El triste recuerdo de 2020 y la esperanza colocada en 2021

Análisis 02/01/2021 Por Fabián Menichetti
El 2020 comienza progresivamente a ser historia. En el futuro, será recordado como el año en donde la pandemia colocó a la humanidad en su peor momento. La esperanza, es que 2021, apenas nacido, sea el final de esa pesadilla.
2021

Sí. Es real. La despedida del 2020, no fue como la de otros años. Representó para la mayoría esa llegada de la medianoche una especie de desahogo. Nunca, un nuevo ciclo de 12 meses, fue esperado como el de 2021. Por lo menos, nunca ocurrió en la historia más reciente. El año que comenzó a ser historia, no será bien recordado.

Por supuesto que en muchos casos puede haber tenido cuestiones interesantes y positivas en aspectos individuales, pero el humano es un ser social, y por ende, en el colectivo, 2020 fue un año fatídico. Es imposible no observarlo de esa manera, si quien lo hace, no tiene, por ejemplo, apenas un poco, sólo un poco de empatía.

En la noche de cierre del año, en la Argentina, hubo más de 40 mil sillas vacías; en el mundo, fueron casi dos millones de sillas vacías; y si cada quien se remonta a su lugar, a su comunidad, también habrá encontrado sillas vacías. En Río Tercero, donde se escribe esta columna, fueron 78 esas ausencias generadas por la pandemia. 

También es cierto, y no menos triste que, como en otros años, la pérdida de seres queridos, conocidos, afectos cercanos, por diferentes patologías, que se marcharon, como sucedió en el ya "año pasado", en esta oportunidad ese dolor de la partida se potenció. Eso es lo que hizo a dicho año dolorosamente insoportable.

Como ya se ha planteado en este sitio de noticias, sólo como ejemplo, en base a la información oficial del Registro Civil Municipal de Río Tercero, en octubre, cuando se produjo la mayor cantidad de contagios por Covid-19 y fallecimientos, comparado el mismo periodo con los dos años previos, la tasa de mortalidad casi se duplicó en la ciudad.

En octubre de 2018, fueron 35 las personas fallecidas; en el mismo mes de 2019, también fueron 35; y en el de 2020, los decesos llegaron a 69. De los mismos, según los reportes diarios enviados por el municipio, 46 en ese mes fueron las personas que dejaron de existir por las complicaciones generadas por el virus que azota al mundo. 

Quien analiza, de esa manera, el año que se acaba de cerrar, encontrará, sin dudas, que el mismo por la pandemia y que lo cambió todo en el planeta, fue cruel. Y no es que el que se inicia, en sus primeros tiempos, en ese sentido, lo será menos. Se conoce lo que sucede en el hemisferio norte. Pero el 2020, desde marzo lo fue.  El 2021, llega con la expectativa de que algo comience a cambiar.

Por lo menos, el cambio de ciclo en ese calendario gregoriano con el que nos regimos en esta parte del mundo, colocó un punto y aparte, una renovación de la esperanza en que el año que llega sea algo menos caótico, que surja una vacuna o más vacunas, un tratamiento o más tratamientos, que detengan la pérdida de vidas, que le permitan a la sociedad recuperar el curso de una rutina que de un día para el otro se perdió por la pandemia.

Nunca, las generaciones que vivimos en este tiempo, observamos semejante desbarajuste planetario. No solamente nos sorprendió el coronavirus, sino, además, lo que este generó: confinamientos para evitar los contagios, de un momento a otro; temores; un derrumbe de la economía de los países con cuarentenas o sin cuarentenas, porque el problema era la pandemia; actos solidarios y de arrojo, dignos de ser rescatados, pero también miserias humanas, no materiales, sino en las acciones, que sólo restaron o sumaron más confusión.

Como ya se ha planteado hasta el cansancio en cada una de estas columnas, no debe olvidarse a quienes se aprovecharon de lo sucedido, muchos y muchas comunicadores o comunicadoras, también dirigentes, que propiciaron que se generaran más contagios y más fallecimientos. Eso también sucedió en 2020. Fue un juego perverso, en donde se exigió "libertad", sin comprender, o sí, pero lo hicieron igual, que en una situación como la que se planteó a nivel planetario, el concepto de "libertad" puede y debe comprenderse desde lo colectivo: puedo ser libre de contagiarme, pero no de contagiar a los demás.

Lo mismo sucedió con las vacunas, antes de cerrar el año. Fueron y son notables las operaciones en diferentes medios masivos. La llegada de una vacuna desde Rusia, hizo que se la llamara, a secas, la "vacuna rusa", mientras que a la que se elaboró en los Estados Unidos, se la llamó (y llama) por el nombre del laboratorio. En realidad, como lo plantean los especialistas, quienes conocen: no importa de donde provenga una vacuna, lo importante es que permita comenzar a terminar con esta locura que hizo temblar al mundo. 

