José de San Martín, el billete que ya no está, su obra y legado

Historia 17/08/2021 Por Fabián Menichetti
En 2019, un billete con el rostro de José de San Martín, el de cinco pesos, dejó circular. Fue reemplazado por una moneda, ya sin su figura. Cada 17 de agosto, se lo recuerda. Es interesante recordar algunos pasajes de su vida y su lucha por la emancipación.
San Martín Plaza
Monumento a San Martín en Río Tercero

"Que el rostro de San Martín esté en un billete de denominación chica, como el de cinco pesos, al igual que Belgrano, en uno de 10, es mejor, porque llega a la mayor cantidad de personas, y está bien que así sea, porque de alguna manera le pertenecen al pueblo, no a tecnócratas que deciden eliminar a las figuras históricas".

La frase, era pronunciada en 2017 por alguien que aludía a un debate sobre por qué José de San Martín o Manuel Belgrano, no estaban en lo billetes de mayor denominación. Claro, que con las sucesivas devaluaciones de la moneda nacional, era obvia la razón por la que habían quedado sus rostros impresos en el papel moneda de más baja denominación. Esto, sin considerar, además, que los nuevos billetes de mayor valor, por una decisión oficial, comenzaban a mostrar animales. Nada en contra de los animales, pero...

Se llegó al extremo, por caso, de eliminar la imagen de las Malvinas, del ARA Belgrano, del cementerio de Darwin, y del Gaucho Rivero, que se encontraban en los billetes de 50 pesos, por una ballena franca austral. Nada en contra de la ballena, pero erradicar del papel moneda algo con un fuerte simbolismo y cercano en la historia, sonaba, por lo menos, a una falta de respeto a lo que había sucedido, no hacía siglos, sino apenas décadas en la Argentina. Qué hubiera pensado, por caso, San Martín, de semejante desatino.

En los billetes, sin animales, que comenzaban a salir de circulación, existían rostros de figuras de la historia argentina, que podían despertar pasiones encontradas, pero, ¿de José de San Martín y Manuel Belgrano, alguien podía esbozar alguna objeción? 

Los pensamientos de San Martín

Si se recorre la historia de José de San Martín, a quien se recuerda cada 17 de agosto, se pueden encontrar aspectos que difieren absolutamente de quienes hoy lo veneran, hipócritamente, porque sus ideas, y esencialmente sus obras, son todo lo contrario a lo que plantean. El cinismo, en ocasiones, no tiene límites.

Nacido en Yapeyú, Corrientes, un 25 de febrero de 1778, cuando la Argentina no era la Argentina, ni siquiera las Provincias Unidas, sino el Virreinato del Río de la Plata, una colonia ibérica, siendo un niño, al emigrar su familia precisamente a España, fue muy poco el tiempo que pasó en esta tierra. En Europa cursó la carrera militar, y luchó a las órdenes de España, destacándose en los regimientos y batallas en las que participó. Eso, no sería, al momento de sentirse parte de un lugar, un impedimento para que decidiera retornar. 

Según lo reseña Felipe Pigna en el sitio El Historiador: El joven José no olvidaba sus orígenes americanos y estaba muy al tanto de los sucesos del Río de la Plata. Al enterarse de los hechos de mayo de 1810, decidió pedir el retiro del ejército español para poner sus conocimientos y experiencia al servicio de la naciente revolución americana (...)

En enero de 1812 San Martín emprendería el regreso a su tierra natal. “Yo serví en el ejército español desde la edad de trece a treinta y cuatro años, hasta el grado de teniente coronel de caballería. En una reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los primeros movimientos de Caracas, Buenos Aires, etc., resolvimos regresar cada uno al país de nuestro nacimiento a fin de prestarle nuestro servicio en la lucha.”

Se le encomendó crear el Regimiento de Granaderos a Caballo, cuya primera victoria, fue en San Lorenzo, junto al Paraná. Por entonces, gobernaba el Primer Triunvirato integrado por Feliciano Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan José Paso. Pero el verdadero poder estaba en manos del secretario de gobierno, Bernardino Rivadavia, quien tomaría luego la primera deuda externa y eterna, en 1824, con la Baring Brothers & Co. 

San Martín se casó con Remedios Escalada. De esa unión, nacería luego Mercedes. En 1814, fue enviado para hacerse cargo del Ejército del Norte,al mando de Manuel Belgrano. Sin embargo, recomendaría que insistir por allí, no era lo apropiado, sino hacerlo por Chile, sorteando la cordillera, y posteriormente llegar a Lima.

Sobre Belgrano, sentía respeto y admiración. Señalaría en una carta enviada a Tomás Godoy Cruz: (...) En el caso de nombrar quien deba reemplazar a Rondeau, yo me decido por Belgrano: éste es el más metódico de los que conozco en nuestra América, lleno de integridad, y talento natural: no tendrá los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en punto a milicia pero créame usted que es lo mejor que tenemos en la América del Sur.

