En algún momento se tendrán que hacer cargo de lo que hicieron

Opinión 07/03/2021 Por Fabián Menichetti
Primero militaron para que la gente saliera a contagiarse. También negaron la existencia del virus. Cuando crecieron los contagios, reprocharon que eso ocurriera. Posteriormente, defenestraron a la vacuna Sputnik V. Luego reclamaron que no haya suficientes vacunas para toda la población.
Covid Fallecimientos

Mientras la Argentina superó las 50 mil muertes hace semanas, quienes se rasgan las vestiduras, como si no hubieran tenido nada que ver con ello, parece que fueran los dueños de la verdad absoluta. Reprochan y han politizado algo que se ha llevado la vida de miles. 

La estrategia, más allá de los crasos errores del Gobierno, especialmente en la comunicación, además de los denominados "Vacunados VIP", que generó la eyección de un ministro de Salud, nada menos, ha sido y es clara: utilizar la pandemia del Covid-19 políticamente, un sector de poder, llámese como quiera, y ciertas comunicadoras/es.

En un país de memoria corta, no debe olvidarse que promovieron que las personas salieran a la calle, que no se cuidaran. Esto generó millones de contagios y miles de muertes. Cuando eso sucedió cuestionaron que eso estuviera ocurriendo. Es recordado un comunicador celebrando en un canal de noticias cuando le informaron que ascendía el número de contagios y de muertes en el país. Se excusó que era porque le informaban que se debía al rating su puño apretado. Inexcusable, vergonzoso y de baja estofa en los medios. 

No fue el único, por supuesto. Muchas y muchos, hicieron exactamente lo mismo. Se llamó a las medidas de aislamiento "infectadura", ejercitando una analogía con una "dictadura". Al parecer no observaron ninguno de los medios internacionales, con países centrales enfrentando la denominada "segunda ola", con restricciones y hasta con toques de queda. No dijeron nada. El mundo para ellas y ellos sólo se concentra con la pandemia en el país. 

Estuvieron quienes negaron la existencia del virus, que poco importa si emergió de un mercado de animales, un laboratorio o de un repollo. El virus existe desde el comienzo. Hizo estallar los sistemas de salud mejor preparados, y si eso no sucedió en Argentina, es porque aun con uno que había sido castigado, se pudo trabajar con el "diario del lunes", esto es observando lo que estaba sucediendo, por ejemplo, en Europa. Fue tiempo para preparar al sistema mixto (público y privado), con más hospitales, camas, respiradores. 

Los datos son contundentes sobre la incidencia del virus en la salud de la población. Sólo en Río Tercero, que es una ciudad mediana del interior, en octubre, cuando se produjo el denominado "pico" de contagios, la denominada "tasa de mortalidad" prácticamente se duplicó, comparada con el mismo mes de los dos años precedentes. En octubre de 2018, los fallecimientos fueron 35; en 2019, el mismo número; y en 2020, fueron 69.

¿Se necesita otro indicador para demostrar cómo afectó y afecta a la salud de la población este virus? Sin embargo, aún hoy están quienes niegan que la cuestión sea grave. El virus, que en realidad se llama Sars Cov 2, no Covid-19, que es la enfermedad que provoca, posee un alto nivel de contagio y en una franja etaria, los adultos mayores, personas con enfermedades prevalentes, puede complicarse, llegando a su cuadro más grave.

Los denominados "libertarios" y sectores opositores llamaron a manifestarse. Así, hasta se armó una especie de fiesta electrónica en Córdoba, frente al Patio Olmos en el peor momento de la pandemia, sin barbijos, sin distanciamiento. Mientras eso sucedía, a no muchos kilómetros, en el Hospital de Jesús María, fallecía un enfermero que había estado en la primera línea de batalla luchando contra el virus. Claro que no les importó.

En Buenos Aires, quemaron barbijos junto al Obelisco. Por esos días, enfermeras y enfermeros reclamaban ser considerados en la capital personal de Salud. A una de ellas un policía le rompió la frente de un cachiporrazo. Puede que ese efectivo o a quienes quemaban barbijos, esa misma enfermera los haya atendido, contagiados de Covid-19. Uno de los hombres, un adulto mayor, que salió a la calle en las primeras manifestaciones señalando que la pandemia era un invento, murió a los pocos días enfermo por el virus. 

