Emotivo encuentro en Río Tercero por Marilena, la joven fallecida tras salvar a un niño (Video)

El sábado, una semana después de que Marilena Bossio perdiera su vida en el lago Cardiel de Santa Cruz, luego de salvar a un nene de ocho años, fue recordada en su ciudad, Río Tercero, con un emotivo encuentro en la Plaza Esperanza.
Marilena Recuerdo

La Plaza Esperanza. Así se llama el lugar elegido de Río Tercero para despedir, recordar, y valorar la acción de Marilena Bossio. Se trata de la joven médica veterinaria de la ciudad que el sábado 27 de febrero perdió su vida en el lago Cardiel, en la provincia de Santa Cruz. 

Allí estaba, con unas amigas, cuando tomó un kayak y se introdujo en las frías aguas de ese lago. El pequeño Mateo, de ocho años, era arrastrado por las olas, agitadas por un temporal que se desató repentinamente.  Marilena no lo dudó, señalan quienes estaban allí: llegó hasta el niño y le colocó su salvavidas. A pesar de ser una excelente nadadora, no pudo alcanzar otro que le arrojaron, ni tampoco logró llegar a la costa de ese lago del sur. 

La tormenta se hizo más fuerte y el agua se agitó aún más. El kayak en el que estaba la joven, como otros que se encontraban en el lago, volcó. Marilena, lo intentó, pero no pudo salvar su vida, aunque sí le brindó la oportunidad de preservar la suya al niño. Tras cuatro horas, pudo ser rescatado. Tres personas más, de Gobernador Gregores, fallecieron, como Marilena: Daniel Barría; su hermano Javier Barría; y Elsa Raquel Martínez. 

La joven es considerada una heroína. Medios no sólo del país, destacaron en sus portales, esa acción. Su mamá María Alicia y su papá Víctor, señalan que ella era así: brindar todo por los demás. Lo dicen sus amigas, amigos, sus compañeras y compañeros, además de sus docentes de la Universidad Nacional de Río Cuarto, en donde se recibió de médica veterinaria. Y sí, sobre su calidad humana, lo puede señalar también quien escribe, que la conoció desde que era apenas una beba, cuando intentaba sus primeros pasos.

Siempre tenía una sonrisa para ofrecer. Todos quienes la conocieron, concuerdan: así era, una chica solidaria  y con un amor infinito por sus semejantes, por los animales, la naturaleza. Por ello, nadie, de quienes sabían de su manera de ser, puede o pudo sorprenderse de esa decisión: arriesgar y finalmente cambiar su vida por la de Mateo.

El recuerdo de Marilena

Es sábado. Es marzo. Amaneció nublado pero surge el sol y se anuncia calor. En la Plaza Esperanza está todo listo para recordar a Marilena. La invitación, para quienes quisieran concurrir, era llevar una flor, la que desearan. Allí están las imágenes de la joven y una multitud de flores. Allí están sus amigas, sus amigos, vecinas y vecinos, sus compañeras y compañeros de la Universidad Nacional de Río Cuarto. Allí están su madre y su padre. El acto de heroicidad de su hija seguramente mitiga en algo el dolor, pero es apenas eso. 

También está una pareja de Gregores, los primeros que los recibieron a María Alicia y a Víctor, cuando llegaron al aeropuerto de Río Gallegos. Todo se precipitó en un día, en pocas horas. Tomaron un vuelo en Córdoba y hacia allí partieron. Los recibieron en la provincia del sur. Fueron ellos los primeros en fundirse con los padres de Marilena en un abrazo.

Esa pareja quiso estar en Río Tercero, acompañar a los afectos de la joven. Mientras quienes están en la plaza enjugan (enjugamos) lágrimas, saludan y abrazan a los padres de Marilena, quienes organizaron todo, señalan que así ella hubiera querido que la recordaran: en un sitio así y de esa manera. Es una despedida y simultáneamente una bienvenida a su ciudad, en donde creció, dolorosa, por supuesto, porque nada la traerá nuevamente. 

Sin embargo, la sensación es que Marilena está. Está en el recuerdo de quienes la conocieron y en quienes valoran su acto. Está en los trinos de los pájaros que vuelan entre los árboles que adornan la plaza y en el soplar de un viento apenas perceptible a esa hora.

También está en la evocación religiosa de un sacerdote y en las palabras de quien llegó de Gregores, en Santa Cruz, población que está de duelo porque se marcharon tres vecinos, pero se salvó Mateo, gracias a la joven. Con la voz entrecortada señala que en esa localidad del sur, ella, sin dudas, estará en una plaza con su nombre, en una calle, en un espacio público. Dice que cuando lo observen al pequeño Mateo, también la verán a Marilena.  

Está en las palabras de sus amigas y amigos, embargados y embargadas por el dolor, pero también por el orgullo de conocer que ella se marchó fiel a su amor por el resto. Y está en un árbol que ya crece junto al Piedras Moras, en donde en tantas ocasiones nadó Marilena.

Sus compañeras y compañeros de la universidad llegaron también para realizar ese acto que perpetúe su memoria, que crezca allí, junto al espejo de agua, ese que en tantas ocasiones había cruzado a nado, cerca de su hogar. Y está también en la voz y en la guitarra de la joven que interpreta esas canciones folclóricas, de las peñas, que tanto le gustaban. 

Sí, sin dudas, el dolor es infinito, tanto como lo será ahora el recuerdo. Su acto heroico, seguramente apenas mitiga la primera sensación, pero como lo describió una profesora de la universidad en donde estudió, apenas conocido su fallecimiento y su acción por salvar al pequeño Mateo: "Que nuestras lágrimas se lleven tanto dolor y este, se convierta en la energía para seguir adelante, porque son personas así, las que cambian el mundo".

Esa es la esperanza para menguar el dolor. Ese dolor. La esperanza de que los actos de amor al prójimo, como el de Marilena, se repliquen para cambiar este mundo, que con estas acciones nos otorga una luz que puede alumbrar, aunque más no sea, un futuro algo mejor.

Tal vez no haya sido una casualidad, sino una causalidad, que el lugar elegido para recordarla, haya sido una plaza, que circunstancialmente por una calle se llama "Esperanza".

Personas como Marilena, son las que otorgan la esperanza de otro devenir posible.

Seguramente, aunque ello apenas mitigue el dolor.

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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