La Libertad, bien entendida

Y está el otro perfil de este militar de carrera, aunque era mucho más que eso. Ya en Mendoza, nombrado gobernador de Cuyo, fomentaría la educación, la agricultura y la industria y crearía un sistema impositivo igualitario cuidando que pagaran más los que más tenían. 

Cuando en marzo, se reunía el Congreso de Tucumán, para analizar declarar la independencia, San Martín, señalaría, también a Godoy Cruz:  “¿Hasta cuándo esperaremos para declarar nuestra independencia? ¿No es cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón y escarapela nacional y, por último, hacer la guerra al soberano de quien se dice dependemos, y permanecer a pupilo de los enemigos?”

"Seamos libres y lo demás no importa", es una de las frases que se recuerdan de San Martín, cuando emprendía con su ejército el Cruce de los Andes. Ya realizada la liberación de Chile del dominio español, solicitaría ayuda económica al gobierno de Buenos Aires, para continuar con su avanzada. Obtenía la promesa de una ayuda de 500 mil pesos para su plan limeño de los que sólo llegarían efectivamente 300 mil.

Pueyrredón propiciaba la invasión portuguesa de la Banda Oriental para combatir a Artigas y le ordenaría a San Martín que bajara con su ejército y encabezara la represión de los orientales. San Martín se negaría, aclarando que “el general San Martín jamás desenvainará su espada para derramar sangre de hermanos”. El resto, es historia conocida: San Martín, liberaría a la Argentina, Chile y el Perú del dominio español. En 1821, ingresaría a Lima, y declararía la independencia del último país. 

Según lo reseña Pigna: Se formó un gobierno independiente que nombró a San Martín con el título de Protector del Perú, con plena autoridad civil y militar. En un principio el general se había negado a aceptar el cargo, pero el clamor popular y los consejos de su amigo y secretario, Bernardo de Monteagudo, le hicieron recordar que el peligro realista no había desaparecido, que las fuerzas del virrey se estaban reorganizando en los cuatro puntos cardinales del Perú y que por lo tanto su presencia se hacía imprescindible para terminar definitivamente con el dominio español.  Ya con ese cargo, aboliría la esclavitud y los servicios personales (mita y yanaconazgo), garantizaría la libertad de imprenta y de culto, crearía escuelas y la biblioteca pública de Lima. 

Mientras San Martín, liberaba al subcontinente por el sur, el venezolano, Simón Bolivar, lo hacía desde el norte. Luego se produciría la famosa entrevista de Guayaquil. En Lima, renunciaría a su cargo como "protector del Perú". Tras estar por un tiempo en Chile, cruzaría los Andes, permanecería en Mendoza, y partiría hacia Buenos Aires. 

Su esposa, Remedios, se encontraba gravemente enferma. Rivadavia, ministro de gobierno de Martín Rodríguez, le negaría el permiso para llegar a Buenos Aires, argumentando que no estaban dadas las condiciones de seguridad para que entrara a la ciudad. En realidad, siempre le había negado cualquier tipo de ayuda y temía que entrase en contacto con los federales del Litoral.

El gobernador de Santa Fe, Estanislao López, le envió una carta advirtiéndole que en Buenos Aires esperaban su llegada para someterlo a un juicio por haber desobedecido las órdenes de reprimir a los federales. Ante el agravamiento de la salud de Remedios, pese a las amenazas, decidiría viajar igual. Llegaría tarde. Su esposa ya había muerto sin que él pudiera compartir al menos sus últimos momentos. 

Difamado y amenazado por el gobierno, San Martín decidiría abandonar el país en compañía de su pequeña hija Mercedes rumbo a Europa. En 1825 redactaría las famosas máximas para Mercedes, una serie de recomendaciones para su educación en caso de que él no estuviera a su lado. Allí le aconseja el amor a la verdad, la tolerancia religiosa, la solidaridad y la dulzura con los pobres, criados y ancianos; amor al aseo y desprecio al lujo.

En febrero de 1829 llegaría al puerto de Buenos Aires pero no desembarcaría. Conocería del derrocamiento del gobernador Dorrego y de su trágico fusilamiento a manos de los unitarios.  Triste y decepcionado decidiría regresar. Fallecía el 17 de agosto de 1850. Entre otras cosas, había pedido que su corazón descansara en Buenos Aires. Esta última voluntad, recién se cumpliría en 1880.

Preguntas

Hace algunos años, se escribió una columna similar a esta, en donde se planteaban algunas preguntas, que no son distintas a las de ahora. Ocurre, que ciertos dirigentes, determinados sectores, y ciertos medios de comunicación, suponen, si se los escucha, que la historia comenzó a escribirse hace nada. No. Comenzó hace tiempo, demasiado.

Es el país de memoria corta, reducida, en donde algunos sectores, dirigenciales y económicos, plantean todo lo contrario a las ideas de San Martín, Belgrano, y tantos otros, pero aún así, dicen honrarlos, cuando se encuentran en las antípodas de sus pensamientos.

Por lo menos, deberían tener un poco más de respeto.

O algo de vergüenza.  

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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