Un sitio, un enigma y una leyenda entre San Agustín y Villa General Belgrano

Algunos aseguran que se escuchan lamentos. Otros, que los mismos forman parte del imaginario popular. Están quienes señalan que es simplemente una leyenda que se conformó con los años. Se trata de un sitio, en medio de las sierras, entre San Agustín y Villa General Belgrano.
Camino Carril de los Chilenos
Camino entre San Agustín y V. G. Belgrano

Con los años se comenzó a llamar al lugar, ubicado a unos kilómetros del camino que une a San Agustín y Villa General Belgrano, como "Quebrada del llorón" o "Quebrada de los lamentos". Se decía que allí se escuchaban lamentos, llantos o gritos entrada la noche. Enigma o leyenda, están quienes aseguran que efectivamente no es un invento. Sucede.

Como tantos otros hechos sin explicación, trascendió, aunque, como está señalado, no existen pruebas fehacientes de que efectivamente eso sucede. Quien escribe, hace años visitó el lugar. Lo hizo para una de las historias que conformaban un suplemento que acompañaba al diario La Voz del Interior, precisamente sobre estos sucesos sin respuestas.

Acompañados con el fotógrafo, por un vecino de San Agustín, conocedor del sitio, la historia y las sierras, comenzó el recorrido. El lugar impactaba por su belleza natural. Era verano y el verde de la vegetación serrana, explotaba en cada rincón, las aves se arremolinan entre los árboles, y los arroyos, con sus aguas cristalinas, eran parte de un paisaje que invitaba a quedarse. Una cascada, en tanto, se despeñaba desde un cerro.

No faltan en ese sitio, además, los "chanchos del monte", jabalíes, escapados de un coto de caza que no está lejano, ni tampoco ciervos que se han reproducido en medio de las serranías. Muchas personas no conocen de esto, por supuesto. El trayecto, en aquella oportunidad, con el lugareño, se midió, como en muchos sitios de las sierras en tiempo, no en distancia. "Unos 20 minutos", aseguraba el guía, que serían muchos más.

Junto a un arroyo, en medio de la vegetación, se escuchaban los ladridos de los perros, que también nos acompañaban. "¿A qué le ladran?", preguntábamos con el fotógrafo. "Seguro que a un chancho del monte", respondía el guía. "Ya vengo", proseguía, mientras nos quedábamos allí, helados por la novedad, claro está. "Sí, era un chancho del monte", señalaba a su retorno, con naturalidad. "Vamos nomás", invitaba a seguir la caminata.

La caminata, a partir de allí, pareció hacerse más extensa. El sol de febrero, descargaba potente sus rayos. Era mediodía y el calor se hacía sentir. Finalmente, en una hondonada del terreno, llegábamos al lugar. "Aquí está, pero de día, dicen que no se escucha nada", apuntaba. Interrogado si él había escuchado en alguna oportunidad, lamentos, llantos o gritos. provenientes del sitio, respondía que no, pero agregaba que muchos lugareños sí los habían escuchado.  "Y les creo. Esas cosas por acá se respetan", indicaba convencido.

Antes de iniciar la caminata, ya habíamos dialogado con un hombre, que vivía en las cercanías y pasaba con su caballo por el trayecto principal. "Sí, yo puedo decir que lo escuché, son como lamentos, llantos, de un hombre", no dudaba al ser consultado. 

La leyenda

La leyenda sobre los lamentos, gritos y llantos en ese sector de las sierras, se remonta a un hecho sucedido en el siglo 19, cuando se libraban las batallas entre Unitarios y Federales. 

Los lugareños aseguran que especialmente durante las noches cerradas, en ese sitio o cerca del mismo, suelen escucharse los mismos. Lo atribuyen a un “alma en pena” de un militar de los Federales, que fue muerto y enterrado en algún sector de la quebrada.

Se indicaba que podía tratarse de un capitán de las tropas de Facundo Quiroga. El mismo habría enterrado, además, una especie de "tesoro" allí. Se trataría de una parte de lo que se habían llevado de Córdoba, antes de que se librara la batalla de La Tablada, al ser derrotados los federales por José M. Paz. 

