El Covid-19, el "negacionismo" y otros intereses, sus mejores aliados en la pandemia

Análisis 15/05/2021 Por Fabián Menichetti
La situación, ni en la Argentina ni en el planeta es sencilla. La pandemia de Covid-19 provocó y está ocasionando un desastre sanitario global. Sin embargo están quienes minimizan lo que sucede. Se suman, quienes se aprovecharon de la pandemia para sus mezquinos intereses.
Nagacionistas 2

Aún están quienes insisten en minimizar lo que está sucediendo no sólo en la Argentina, sino en el mundo, con la pandemia del Covid-19. Ese negacionismo de una realidad, dura, triste, terrible, que padecen y golpea de hecho a millones de familias en el planeta que perdieron a un ser querido, hace que la misma aún sea más dura, más triste y más terrible.

La imagen de portada lo dice todo: quien no crea, puede colaborar con el personal de salud. En el mundo, quienes lo integran, se contagiaron, y en muchos de los casos, fallecieron.

"Se solicita voluntarios que no crean en Covid-19". Con este particular "anuncio", y apelando a la ironía, dos sanitaristas españolas respondían a las afirmaciones conspirativas del cantante Miguel Bossé, uno de los negacionistas más famosos de ese país. 

Las actividades exigidas en esa petición, eran las mismas que para el resto de las y los profesionales pero, "como el virus no es real" no se necesitarán, señalaban, "equipos de protección" como los que portan en la fotografía. Firmado por todo el equipo de salud. 

Como se ha citado en infinidad de columnas en este sitio de noticias, no importa si el virus que provoca la enfermedad Covid-19, surgió de un mercado de animales de China, de un laboratorio o de un repollo. Es más, no importa si la tierra es redonda o es plana. En la misma millones de personas sufren por este virus que colocó de rodillas a la humanidad.

Existe un dato concreto: el Sars Cov 2 sigue estando, es pandémico, y ocasionó (lo sigue haciendo), un desastre sanitario por la saturación en diferentes lugares de los sistemas de salud por la cantidad de hospitalizaciones producto de las complicaciones que genera.

Se insiste en que la tasa de letalidad es baja, considerando que oscila en un dos por ciento. La tasa de letalidad, es la proporción de personas que mueren por una enfermedad entre los afectados por la misma en un periodo y área determinados. Es distinta la tasa de mortalidad, que es la proporción de personas que fallecen respecto al total de la población en un periodo y área determinados. "Dicen que la tasa de letalidad es baja, alrededor de un dos por ciento, pero para las familias que pierden a un ser querido, es el ciento por ciento", señalaba un médico, consultado el año pasado por este sitio de noticias por este tema.

Y a todo ello, debería agregarse el mal pasar durante la enfermedad para muchas personas recuperadas, y lo que progresivamente se conoció: las secuelas que puede dejar la misma.

Otra vez, como en otras columnas: en Río Tercero, una ciudad mediana del interior del interior de Argentina, en octubre de 2020, cuando fue el pico de la primera ola de la pandemia, la tasa de mortalidad se duplicó con respecto al mismo mes de 2018 y 2019. 

En octubre de esos dos años, los fallecimientos por diferentes causas fueron 35, respectivamente. En el mismo lapso de 2020 fueron 69 los decesos informados oficialmente por el Registro Civil Municipal, y 49 de éstos fueron de personas con Covid.

La tasa de mortalidad es afectada por la tasa de natalidad, debido a que se toma para su cálculo el total de una población y se expresa, por ejemplo, con los fallecimientos cada mil personas. Considerando que Río Tercero, tiene una población estimada en 55 mil personas, en los meses de octubre de los años 2018 y 2019, fueron 6,36 habitantes los que dejaron de existir cada mil personas. En octubre de 2020, fueron 12,55 personas cada mil.

Como está señalado, es duro expresarlo en estadísticas, porque más allá de los fríos números que surgen de las mismas, se trata de personas, familias y de historias de vida.