Surgió, como si no bastara, un grupo de ¿profesionales? denominados "Médicos por la verdad". La verdad de estos irresponsables, fue desmentida por el sitio Chequeado, una por una, y no es precisamente una web gestionada por oficialistas. Los mismos sin ningún tipo de responsabilidad social, señalaron a lo Jair Mesías Bolsonaro, que de Mesías sólo tiene el segundo nombre, que esto era una "gripecita", un invento, si quiere. La "gripecita" o el "invento", se llevó a más de 50 mil vidas en la Argentina y millones en el mundo.

Y esos números, que no son una fría cifra estadística, sino vidas, familias que están llorando aún a sus seres queridos en un año. En el mundo suman cientos de miles los fallecidos, millones. Señalan que la gente no tomó las precauciones, no se cuidaron. Para miles, por no decir, millones de personas, lo señalado por algunos/as comunicadores/as, es sin dudas casi "palabra santa". Y les creyeron,  a quienes desde ciertos medios masivos los incitaban a no cuidarse en el peor momento. Los contagios, claro, se multiplicaron como las muertes.

En el funeral de Diego Maradona, desde el Gobierno se estableció que sería por ocho horas, en la Casa Rosada, ateniéndose al pedido de la familia. Era previsible que sucediera lo que ocurrió: miles y miles apiñados para despedir al ídolo popular. Es real que a la historia no se la puede detener a los empujones, y que el funeral, si hubiera sido en el Congreso, en un estadio o en donde fuera, sería multitudinario. Sin embargo, tratándose, como se lo planteó, de "un funeral de Estado", que debe ser de tres días, se generó lo que se generó.

Luego llegaron las operaciones mediáticas y políticas, porque ¡vamos!, dejemos la hipocresía en un costado, porque de eso se trató: se disparó en contra de la vacuna desarrollada por el Centro Gamaleya, la Sputnik V. Se aguardaba, se indicaba, la publicación en The Lancet, para que se avalara la misma. Especialistas de la ANMAT ya la habían recomendado al Ministerio de Salud. Habían viajado a Rusia, determinando que la misma podía utilizarse. Debe recordarse que la Sputnik V es desarrollada por un Fondo de Inversión Directo de Rusia. El acuerdo para adquirirla, fue entre dos estados.

A diferencia de las que compra el Estado a un laboratorio privado, en donde sí se requiere de la autorización de la ANMAT, en este caso, por tratarse de un acuerdo diferente, es "recomendada" en la emergencia sanitaria. Medios de llegada masiva y dirigentes se encargaron de demonizar dicha vacuna. Minimizaron al órgano de control nacional, que es reconocido mundialmente, señalando que era necesaria la publicación en The Lancet.

No solamente llamaron a esperar para que estuvieran los resultados en esa especie de biblia del mundo científico, sino que, como está señalado, colocaron en duda a un organismo que no tiene puntos oscuros en su haber, como es la ANMAT. Y, como si eso no fuera suficiente, se esparcieron una serie de fake news (falsas noticias), sobre supuestos efector adversos de la misma, que nunca existieron. Hasta se dijo que hubo muertes.

Sin embargo, aquellos que son denominados eventos relacionados con la inoculación, como los ocurridos con la vacuna de un gigante de los laboratorios de los Estados Unidos, que sí existieron, no dijeron absolutamente nada. Evidentemente se trató de una cuestión política e ideológica. Si hubiera llegado una vacuna desde Estados Unidos, con agua con sal en su interior, sin dudarlo, los detractores de la Sputnik V, la hubieran recomendado.

Una diputada por Córdoba, sin ningún tipo de reparos, en una sesión de la cámara baja, de manera ordinaria, ni siquiera irónica, que sería solicitar demasiado, a los gritos en un cruce con el presidente del recinto, manifestó: "Van a vacunar a los jubilados, van a vacunar a los argentinos sin saber qué mierda nos van a inocular". Otra dirigente opositora, afecta a lanzar bombas incendiarias al vacío, formuló una denuncia por "envenenamiento", y hasta esgrimió su teoría conspirativa con respecto a Rusia, Vladimir Putin y el Gobierno.

Por supuesto que dicha denuncia fue desestimada, pero todo esto sucedió y se reprodujo en entrevistas, con ciertas comunicadoras/es que ni siquiera, al dialogar con quienes manifestaban semejantes disparates, no hicieron lo que es una obligación en el ejercicio del periodismo, y más aun en un tema delicado como el citado: repreguntar. Ocurre que hace tiempo ya dejaron de ser periodistas. Son escribas y voceras/os de un sector.

