"Si vinieran con un prospecto adjunto..."

Análisis 16/07/2021 Por Fabián Menichetti
La campaña de sectores denominados "antivacunas" no se detiene, aunque cada vez son más las personas que se inscriben para ser inoculadas contra el Covid-19.
Prospecto

Imanes que supuestamente se adhieren en los brazos, luego de ser colocadas las vacunas contra el Covid-19; videos (manipulados) mostrando que las mismas no son aplicadas; chips inexistentes que, por lo tanto, no ingresan al torrente sanguíneo; fake news (falsas noticias) sobre la inoculación; y una larga lista de publicaciones que divulgan, especialmente en redes sociales, los grupos que se oponen a la campaña de vacunación mundial.

Cada una de esas versiones, con una aprobación de emergencia que se ha producido para las diferentes vacunas desarrolladas, han sido desmentidas, una y otra vez, aunque el mensaje de que es mejor "no vacunarse", continúa y genera temor. "Le tengo más al miedo al virus que a cualquiera de las vacunas", señaló alguien. Nada más real.

El virus ya ha generado más de cuatro millones de muertes en el mundo. Y si bien los "eventos" relacionados con la vacunación, más allá de los que provoca cualquier vacuna, han sido mínimos, como es lógico y debe ser de rigurosidad periodística, esta columna no se escribe basándose sólo en la sensación que pueda tener su autor sobre el tema, sino que se funda en consultas y lo publicado por especialistas en inmunología, infectología y otras ramas de la ciencia, que lejos, muy lejos, se encuentran de una conspiración mundial. 

¿Se puede creer, acaso, que miles de científicos, especialistas en biología, microbiología, infectología, inmunología, sanitaristas, médicos y médicas responsables de la salud de personas que conocen desde siempre, pudieran acordar en avalar lo apuntado por quienes se oponen a la inmunización, inclusive inoculando a sus propios cuerpos?

¿Qué irracionalidad es la que puede llevar a suponer o creer semejante dislate? Dichos profesionales, como está señalado, son quienes, no solamente recomiendan vacunarse, sino que ellas y ellos, además, se vacunaron. Allí, desde una pregunta con lógica, es que surge una respuesta también lógica. La conclusión, sin dudas, es contundente.

Una por una

Hay espacios, en donde se derrumban, una a una, las desinformaciones que se han viralizado sobre las vacunas. El sitio Chequeado, que, como su nombre lo indica, chequea las noticias que son dudosas, alude a las relacionadas con las vacunas: Chequeado ha identificado y verificado desinformaciones sobre la composición y el funcionamiento de la vacuna, sus supuestos efectos adversos y la gestión de las campañas de inoculación.

Circulan versiones que afirman que las vacunas tienen “microchips”, que permitirían controlar a las personas, o que contienen “metales pesados” que atraen imanes. En ambos casos, las versiones son falsas y no tienen respaldo en la evidencia científica disponible.

Sobre ciertos videos de personas con imanes pegados en los brazos, es probable que se trate de una adhesión provocada por la humedad. A lo sumo y si acaso sucede. Según indicaron especialistas, cita Chequeado, se necesitaría introducir un gran trozo de material magnético debajo de la piel para lograr una imantación como la mencionada.

Se repitieron distintas versiones que indican que las vacunas con tecnología de ARN mensajero “modifican el ADN”. Una de estas desinformaciones ponía esa teoría en boca del director médico de Moderna, que produce una vacuna contra el COVID-19 con esta tecnología. No solo el directivo no dijo esto sino que aseguró todo lo contrario: para alterar el ADN, la vacuna con ARN mensajero “necesitaría acceder al núcleo celular y atravesar un proceso de transcripción inversa”; y no se dan las condiciones para que eso suceda". 

Esta falsedad también ha sido difundida por la médica Chinda Brandolino, referente de la organización “Médicos por la Verdad”, un grupo que se dedica a difundir desinformaciones sobre la pandemia y el coronavirus, recuerda el sitio Chequeado.