Por otra parte, el riesgo de saturación de los sistemas sanitarios, no sólo se incrementa por la cantidad de personas que no pueden recibir la atención adecuada, y que padecen las complicaciones del Covid-19, sino para quienes sufren de otras patologías.

Vale la pena recordar lo señalado como respuesta a lo propalado por un grupo denominado "Médicos por la Verdad", quienes señalan que se trata de una conspiración planetaria y que la cuestión no es tan grave. La misma fue expresada por el sanitarista cordobés Oscar Atienza a este medio: "Esa 'verdad' se termina cuando se llenan las terapias intensivas". 

¿Es tan difícil comprender lo qué sucede? Las imágenes con quienes aguardan por atención, que se han observado en diferentes naciones, inclusive vecinas, no son extraídas de un set de filmación de una película del cine catástrofe, sino de la dolorosa realidad.

Y esa realidad, continúa siendo negada. Un ejemplo, cercano, es lo sucedido en Brasil. El presidente de ese país, Jair Mesías Bolsonaro, que de "Mesías", si le colocaron el nombre por Jesús, debe tener sólo eso, el nombre, desde comenzada la pandemia la minimizó como minimizó a la enfermedad. Hasta se acuñó un nuevo término, el "bolsonarismo".

El resultado se observó hasta no hace mucho, y sigue visualizándose: convirtió a su país, como lo han señalado especialistas, que se reitera, una vez más, no son parte de una gran conspiración planetaria, en una "bomba epidemiológica". No sólo se saturaron los sistemas de salud en varios estados, con gobernadores que se revelaron ante semejante dislate presidencial, sino que las imágenes de los cementerios colapsados es aún terrorífica.

En nuestro país, el efecto "Bolsonaro", también llegó y está. No se fue. Muchas personas comulgan con el mismo. Creen que "no es para tanto" que es una "gripecita", o "que si tenés miedo, el virus te agarra", como si el Covid, diferenciara entre quien teme y quien no, por algo que, obviamente, genera incertidumbre. No se trata de ser más o menos valiente, desafiando y negando una realidad que existe. Se trata de cuidarse y cuidar al resto.

Las estadísticas, que no son fríos números, sino vidas, historias, familias, indican que en la Argentina, en la segunda ola de la pandemia, fallecen diariamente en promedio unas 400 personas por las complicaciones generadas por el Covid-19. Es como si dos aviones de línea se precipitaran a tierra por día. Y lo peor, es que ese detalle, terrible, se naturalizó.

Además del negacionismo, que todavía persiste en un sector de la sociedad, se suman otros factores, que hacen a la pandemia aún más complicada y trágica: existe cierta dirigencia que juega con la misma y ciertos "periodistas" que ejecutaron (ejecutan) con ésta, un juego perverso. Primero promovieron que la gente no se cuidara, se contagiara, que falleciera, y luego cuestionaron el manejo oficial de la cuestión sanitaria, la que de hecho, tuvo falencias, y muchas, pero con la vida de millones de personas no se juega. Con la vida, no se juega.

Se promovió la idea de que la vacuna, la primera que llegó, la Sputnik V, era "un veneno". Hasta una diputada cordobesa en la cámara baja, en un cruce de palabras con el presidente de la misma, aseguró que no se sabía "qué mierda" le estaban colocando a la gente. Además de promover la idea del "veneno", mostró su momento particular de ordinariez. No es que la palabra "mierda" haya sido lo más elocuente, sino la forma y el contexto en que la utilizó. Ciertas palabras, en una frase, pueden ser vulgares o atinadas. No fue lo segundo.

Lograron que muchas personas dudaran en colocarse la vacuna, "la rusa", como la mencionaban despectivamente, que terminó siendo la más solicitada, por esas cosas del destino o porque gran parte de la sociedad, como dicen en el barrio, "no come vidrio". No se le puede inocular veneno todo el tiempo (no una vacuna, sino desinformación y odio a la gente) porque en algún momento esa sociedad dice "basta". Y eso comenzó a suceder.