Lograron su cometido: miles y miles de personas prefirieron esperar para recibir la vacuna, "la rusa", como la llamaban despectivamente, suponiendo que de inocularse las personas amanecerían al día siguiente con la imagen de Lenin o Putin en sus brazos. Ni siquiera escucharon o leyeron a quienes conocían del tema, a los especialistas, que seguramente no forman parte de una conspiración mundial, porque no les interesó tampoco escucharlos.

Los mismos recordaban la excelencia del Centro Gamaleya, con sede en Moscú. Por dicho instituto pasaron varios premios Nobel, y no solamente eso, su nombre es en honor a su creador, discípulo nada menos que de Louis Pasteur. Fue el segundo centro de vacunación contra la rabia en el mundo y, en tiempos más recientes, fue el que pudo desarrollar con éxito las únicas vacunas existentes contra el Ébola y el Mers, uno de los coronavirus.

Como está señalado, decenas de miles de personas, con semejantes manifestaciones sobre la primera vacuna contra el Covid-19 que comenzaba a aplicarse en el país, temieron de recibirla. Seguramente, hasta la esperada publicación en The Lancet, punto de inflexión para estos perversos/as, no se inscribieron y pudieron enfermarse. 

El caso más difundido fue el de una médica en Buenos Aires, que podría haberse vacunado con la Sputnik V. Tenía fecha para hacerlo, pero optó por esperar hasta que estuviera dicha publicación en la revista científica. Finalmente eso sucedió. La profesional tuvo un segundo turno para recibir el inoculante, pero poco antes de ello se contagió y falleció.  

El científico Ernesto Resnik, argentino que desarrolla su tarea profesional en los Estados Unidos, una de las voces más consultadas no sólo desde nuestro país por la pandemia, tras conocerse la noticia, publicó en su cuenta de Twitter que se hicieran cargo quienes emprendieron la campaña en contra de la vacuna Sputnik.

En su tuit, el biólogo molecular reprodujo una nota del diario La Nación, en donde se informaba sobre el deceso de la médica. Recibió un hostigamiento de "trolls" en su cuenta, además de un titular del propio diario: "El desafortunado tuit de un científico kirchnerista". Algunas de las publicaciones en la propia red social atacando a Resnik, provenían de personajes tan autorizados en la ciencia como el conductor televisivo, Horacio Cabak. 

El científico, no sólo recibió una carta abierta con colegas de todo el mundo solidarizándose por la campaña en su contra, sino que señaló: "Debió molestarle mi tuit sobre las consecuencias de la campaña anti-Sputnik". “El diario La Nación me dedicó una nota sin firma. Al editor debió molestarle mi tuit sobre las consecuencias de la campaña anti-vacuna Sputnik, campaña que se vio muy reflejada en ese medio”, señaló en su Twitter.

“Una pena que usen un medio nacional para trollear a un científico por simplemente opinar (lo hice muchas veces) que la campaña de desconfianza en una vacuna es peligrosa”, publicó en su Twitter. Y agregó el biólogo molecular, luego de lo sucedido en su cuenta de la red social: "Es decir, les molestó que los señalara".

Prosiguió cuestionando que además hicieran una nota así sin tratar de obtener mi testimonio habla de un medio con menos interés en el periodismo que en la propaganda. ¿Porqué me llaman "kirchnerista" en el título? Porque buscan predisponer al lector con el odio fácil para precisamente no tener que discutir esas cosas.

Sembrar la "duda" sobre Sputnik V y convencer a tantos de que era 'peligrosa' y que la evitaran tenía un fin político claro pero llevaba un riesgo serio: que alguno que pudiera no la usara por esas 'dudas' que cínicamente plantaron. Ocurrió. Hay una persona muerta y es muy triste. Pero hay también responsables, y LN / LN+ es uno de ellos. Mi tuit no fue sobre la víctima y estaba claro. Era sobre los victimarios, continuó escribiendo.

Una "carta abierta" de un periodista cordobés, dirigida a "los estados", cuando es una obviedad, leyendo el contenido de la misma, que se trata de un "Estado" al que estaba dirigida, cuestionó el manejo sanitario de la pandemia por los millones de contagios y los miles de muertos. Se olvidó de señalar algo que por supuesto no apuntaría en el escrito: él fue uno de los tantos que hizo lo que pudo desde su lugar de comunicador para que ello sucediera, con mensajes siempre procurando que no se respetara el aislamiento.  

