La "industria madre" de una ciudad, Fábrica Militar Río Tercero y sus 85 años

Fábrica Militar Río Tercero, celebró el viernes sus 85 años. Más allá de las erráticas políticas en diferente etapas de su historia, con gestiones que intentaron destruirla como fuente generadora de movilidad económica y social, hasta con un atentado, pergeñado por oscuros intereses, la industria se mantuvo en pie. Río Tercero, tiene su origen como pueblo, en el ferrocarril, y como ciudad, en el nacimiento del establecimiento estatal.
Fábrica Militar Nueva

Puede resultar contrafáctico. De hecho es así, pero si la Fábrica Militar Río Tercero no se hubiera instalado en la ciudad antes de la primera mitad del siglo 20, seguramente la historia de la comunidad del centro de Córdoba hubiera sido muy distinta.

Río Tercero, pasó de ser un caserío a un pueblo, con la llegada del ferrocarril, y se transformó en una ciudad por el movimiento económico y social que generó el establecimiento. A partir de dicha industria, se radicaron en la población otras grandes plantas, como Atanor, primero, y Petroquímica Río Tercero, luego, además de empresas satélites que transformaron a la comunidad en un centro urbano de oportunidades.

La llegada de la entonces Fábrica Militar de Munición y Artillería, como se llamó en sus comienzos, siendo rebautizada con el nombre que tiene actualmente, cuando se agregó a la División de Producción Mecánica, el Grupo Químico, lo cambiaría todo. Personas desde diferentes lugares comenzarían a arribar a lo que era entonces un pequeño pueblo, y lo hicieron también familias completas, que se establecieron para siempre en Río Tercero. Fabricaciones Militares, como empresa estatal, sería fundada el 9 de octubre de 1941.

Fábrica Militar Histórica

Hace apenas unas décadas, surgieron las generaciones que nacieron efectivamente en la ciudad. Quienes llegaron desde mediados del siglo 20, y en los años sucesivos, lo hicieron con tonadas diversas. La empresa estatal, no sólo se transformaría -como está indicado- en una fuente laboral importante, sino que, a partir de la misma, se generaría un desarrollo económico y social transformando a la ciudad en una comunidad de "pleno empleo".

Los más antiguos habitantes, suelen recordar que "ibas un día a pedir trabajo, y seguramente al otro día te llamaban". Y no sólo en la planta estatal, sino, además en las otras industrias y en emprendimientos comerciales o de servicios que se consolidaban con ese desarrollo gestado por la llegada de la misma. A ello se sumaba el sector agropecuario.

La ciudad, como el país, se conformó como una sociedad cosmopolita por esa cantidad de personas que la eligieron como su lugar de residencia en donde "echar raíces", procedentes de distintas provincias, casi una especie de inmigración pero fronteras adentro de la nación.

Para comprender el impacto que tendría en el desarrollo, por ejemplo demográfico de Río Tercero, el arribo de la gran industria, basta recordar que la ciudad en una década duplicaría su población, llegando a ser, entre los setenta y los ochenta, según los censos nacionales, la quinta comunidad de la provincia. Hoy, a pesar del amesetamiento poblacional, es uno de los centros urbanos con más habitantes de Córdoba.

En 1936 se colocaba la "piedra fundamental" de la industria. Se construirían las obras para la instalación de la planta y los edificios administrativos. Comenzaría a producir un lustro después. En 1947 se creaba, como está apuntado, el Grupo Químico Río Tercero.

El predio en donde se encuentra es de 450 hectáreas. En el mismo, además, están asentadas, Atanor y Petroquímica. En algún momento, ambas industrias, tuvieron participación estatal, pero luego, en los noventa, fueron privatizadas. Un barrio, El Libertador; un club deportivo y social, hoy "Casino", nacieron por la misma.

La Fábrica Militar, además, contaba con una Escuela de Aprendices (hoy reabierta como Centro de Capacitación) en donde se formaban los futuros trabajadores y un Policlínico, para que los mismos fueran atendidos. Allí, en ese lugar, nacieron muchos riotercerenses. 

Entre finales de la década del ochenta y principios de los noventa, todo comenzó a decaer. En julio de 1990 se conocía la posibilidad de que la fábrica pudiera ser privatizada. Las plantas del complejo de Fabricaciones Militares (Río Tercero, Villa María, Fray Luis Beltrán, Azul), quedaban "sujetas a privatización", por la ley 24045, derogada transitando el siglo 21.

De unos dos mil agentes, que había tenido la industria en su momento de mayor actividad, ese plantel se redujo, en el prólogo del siglo 21, a 196. Ya había pasado la voladura, determinada por la Justicia como un atentado. Aquel hecho, debe recordarse, no sucedió aislado del contexto de entonces. Fue parte de un modelo que despreció a todo lo estatal.