Circularon desinformaciones señalando que una enfermera del Ejército y un médico de la Policía Federal habían muerto después de ser vacunados. Esto es falso: los dos fallecieron pero ninguno había sido inoculado contra la COVID-19. 

Por su parte, en Twitter una usuaria aseguró que después de ser vacunada con la Sputnik V sufrió “reacciones en la piel, fuerte dolor de cabeza y malestar estomacal”.  Sin embargo, la imagen que acompañaba al mensaje, circula en internet desde por lo menos 2012; y la propia usuaria de la cuenta de Twitter borró el mensaje, reconoció que se trató de una desinformación y dijo que lo hizo como parte de un “experimento social”.

Circularon varias desinformaciones, además, que buscaban demostrar que la vacunación contra el COVID-19 es un engaño. Videos recortados indicaban que una mujer fue vacunada “sin aguja”. Hoy, todas aquellas personas que recibieron al menos una dosis de la vacuna, no solo que observaron la aguja, sino que, en la mayoría de los casos, la sintieron.

Por otra parte, se viralizó un video de una localidad de la India en la que supuestamente se puede ver que “aldeanos expulsan a pedradas a escuadrones de vacunación tras ver la correlación entre el aumento de vacunados y el aumento de muertos”. Sin embargo, las imágenes corresponden a un grupo de personas atacando a la policía local por intentar desarticular una reunión masiva que violaba los protocolos sanitarios.

En donde la vacunación avanzó

Si se observa la experiencia de países con la mayor cantidad de personas vacunadas contra el Covid-19, como el caso de Israel y el Reino Unido, por ejemplo, se puede percibir que la inoculación ha hecho descender la cantidad de personas hospitalizadas y los fallecimientos. Es que, como lo indican especialistas, no sólo para esta vacuna, sino para la mayoría, la misma puede prevenir los contagios, pero esencialmente lo que hace, es que quien pueda ser infectado, transite la enfermedad sin complicaciones, que no haga la forma "grave".

El portal El Cronista, el pasado 1 de junio, informaba que por primera vez desde el comienzo de la pandemia, el Reino Unido no había registrado ninguna muerte por Covid-19 en el lapso de 24 horas. Había sido una de las primeras naciones en iniciar la campaña de vacunación en diciembre de 2020, y en ese momento, ya había inmunizado a casi el 60 por ciento de su población con una dosis y se acercaba al 40 por ciento con ambas.

Si bien la variante conocida como "Delta", que se originó en la India, es la predominante en el mundo, con una mayor cantidad de contagios, las vacunas, que seguramente irán adaptando sus desarrollos (como sucede con cualquier vacuna), a las diferentes mutaciones del virus (como sucede con cualquier virus), han reducido la letalidad. 

Para comprenderlo mejor: de un pico de 1.360 muertes por Covid en una sola jornada, el 20 de enero, el Reino Unido pasó, avanzando la campaña de vacunación, al 28 de marzo con 6 personas fallecidas. Con la llegada de la variante Delta, hasta conocer la efectividad de las vacunas contra la misma, se restringieron actividades, y la inoculación continuó avanzando. ¿El resultado? Estadios de fútbol de la Eurocopa ya con público en las tribunas.

No hace mucho, con un incremento en los contagios por la variante Delta, el jueves 17 de junio, dicho país superaba los 10 mil casos diarios, la cantidad más elevada desde febrero. Sin embargo, a diferencia de lo que sucedía cuando aún había pocas personas inmunizadas, los fallecimientos en ese día alcanzaban los 19.

Israel, otro de los países que vacunó a un importante porcentaje de su población, con la llegada de la variante Delta, tuvo el mayor número de contagios el pasado 6 de julio, en tres meses, pero no se registraba ninguna muerte en esa jornada. Hubo sólo una en dos semanas, a pesar del constante incremento en los contagios. 

Israel, fue el país en su momento con la tasa de vacunación más alta del mundo. Posee a un 65 por ciento de sus 9 millones de habitantes inmunizados por completo y por esa razón se especula que la cantidad de fallecidos sea tan baja aunque los casos positivos repuntaron en un 60 por ciento en las últimas semanas por la nueva variante que se originó en India. En la última semana, se registró la mayor cantidad de contagios, señaló un informe de Página 12, señalándose que la gran mayoría de los casos fueron en personas no inmunizadas.

