Aún no hay vacunas para otro virus que continúa haciendo daño en el país

Análisis 24/04/2021 Por Fabián Menichetti
Mientras la denominada "segunda ola" del Covid-19 hace estragos en el país, aún en medio de la pandemia, existe otro virus en la Argentina, tanto o más contagioso como el que nos sorprendió en el siglo 21.
Odio 1

Esta columna de opinión se había escrito en 2020, cuando azolaba la primera "ola de la pandemia". Nada cambió con respecto a la actitud de un sector de la sociedad que continúa enferma y no del virus que se ha transformado en un azote para la humanidad.

Se indicaba entonces, y se puede aplicar perfectamente a este presente, que aún en medio de la pandemia por el Covid-19, las muestras, no de bronca, pero sí de odio, que es muy diferente, se expresan en las redes sociales, en las calles y en muchos lugares. 

En la película El Origen, Dom Cobb (Leonardo DiCaprio) es un ladrón con una extraña habilidad para entrar a los sueños de la gente y robarles los secretos de sus subconscientes.

Su habilidad lo ha vuelto muy popular en el mundo del espionaje corporativo, pero ha tenido un gran costo en la gente que ama. Cobb obtiene la oportunidad de redimirse cuando recibe una tarea imposible: plantar una idea en la mente de una persona. Si tiene éxito, será el crimen perfecto, pero un enemigo se anticipa a sus movimientos.

Esa es la sinópsis de dicha película, de ciencia ficción, claro, pero existe una frase del protagonista (Cobb), que bien puede resumir lo que sucede en el país. "¿Cuál es el parásito más resistente?, ¿una bacteria?, ¿un virus?", se pregunta. Y responde: "Una idea. Es resistente y contagiosa. Cuando una idea se instala en el cerebro, es prácticamente imposible erradicarla". 

Desde hace tiempo, sin dudas, se ha trabajado de esa manera. Lo han hecho los voceros del poder real que anida entre las sombras: sembrar una idea, la idea del odio, a través de ciertos medios o las redes sociales. 

Hace décadas, utilizaban otras metodologías. Hoy utilizan un conjunto de mensajes, fake news, titulares informativos, que poco o nada tienen que ver con la estructura de las noticias que encabezan, en ocasiones, tergiversadas, por los amanuenses y voceros mediáticos, para crear lo que se denomina "sentido común". 

Siembran una idea, y esa idea, permanece como una "verdad absoluta" para quienes creen de manera absoluta en quienes se la proporcionan. El cielo podrá estar despejado, pero si en algún canal de televisión, en alguna radio, en un diario o portal digital, le indican que está nublado, por más que observen el cielo sin nubes, sostendrán que existen esas nubes, porque así se lo dijeron, que esas nubes están, aunque no las observen. 

Los traficantes del odio, tienen nombres y apellidos, son famosas y famosos, algunas y algunos, ejerciendo el "periodismo" (eso dicen); otras y otros, cumpliendo otro papel mediático, pero siempre actuando de manera uniforme, y transmitiendo una idea, la idea del odio, que es contagiosa. ¿Ejemplos? Sobran. Son demasiados.

Se ha llegado a tal extremo, que quienes odian, más allá de que se les explique, con fundamentos, que no es así, como se lo señalaron, no escucharán, solo reiterarán lo que escucharon o leyeron, elevarán la voz, atacarán a quién sostenga lo contrario y, en ocasiones, le desearán las siete plagas a quien ose contradecirlos/as.

Es normal sentir bronca por algo. Se dice que es una forma de desembarazarnos rápidamente de cierto malestar. El odio, es otra cosa. Es el sentimiento profundo e intenso de repulsa hacia alguien que provoca el deseo de producirle un daño o de que le ocurra alguna desgracia.

En la actualidad, lo segundo impera: están quienes les desean el mal a otra persona, no importa a quien sea. Eso es lo que pretenden, aunque no lo expresen abiertamente. Caminan por la vida, además, sosteniendo sus banderas de verdades absolutas que no lo son tanto. No está mal no saber. No es un pecado. Lo terrible, es no saber, pero creer que se sabe, cuando en realidad se sabe poco de algo, solo por pereza intelectual. 

Y odian. No se cansan de odiar. 

Odian porque le indicaron, aunque no directamente, que debían odiar. 

Es odio inoculado, pacientemente. 

Es odio de clases, en ocasiones, paradójico, porque quienes odian, terminan por odiar a los de su misma clase, aunque se supongan pertenecer a otra clase, a la que son funcionales y a la que nunca les permitirán pertenecer.

No es el Covid-19, solamente. 

Para el mismo, por lo menos, han surgido vacunas.

Hay otro virus, que afectó a una parte de la sociedad.

Es el odio. 

No hay ninguna vacuna, por ahora, para el mismo.

Lamentablemente. 

 

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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