¿Por qué los músicos sonríen?

Cultura y Espectáculos 01/05/2021 Por Sergio Colautti *
El escritor, docente y columnista radial, Sergio Colautti, se pregunta ¿por qué los músicos sonríen? Y ensaya una respuesta.
Músicos

Sergio Colautti, se pregunta en esta columna especial para Tercer Río, ¿por qué los músicos sonríen? Cuando tocan los músicos una felicidad aérea, intocable y transparente recorre el lugar donde la música sucede. Y sonríen, como si descubrieran por primera vez la respiración armónica del mundo, señala en su escrito.  

“Sigue sonriendo porque cuando estás sonriendo
todo el mundo sonríe contigo”

Louis Armstrong (When you're smiling)

En el propio cuarto o en un estadio, en una sala de estudio o en la calle, los músicos tocan y sonríen. Imperceptiblemente a veces, plenamente en otras, se comunican entre ellos desde esos gestos simples, humanísimos, dejándose atravesar por algo que ya dejó atrás las partituras, las técnicas y los saberes para convertirse en eso que suena en el aire, que los conecta con otro espacio, intangible, donde es posible lo feliz: aunque dure un instante, algunos minutos, aunque los que inventaron ese universo sutil sepan que luego deviene, porque siempre deviene, el sonido sin música del mundo, hasta el próximo tema. 

No sucede en las otras artes: los pintores miran con seriedad su tela, obsesionados en la elección de formas y colores; los escritores, en la soledad frente al texto produciéndose, sobrios y concentrados, con la cabeza reposando en la palma de su mano; el actor podrá sonreír o llorar, pero siguiendo las sugerencias del guion o la mirada inquieta del director; no son imaginables las sonrisas durante la tarea del escultor, en pugna con su material. Ellos sonríen después, no en el proceso, sonríen cuando se distancian para ver la obra acabada. Los músicos, en cambio, sonríen durante, habitan el goce desde el mientras tanto. 

Cuando tocan los músicos una felicidad aérea, intocable y transparente recorre el lugar donde la música sucede. Y sonríen, como si descubrieran por primera vez la respiración armónica del mundo. 

Daniel Moyano, escritor y músico, entrevió alguna vez estas mismas experiencias cuando dijo: “La música debe su tremenda fuerza al hecho de ser naturaleza, no invención del hombre. Existió antes que él, y la amábamos porque era la piel que nos permitía acariciar el mundo; porque era una actitud de la naturaleza para que pudiéramos sentirla en el tacto, modelarla como arcilla, mezclarnos con ella millones y millones de veces y escuchar, en su pulso, el del universo”   

La sonrisa de los músicos recorre las manos, los gestos, el pie marcando el ritmo, abraza los cuerpos que se mueven imantados y vuelve al rostro para que la celebración se complete, antes del último acorde, y un rato después. 

Ocurre cuando están en grupos, en parejas, en la intimidad del ensayo o cuando los abraza el murmullo del público, que también sonríe. Pero sucede también cuando están solos: entonces la guitarra es una sonrisa, un cobijo tibio que sonríe para que el espacio sea más dulce en la noche, y más hermoso.    

* Sergio Colautti

Escritor, docente, columnista en "Mi Rock Perdido" de Mestiza Rock                                                        

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