La conocida como batalla de La Tablada, se libró en un paraje cercano a la ciudad de Córdoba, en donde actualmente se encuentra el barrio Cerro de las Rosas de la capital provincial. La victoria correspondió al ejército unitario, cuyo jefe, Paz, pudo consolidar su situación política y militar en la provincia mediterránea.

De hecho, si se observa el mapa de los movimientos de ambos ejércitos, se puede deducir que efectivamente pasaron por el lugar, inclusive las tropas unitarias siguiendo a las federales. Se observa que uno de esos lugares marcados en el mapa es Soconcho, paraje que se encuentra el sur de San Agustín.

Se encontraron en el sitio elementos de aquella época de luchas feroces, por ejemplo una espada. Por esa depresión del terreno habría pasado una columna de los Federales, y se habría generado un enfrentamiento, "una escaramuza", con quienes los perseguían.

Se dice que Facundo Quiroga, solía detenerse con sus tropas en una antiquísima estancia cercana al lugar, conocida como "El Manzano". Allí descansaban y solían comprar caballos. La zona, no fue un lugar extraño en ese camino de Federales y Unitarios.

En donde está el Piedras Moras, en Almafuerte, antes de que el río Ctalamochita se transformara en lago, en los setenta del siglo 20, se indica que en La Cascada, ya oculta por el agua, descansaban las tropas de Paz, junto a uno de los márgenes. Paz, describió ese salto del río en sus memorias. Más al este, lo habían hecho las tropas de Quiroga. 

Por ello, es que, además, más allá de los lamentos, llantos y gritos, que dicen escucharse en las noches cerradas, se estima, que considerando los elementos encontrados, tras La Tablada, pudo haber pasado efectivamente una de las columnas de Quiroga, y alcanzadas por las de Paz, se produjo el enfrentamiento.

Un capitán de los Federales, como está indicado, al sentirse perseguidos, habría decidido enterrar parte de lo que traían desde Córdoba. Luego moriría en la escaramuza.

Otra hipótesis

Otra de las hipótesis, estuvo relacionada, según lo narra un libro escrito sobre la historia de San Agustín por Juan José Bía, investigador del pasado, con una cuestión pasional.

Surgió de la memoria social, atribuyendo el origen de los lamentos a ese hecho. La población es una de las más antiguas de la región. Habría sucedido a principios del siglo 20.

Se  indicaba que allí habría sido enterrado el cuerpo de un vecino, asesinado por su mujer y un amante. Los habitantes, ante la desaparición del hombre, y conociendo el romance que mantenía la esposa con otra persona, comenzaron a sospechar.

Concurrieron al destacamento de la policía y plantearon su inquietud. Alertados, la mujer y su amante habrían sacado el cuerpo y enterraron en el lugar el de un “chivatón”. Eso fue lo que encontraría la policía. Los restos del engañado esposo jamás aparecieron. 

Los lamentos, indica esa historia, que con los años se transformó en leyenda, corresponderían -aseguran- a su "alma en pena", la que continuarían emitiendo esos guturales sonidos "hasta que no reciban cristiana sepultura". 

Dicen que es así, pero...

Aquella incursión periodística, para conocer la denominada "Quebrada del Llorón" o "Quebrada de los Lamentos", como terminó siendo bautizado ese sector de las sierras, fue en pleno día, como está señalado.

Están quienes aseguran, además, que esos gritos, llantos y lamentos de un hombre, se pueden escuchar por la noche. Y si la misma, es cerrada, más aún. 

Por si acaso, y ante el interrogante, bastó con conocer el sitio, describirlo, escribir aquella historia, allá por febrero de 2008, de día por supuesto. La leyenda se publicó finalmente en aquellas entregas del diario de la capital provincial.

Se omitió permanecer en el lugar hasta la noche, para comprobar lo de los gritos, llantos o lamentos. Con la postal imponente del lugar, había sido suficiente. La historia podía ser reflejada, además, como sucedió.

Se comprenderá, ¿no?

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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