Más desinformación

Retornando al sitio Chequeado, y cuando aún en la actualidad circulan desinformaciones relacionadas con una de las vacunas, como el caso de AstraZeneca, que se aplica en la Argentina y en otros, sí, 117 países del planeta, las mismas, no han hecho más que generar temor en muchas personas, lo que de alguna manera, es lógico. Dicho inoculante, cuyo principio activo, por ejemplo, se produce también en un laboratorio nacional, es la vacuna más aplicada en el mundo. Le siguen las de Pfizer, Sputnik V, Sinopharm, y Moderna. 

El 11 de febrero último, la Organización Mundial de la Salud (OMS) incorporó en la lista de uso en emergencias a la vacuna de AstraZeneca contra la COVID-19 y dio luz verde para que estas vacunas se desplegaran mundialmente a través del mecanismo COVAX.

La primera desinformación, desmentida, es que la vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford, no estaba autorizada en Europa. Hubo una pausa en el proceso de vacunación con AstraZeneca en algunos países europeos, debido a la aparición de casos raros e inusuales de coágulos en la sangre (trombosis) asociados a un nivel bajo de plaquetas en sangre, pero su vacunación ya se ha reactivado en la mayoría de los casos.

Tras hacer un análisis minucioso de la evidencia, tanto el Grupo Asesor Global para la Seguridad de las Vacunas de la OMS como la Agencia Europea de Medicamentos (EMA, por sus siglas en inglés) concluyeron que los beneficios superan ampliamente a los riesgos. 

La EMA aseguró que la vacuna es eficaz en la prevención de hospitalizaciones y muertes por COVID-19 y la mayoría de los efectos adversos son leves y moderados y desaparecen a los pocos días. El riesgo de que ocurran estos casos de trombosis es muy bajo: 1 en cada 100 mil personas vacunadas.

Para considerar, y retornando a la explicación de una persona en el comienzo: "Le tengo más miedo al virus que a la vacuna". Efectivamente. La posibilidad de trombosis por tener COVID-19 es mucho más elevada, aproximadamente 15% en promedio, siendo 23% en pacientes hospitalizados y hasta 45% en pacientes en terapia intensiva, según un informe del Grupo Cooperativo Argentino de Hemostasia y Trombosis (Grupo CAHT).

También es falso que dicha vacuna está contraindicada para pacientes con trombosis o anticoagulados. Señala Chequeado: Hasta ahora no se han identificado factores de riesgo o una enfermedad preexistente asociados a los eventos de trombosis con bajo nivel de plaquetas. “La complicación es infrecuente, y no se asocia a enfermedades clínicas previas. Hasta ahora no se ha identificado ninguna enfermedad como predisponente a esta complicación”, explica el Grupo CAHT.

“Las personas con antecedentes de trombosis tienen un riesgo mayor de volver a presentar trombosis, pero no se ha observado que la vacuna de AstraZeneca tenga un efecto en este sentido. La vacuna previene de forma eficaz el desarrollo de la COVID-19. En la enfermedad el riesgo de trombosis sí tiene un incremento. Por estas 2 razones, la vacuna es altamente recomendable”, sostiene el informe de la Conaseva.

Más allá de las vacunas

Es más, existen condiciones o situaciones, que superan ampliamente la posibilidad de una trombosis. Con la misma, según estudios científicos, la probabilidad con la vacuna de AstraZeneca, es del 0.0006% y con la Johnson & Johnson, que aún no está en la Argentina, pero que algunos fueron a buscar a USA, para aplicársela en ese país, es del 0.0009%.

A saber, por si acaso, hay muchos otros factores que pueden aumentar la probabilidad de que una persona desarrolle coágulos de sangre, según la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH), que hizo una comparación utilizando datos de la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia (SETH), la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) de Estados Unidos y la Agencia Europea del Medicamento (EMA). En primer lugar, se ubica el propio Covid, como está señalado.  

