la ciudad de Nueva York, en donde vivió una experiencia particular, siempre con su padre en 1946. Ladislao había inventando un perfumero con el mismo principio que el de la birome. Él hablaba varios idiomas, pero no el inglés. Mariana sí, hablaba castellano e inglés. Habían viajado a la denominada "capital del mundo" por el nuevo invento. "Le llamaban 'la joya que perfuma'", recordaba. 

Era una adolescente de 14 años, cuando en la gran ciudad estadounidense, le preguntó a su padre qué hacía, ya que se encontraba concentrado en su invento. "Y bueno, andá a pasear", le respondió. Mariana le indicó que podía perderse, pero Ladislao, con lógica, le otorgó la fórmula para que eso no sucediera. "No podés perderte, porque hablás inglés, además acá las calles y las avenidas están numeradas, bajá, fijáte en la esquina los números y volvé a la misma esquina", le señaló. Y así lo hizo. "Comencé a caminar por Nueva York, en donde estuvimos un mes, y quiero decir que casi es mi segunda ciudad, porque desde allí en adelante, fui varias veces, la conozco muy bien, la caminé mucho".

Si bien el desodorante a bolilla no es un invento de su padre, se basó en el mismo principio, como muchos elementos. "El desodorante vino ahora, recientemente, pero comenzaron a surgir muchas cosas a bolilla; él tenía patentado el perfumero", expresaba en la nota. Y amplía: "Una patente, en general, protege al inventor entre 15 y 20 años, después es de dominio público, y está muy bien que así sea". 

El país de la "Yapa"

Consultada sobre lo que le proporcionó a la familia Biró la Argentina, en contraprestación por lo que su padre le brindó al país, y ahora, con la escuela, despertando la inventiva, expresaba: "Primero fue una bienvenida en donde nadie nos preguntó nada, uno podía vivir libremente, en donde quisiera, elegir en que trabajar, un país amable, la gente en la ciudad tenía tiempo, como ahora ocurre en las provincias, en donde la gente tiene tiempo de preguntar cómo está uno; en la capital ya no es así".  

"Mi padre le decía 'el país de la yapa", porque uno pedía un kilo de azúcar, y además de ese cucharón de madera que existía, te ponían otro, 'la yapa', y la verdad que sigue siendo un país de gente muy linda, el argentino es solidario, no es comunitario, seamos realistas, pero es muy amable y muy receptor", analizaba.

Los niños y el "nosotros"

Sobre la escuela que fundaron con su familia, que se encuentra en el barrio de Colegiales, en Buenos Aires, decía: "Es la única escuela que tiene a la inventiva como valor cultural; para nosotros es importante, no por aquello de que los chicos puedan inventar, sino porque aprenden a pensar y no les importa tanto que los juzguen; un invento es algo tan nuevo, que nadie les puede decir si está bien o está mal; ellos están libres para hacer, y aprovechan eso, le dan rienda suelta a su imaginación. Nos preguntan para qué sirve un invento, y les respondemos, para encontrarle la solución a un problema, para uno y para los demás".

"Para los demás", reforzaba la mujer el diálogo con este medio, hija del legendario inventor. Y agregaba: "Creo que ese 'nosotros', es lo que los chicos tienen que aprender, cuando crecen, que hay un 'nosotros".

Sobre la Argentina y la sociedad de nuestro país, analizaba que "nos tenemos que inventar cada día". "Uno no puede planificar por ejemplo a 20 años (...) se debe ser absolutamente flexible y estar a la altura de los cambios, las circunstancias, lo que nos toca ese día, y sí, los argentinos, tienen una buena mente inventiva", reiteraba. A tres años de aquella entrevista, antes de la pandemia, ese reinventarse, está hoy más vigente.

Un invento para todos

Mariana recordaba que su padre, sobre todas las cosas, era un hombre pacífico y paciente, ese que, por ejemplo, a quienes inventaban y llegaban para consultarlo, les otorgaba el tiempo necesario. Sobre el bolígrafo y el ideal de llegar con su invento a todos, decía en la nota: "Los primeros eran caros, no como ahora, que en una máquina se coloca la materia prima y salen terminados. No existía eso. Era para pocos, y él siempre pensaba que debería ser algo mucho más popular".

La mujer explicaba que Ladislao vendió la patente para que se fabricara en los Estados Unidos, en Inglaterra y en Francia, se la vendió a BIC. "El dueño, Marcel Bich, le prometió que iban a ser modelos tan baratos, que serían descartables, y por suerte mi padre vivió para ver que el bolígrafo pudiera estar en manos de todos", señalaba. "Todos podemos tener un bolígrafo y eso da muchas satisfacciones", agregaba.

"Pensaba que el ser humano debe tener sentimientos sociales hacia el otro (...) para él la mejor forma de gobierno era el socialismo escandinavo, (con el ciudadano) bien protegido por su gobierno y con un buen nivel de vida", rescataba sobre su padre. "Claro que muchos países no lo pueden adoptar, porque los escandinavos son pocos en poco territorio, pero básicamente el sistema funciona", concluía la entrevista.

Como se podrá apreciar en el cierre de aquella entrevista, Ladislao Biró, no solamente fue el inventor de la birome y de otros elementos, sino que en su mente, considerando su preocupación de que el bolígrafo llegara a todas las personas, soñaba, sin dudas, en que se inventara un mundo mejor, en donde no seamos todos iguales, pero no tan desiguales. 

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

Te puede interesar