Por supuesto sus mensajes, en esa línea, como el de otras y otros, que llegan a millones de personas, también se manejaron de la misma manera, con las usinas del poder y con quienes en medios más pequeños, solo reprodujeron lo que señalaban, sin indagar en otras fuentes, sin intentar, por lo menos, leerlas o escucharlas. Con eso hubiera sido suficiente.

Algunas y algunos que en los medios destrozan al periodismo que dicen ejercer, terminaron por contagiarse. No sólo aquí, sino en el mundo, porque sucede en todos los países, también fallecieron, lo que es triste, pero esa tristeza se multiplica de sólo pensar en que miles que les creyeron se contagiaron por no cuidarse y finalmente murieron. ¿Quién piensa en los miles de seres humanos que fallecieron a causa de la Covid-19 por esos mensajes?   

Estos escribas y voceros del poder, bien definidos/as a esta altura, por lo menos deberían haber elaborado un análisis más profundo en un contexto como el vivido de lo que es la "libertad", algo que se ha reiterado en infinidad de oportunidades en estas columnas de opinión: tengo la libertad, si lo deseo, de salir, no cuidarme y contagiarme, pero no de contagiar al resto. La libertad, no solamente es un bien individual. Debe ser colectivo.

Utilizaron el término "libertad" para todo aquello que fueron elaborando, no inocentemente, con paciencia, más allá de los errores del Gobierno. En conclusión, fueron y son en gran parte también las y los responsables de que la Argentina cuente con más 50 mil muertes y dos millones de contagios. Difundieron hasta el hartazgo las expresiones del expresidente en Francia, de vacaciones, cuando decía que allí se respiraba libertad. No contrastan esa expresión con lo que sucede hoy allí, con restricciones y aislamiento.

El comunicador, citado más arriba, y otros, indican algo que es real: la economía se desbarrancó, pero es algo que sucedió en todo el mundo. Ese análisis debería ser un poco más profundo. No venimos de una economía sólida como la de los países denominados "centrales", sino de un desquicio, no inocente, en una nación endeudada sin acceso al crédito. Observan en dónde estamos, pero no de dónde venimos. Parcialidad manifiesta.  

Esta semana dialogó quien escribe con Oscar Atienza, mágister en salud pública, docente universitario y uno de los profesionales que cuestionó duramente esta perversión, porque de eso se trata: crear en las personas la idea de que debían romperse las medidas preventivas, para que luego se generaran millones de contagios y miles de muertes, y posteriormente criticar, por supuesto, el "mal manejo oficial nacional de la pandemia".  

Lo mismo sucedió con las vacunas: primero tratar de que las personas desconfiaran de las mismas, especialmente de la Sputnik V, aprovecharse de la inmoralidad del denominado "Vacunatorio Vip", cuestionable por donde se lo observe, y luego salir a exigir porque no llegaban más vacunas al país, un bien escaso en el mundo, no sólo en Argentina.

Claro que no cuestionaron muchos grandes medios la intención blanqueada de la presidenta de uno de las principales fuerzas de la oposición de privatizar la entrega de vacunas, cuando es un bien público. "El que la pueda pagar que la pague", señaló. Tampoco reflejaron lo sucedido en la CABA, cuando se conoció que el gobierno de la capital distribuyó dosis en prepagas y distintas obras sociales, cuando es algo, las vacunas, que pagamos cada argentino/a, porque es un bien adquirido por el Estado. Lo invisibilizaron. 

Si no fuera por el pifie brutal con la Sputnik, hoy estarían ejercitando las mismas operaciones mediáticas denostando a una de las vacunas desarrolladas por China, la de Sinopharm, que ya está llegando a la Argentina.  Seguramente, desde lo ideológico, estarían actuando sobre el sentido común, como suelen hacerlo no sólo con este tema. Pero hasta ahora, a quienes se colocaron dicha vacuna, como no les surgió en sus brazos la imagen de Lenin, con esta no surgió la de Mao Zedong o una bandera roja con estrellas amarillas. 

En algún momento, por todo esto, por lo citado, deberán hacerse cargo de las operaciones que se montaron en ciertos medios, en una arquitectura diseñada con un sector político y económico, de manera inhumana. Deberán hacerse cargo de lo que provocaron, con mezquinos intereses. "Hay que entender que la pandemia es política", dijo Atienza.

"Pero la historia siempre pone las cosas en su lugar, deberán hacerse cargo", concluyó.  

Ojalá, como lo señala el profesional, la historia coloque las cosas en su lugar.

 

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

Te puede interesar