Fumar, por ejemplo, implica un riesgo bastante mayor, del 0.28%, los anticonceptivos orales, entre el 0.07 y 0.13%, los vuelos largos, entre el 3 y 12%, o la terapia hormonal menopausia del 0.06%.

Más allá de quienes creen en conspiraciones mundiales, con respecto al virus Sars Cov 2, negando inclusive que sea grave, y la vacuna, entre las que se cuentan increíblemente algunas personas que trabajan en el sector salud, además de los denominados "Médicos por la Verdad", cuya verdad se termina cuando se llenan los internados con pacientes Covid, es interesante leer, escuchar, o ver, si se desea, a quienes saben, informando con seriedad, no desinformando, que las (no sólo esta) vacunas, salvan vidas. Y no desde ahora. 

“Hay más posibilidades de sufrir un accidente de tráfico que de sufrir un efecto adverso grave con las vacunas”, dijo al diario El País de España, Jesús Rodríguez Baño, investigador de la Universidad de Sevilla y miembro de EMA que ha evaluado la seguridad de la vacuna.

Desde la ciencia médica, y con razón, se indica que los efectos adversos se tienen en cuenta desde las primeras fases de investigación, pero a pesar de todas las cautelas, algunos son inevitables. Un medicamento es una complejísima receta bioquímica cuya composición no puede ser universalmente inocua. “No existe ninguno que no tenga efectos secundarios", agregó el especialista español.

Mirarse el brazo, recordar y hacerse una pregunta

Cualquiera, quien escribe o quien lee, si se observa el hombro o brazo, puede que encuentre una pequeña protuberancia. Se trata de la BCG (Bacillus de Calmette y Guérin), que recibimos cuando éramos bebés, comenzábamos a caminar o cursábamos el jardín. Fueron los inmunólogos franceses Albert Calmette y Camille Guerin quienes el 1 de julio de 1921, realizaron la primera aplicación de la misma, y con el tiempo, comenzó a erradicarse una enfermedad terrible como la tuberculosis, que se llevó la vida de millones.

A mediados del siglo 20, una epidemia de poliomielitis, no fue menos dura, por ejemplo, en Argentina. La conocida como "polio" o "parálisis infantil", afectó a miles de niñas y niños. Es una enfermedad infecciosa, que se pudo combatir con la vacunación.

Quienes pasamos los 50 años, o quienes tienen menos edad aún, recordamos, por ejemplo el sabor amargo de una gota que nos colocaban en la boca, acompañada de un terrón de azúcar. Era la Sabin. La primera vacuna fue desarrollada por Jonas Salk, probada por primera vez en 1952 y dada a conocer el 12 de abril de 1955. La segunda, de administración oral, como está señalado, fue desarrollada por Albert Sabin.

Hay vacunas contra todo tipo de enfermedades. Las mismas, pudieron terminar con epidemias que, antes de dicha imnunización, truncaron la vida de millones de personas. Cada año, también millones en el mundo se aplican, por ejemplo, las vacunas contra la gripe. ¿Alguien pregunta de dónde provienen esas vacunas, qué laboratorio las desarrolló, o cuánto tiempo llevó ese proceso? La respuesta es obvia: No, nadie pregunta.

Fueron las vacunas, el agua potable, los antibióticos, y otros avances de la ciencia médica, lo que permitieron construir el camino, señalan los especialistas y científicos, que en medio de la pandemia que viene azotando a la humanidad, han actuado con responsabilidad, que se transitó para lograr extender la expectativa de vida en los seres humanos.

El prospecto adjunto

Como está señalado, citando nuevamente a un especialista español, "ningún medicamento es inocuo". Si tomamos el prospecto adjunto que acompaña a los mismos, al leerlo, encontraremos en muchos de los casos, que los efectos secundarios y reacciones adversas, pueden ser muchas, y aún así, extrañamente se producen. 