Con las vacunas, lamentablemente existió de todo. Una inequidad global en la distribución de las mismas, acaparando dosis los países centrales (los más ricos) del planeta, cuando otros, a la redacción de esta columna, no habían recibido ni siquiera una. Una verdadera vergüenza, pero nada extraño. Estuvieron quienes se esperanzaron (nos esperanzamos) en que la pandemia, un azote recibido por la humanidad, cambiaría un paradigma injusto de distribución de los recursos. No fue así. Con las vacunas sucedió de igual manera. 

En la Argentina, el tema del denominado "vacunatorio Vip", se convirtió en un escándalo. Como era una obviedad, todos los medios reprodujeron la noticia. Y no era para menos, tratándose del Ministerio de Salud. Dicha situación generó la eyección del ministro a cargo de esa cartera. Otro hecho, también reprochable, y que no fue tan difundido por todos los medios de llegada masiva: el Gobierno del principal distrito del país, la CABA, había repartido vacunas en prepagas y obras sociales, cuando es un bien adquirido por el Estado Nacional, para ser colocadas las dosis por las administraciones de cada jurisdicción. 

El Gobierno, por otra parte, cometió errores crasos: anunciar la llegada de vacunas por anticipado, con el detalle de la cantidad de dosis. Eso no se cumplió. La escasez de vacunas a nivel global, y porque, como se dijo, las naciones más poderosas las acapararon, fue la razón. Ahora, hasta que un vuelo no aterrice en el país, no se informa que cantidad de vacunas arriban. La comunicación oficial, dejó mucho, demasiado que desear. 

Las dudas sobre la efectividad de las vacunas, o de la vacuna, también como está apuntado, especialmente una, como está indicado, repercutió, se amplificó, se planteó la enorme duda, que persiste hasta hoy, aún en muchas personas. Se exigió que la Sputnik V, desarrollada por uno de los centros científicos más reconocidos del planeta como Gamaleya, con varios premios nobeles y, además, con la aprobación de la ANMAT, debía -se indicaba- estar publicada y avalada en la revista científica The Lancet. No se reparó (no lo quisieron hacer) en que la ANMAT, es uno de los organismos de control más reconocidos en el mundo. 

Se insistió hasta el cansancio (ciertos dirigentes opositores y medios, no inocentemente), en que el trato debía cerrarse con uno de los laboratorios con sede en Estados Unidos. Dicha empresa, colocaba, se indicó, condiciones que avanzaban sobre el Estado. No sólo eso, una de las referentes opositoras más duras, en un rapto de sinceridad, deslizó en una entrevista que hasta podrían cambiarse las Malvinas por dosis de dicha vacuna. Una falta de respeto. Luego aclaró que lo dicho no era lo que había querido decir. No aclare, por favor.

Las dudas sobre las vacunas, fueron planteadas por un sector de la dirigencia pero también lo hicieron (lo hacen) quienes estaban (y están) en medios masivos. Muchas personas con factores de riesgo dudaron, no se vacunaron, se contagiaron, y muchas fallecieron.

No sólo eso, unos y otros, negacionistas y quienes usaron (usan) la pandemia, jugaron con el término "libertad", cuando, una vez más, y hasta el cansancio, debe recordarse que puedo ser libre de contagiarme, pero no de contagiar al resto. En un contexto sanitario como el actual, eso no es libertad. Se parece más a un autoritarismo sectorial o individual. 

Retornando al "bolsonarismo" argentino, que desconoce los efectos de la pandemia y la enfermedad provocada por el virus, podría abrirse un registro en donde puedan inscribirse quienes minimizaron y minimizan lo que viene sucediendo, y quienes demonizaron a una vacuna, especialmente, sólo por su procedencia, y que, en virtud de ello, acepten estar en el último lugar de la fila para inocularse o para ocupar una cama en un centro de salud.

Pero eso no sucederá. Por suerte eso no ocurrirá, porque todavía existe un atisbo de empatía, aun con quienes no la tuvieron y no la tienen con el resto de sus semejantes. 

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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