Además del régimen de retiros voluntarios, que menguó la cantidad de personal, en julio de 1991, eran pasadas a disponibilidad 195 personas de la planta permanente. Un año después del atentado a la planta y la ciudad, en 1996, bajo el mote de "Reconversión Laboral", se producía el despido de 424 trabajadoras y trabajadores. Nada menos. 

El establecimiento estuvo a punto de ser privatizado, algo que no sucedería por el reclamo sindical y por estar el sector bajo investigación judicial. Si bien se indicaba que al ser vendida una parte del predio, se generaría el trabajo que se necesitaba, el gremio de ATE, denunciaba públicamente que sólo se trataba de un "enorme negocio inmobiliario". La Escuela de Aprendices había sido cerrada y el Políclinico, ese centro modelo de atención sanitaria, luego del atentado de 1995, se encontraba en ruinas y abandonado.

La fábrica, pudo mantenerse, reducida casi a su mínima expresión, con la División de Producción Química, que era lo que generaba los recursos para continuar funcionando. La División Mecánica había sido diezmada. En los años por venir, luego de 2003, el personal se incrementó a partir de inversiones especialmente en ese sector del establecimiento. 

Si bien, la modalidad del contrato, no le otorgó la seguridad a quienes desarrollaron sus tareas en la planta, colocando a los trabajadores en una situación de precariedad, los números en la facturación demostraban que efectivamente se producía y se vendía, sin prescindir de personal, sino que era necesaria más fuerza laboral. Sin embargo, entre 2017 y 2018 eran despedidas 100 personas. Lo mismo sucedía en las otras plantas, y en la sede central de la empresa. Una de las fábricas, la de Azul, sería directamente cerrada.

Hace ya varios años, quien escribe, tuvo la oportunidad de dialogar con Alicia, la hija del "Padre de la Siderurgia Nacional", Manuel Nicolás Savio, impulsor del complejo de Fabricaciones Militares. La mujer, luego de una entrevista, acompañada por su familia, era consultada sobre el "orgullo" que seguramente sentía al recorrer, por ejemplo, una ciudad, como Río Tercero, en donde una de sus principales avenidas y dos escuelas, llevaban el nombre de su padre. "Orgullo, claro, pero también tristeza, por lo que le hicieron a esa fábrica", respondía. La industria, intentaba recuperarse después del vendaval de los '90.

Cuando hay trabajo, las comunidades se nutren del movimiento económico que se genera a través del consumo interno, tanto sea en el comercio como en los servicios. Río Tercero a esto lo conoce muy bien. De hecho, como está apuntado, eso sucedió con su historia.

Cuando se produce la pérdida de puestos laborales, y ese dinero deja de ingresar al circuito económico, la situación se invierte, y más aún en ciudades que se nutren de sus industrias.  

La pérdida del trabajo, sea el de uno o el de decenas de personas, es una pésima noticia. No lo es sólo en lo económico, sino por lo que esto genera emocionalmente en las familias y en una parte de la sociedad. Pierde el comerciante, que deja de vender, colocándose en riesgo no solo su propio emprendimiento, sino, además, el trabajo de sus empleados. Pierde quien presta servicios. Pierde la comunidad en su conjunto. En ocasiones, eso no se comprendió. 

Río Tercero, conoce de esa sensación. No sólo en los noventa, a la industria la utilizaron para negociados ilegales y hasta la hicieron estallar, generando un estado de conmoción en la sociedad, sino que, además, la diezmaron laboralmente. Luego, cuando se había recuperado, por lo menos en parte, la producción, el mismo modelo se aplicó otra vez. Hasta se indicó que en la planta estatal nunca se habían fabricado vagones.

Una falacia. Sólo basta con repasar la historia: entre 1972 y 1990, en la industria se fabricaron 1.023 vagones. Entre 1961 y 1987, se repararon 4.662. Además de los elementos para la defensa, ese también era (es) el perfil de la planta en su División de Producción Mecánica. El potencial productivo de la industria generaba empleo y un efecto cascada económico en otros sectores. De hecho, aunque en menor medida, sigue siendo así.

Desde la actual gestión y por los 85 años, se indicó que el modelo implementado para la industria propende a generar más producción y por ende más empleo, agregando que ya se están realizando las inversiones para lograrlo y cerrando contratos con esa finalidad. 

Ojalá que así sea, porque no sólo se trata de una cuestión económica, sino también social. Quien más o quien menos, lo quiera o no, es un nieto o un hijo, un descendiente de la "industria madre" de la ciudad, más allá de que sus padres o abuelos no hayan trabajado en la planta estatal, pero llegaron a la ciudad por aquello que ésta generó.

Hoy, esa fábrica, que transformó la historia de Río Tercero, incidiendo, además, en el curso de miles de historias, celebró sus 85 años. No es poco, si se considera lo que representó.

Y lo que representa.

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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