Las vacunas, en una situación de emergencia como la actual, y aprobadas en ese contexto, pueden generar lo que genera cualquier vacuna, y no están acompañadas por un prospecto adjunto. De hecho, quienes cumplieron con el servicio militar obligatorio (quien escribe también, y aquí está), recordarán (recordaremos), que nos aplicaron una "vacuna" a la altura del omóplato, y por dos días estuvimos con un fuerte dolor en ese lugar y con fiebre. No fue voluntario, claro, y no podíamos solicitar un prospecto para conocer las reacciones. 

Quien escribe, como millones de personas ya, recibió su vacuna hace poco más de un mes. Tuvo una febrícula y algo de dolor en el brazo, que se marchó. El hecho de recibir al menos una dosis de ese inmunizante, no fue preocupante. Por el contrario, fue algo que trajo algo de tranquilidad. A la madre de quien escribe, ya le aplicaron ambas dosis de otra vacuna. Y la tranquilidad se acentuó aún más. "Hay luz al final del tunel", dijo alguien. Sin dudas.

Recientemente, Ernesto Resnik, reconocido biólogo molecular, inmunólogo, biotecnólogo (anticuerpos monoclonales) argentino, cuyo trabajo científico desarrolla en los Estados Unidos, siendo una de las voces más autorizadas en el tema de la pandemia y la vacunación contra el Covid-19, en su cuenta de Twitter, aludió al tema, llevando tranquilidad con respecto a las que se están aplicando para comenzar a detener esta crisis sanitaria global.

Lo hizo por el vendaval de desinformación que circula en redes sociales, y sí, en diferentes medios masivos que llegan a millones, que sólo abogan por infundir temor, lo que ha generado que muchas personas crean en semejantes dislates, no vacunándose, lo que implica, además, que se encuentren desprotegidas ante el virus pandémico.

La vacunación es voluntaria, es real, pero no se trata solamente de un acto individual, sino colectivo, social y solidario. La única manera de que se pueda llegar a la denominada "inmunidad del rebaño", es que un alto porcentaje de la población se encuentre vacunada, para que sea el comienzo del fin de esta tragedia que sufre la humanidad.

Por suerte, en la Argentina, un alto porcentaje de la población que puede vacunarse, lo comprendió más allá de los mesías del odio y de quienes promueven el temor, o que señalan que "no hay que tener miedo, porque es ahí adonde te agarra el virus", siendo esa la mejor vacuna, como si el Sars Cov 2 fuera una especie de fantasma. Es un virus, y más allá de que el estrés producido por el temor pueda disminuir las defensas, como también lo indican especialistas, ¿por qué arriesgarse? ¿Morigerar la pandemia, no nos saca acaso el temor?

Según lo reseñaba un informe de Página 12, el pasado miércoles 8 de julio, un 80 por ciento de la población mayor de 18 años, sumando los distintos distritos, se anotó para recibir su vacuna contra el Covid-19. Se estima que para el 31 de julio, de seguir llegando vacunas como hasta ahora, y de mantenerse el ritmo de inoculación como hasta el momento, al menos con una dosis, un importante porcentaje de la población estará vacunada.  

A esto deben agregarse las dosis que llegaron desde los Estados Unidos, del laboratorio Moderna, que se descuenta, en breve podrán aplicarse en adolescentes, al igual que comenzaría a suceder en no mucho tiempo con la vacuna de Sinopharm.

Como está citado en el comienzo, esta columna, no se escribió desde la visión del autor de la misma, lo que sería tan imprudente como negar la existencia del virus, señalar que la pandemia es un invento o que las vacunas son parte de una conspiración mundial, sino basándose en opiniones científicas serias y demostrables, además de sitios especializados en desmentir, con pruebas, desinformaciones que no sólo se difunden en las redes sociales, sino, increíblemente en espacios de medios que promueven esa tendencia conspirativa.

Sobre los efectos adversos de las vacunas contra el Covid-19, los que, como está señalado, con datos estadísticos y científicos, se ha demostrado, son menores a los de otras situaciones y condiciones, alguien planteó debajo de la publicación de Resnik, un ejemplo, que puede resultar simple, pero bien entendible, para quienes no somos especialistas:

"Si las milanesas con papas fritas, vinieran con prospecto adjunto, nadie las comería".

Más gráfico, imposible...

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

Te puede interesar