Más allá de todo lo malo que dejó el 2020, existieron detalles, que ante semejante desastre, pueden rescatarse. Aquello de que "ante cada problema surge una oportunidad". En ese contexto de confusión global, en primer término, la naturaleza le enseñó a la humanidad que puede haber sido castigada durante décadas, pero su poder de recuperación fue notable. Con la cuarentena en los diferentes países, los ríos se limpiaron. Hasta el agua de la contaminada Venecia dejó observar a la fauna marina. Los animales, confinados en sectores puntuales, salieron y se dejaron observar. ¿Nos puede haber brindado una enseñanza?

Un párrafo aparte y especial, es para el personal de salud. Muchas y muchos, dejaron hasta su vida para salvar a las de otras personas. Lo siguen haciendo. Otras y otros, en las primeras líneas, batallando contra el virus, se contagiaron, pero pudieron sobreponerse. La sociedad (la mayoría), comprendió la importancia de un sistema de salud sólido, integrado, entre lo público y lo privado, con personal que debe estar bien remunerado, con los insumos necesarios y especialmente con la atención por parte del Estado o de los sectores privados para que ese derecho esté garantizado. Todo ser humano tiene derecho a la atención sanitaria. Una cama, si necesita ser hospitalizado. Todo ser humano. Sin excepción.

La ciencia, y sus integrantes, en el caso de la Argentina, demostró y demostraron, que la inversión en ésta, no sólo que es necesaria, sino que es imprescindible. Si la misma no hubiera estado sujeta al cíclico proceso de desfinanciamiento, en diferentes etapas de la historia, puede que hoy el país estaría elaborando su propia vacuna, sin depender de otras naciones o de los gigantes laboratorios internacionales. No obstante la ciencia con sus integrantes demostraron que aun así, la excelencia de la misma está más viva que nunca. Un ejemplo, entre tantos, es el denominado "suero equino", desarrollado por un equipo de especialistas, entre ellos un  biólogo y microbiólogo riotercerense. Dicho tratamiento, completó la fase tres, demostrando que reduce la letalidad del coronavirus en casi la mitad.

La sociedad debió reconvertirse, con nuevos caminos; acceder a tecnologías hasta el momento utilizadas, pero no tanto (se incluye quien escribe) para sortear lo que estaba sucediendo. Lo que hubiera insumido un lustro o una década, por imposición del aislamiento producto de la pandemia, se gestó en un año. Es sólo un consuelo que no repara en nada a lo otro: la necesidad de abrazar a nuestros mayores, sin temor a contagiarlos. No suple las ausencias, esas, citadas en el comienzo. A sus familiares, nadie le puede explicar de lo terrible que fue 2020. Ellos, mejor que nadie, conocen del daño que provoca este virus.

Descubrimos en el año que se fue ( y continuamos haciéndolo ahora), el valor de lo que antes no tenía, a simple vista, tanto valor. Lugares cercanos por los que pasábamos, sin prestarle demasiada importancia; el valor de los abrazos, fuertes, pero también sinceros; las reuniones sociales y las familiares. Descubrimos (la mayoría), de la importancia de los vínculos que se perdieron y de la importancia de cuidarnos, para cuidar de los otros.

Más allá de ese aprendizaje, el que, ojalá, cuando esto que padecimos sea historia, se repase en los libros de papel o virtuales del futuro, algo haya quedado, permanecido, del año que ya es pasado, hace nada, cuando la realidad de algo invisible pero muy peligroso, nos pegó a la humanidad una bofetada en el medio del rostro, está ese costado terrible, que hoy, aún no ha concluido. Están las primeras vacunas, pero la pandemia continúa.

Seguramente deberemos esperar. Sin dudas, deberemos esperar. Lo grafica una viñeta de "Fechu", dibujante que elabora para esta web las mismas. Una persona le señala a la otra: "Haciendo un análisis positivo para el año próximo (por 2021), como al 2020 lo empezamos sin pandemia y lo terminamos con pandemia, por ahí al 2021 como lo empezamos con pandemia, lo terminamos sin pandemia". Ojalá que así sea. Esa es la esperanza.

El año 2020, comienza a ser historia. Fue un periodo que nos cambió a todas y a todos, de alguna manera. También lo hizo con quien escribe, y seguramente con quien lee. En 2020, hubo, como está señalado, demasiados actos solidarios, aunque también, hay que señalarlo, mucho odio. Se observó en manifestaciones, en las redes sociales, potenciadas por ciertos sectores que aprovecharon la pandemia para hacer su juego. Para esa enfermedad de quienes son especialistas en diseminar el odio por los demás, no hay vacuna posible.

Por supuesto, está convencido quien escribe, la gran mayoría de la sociedad no odia. Está cansada de las muestras de odio. Ocurre que quienes lo expresan, que suelen ser minorías, funcionales a ciertos sectores que lo propician, son ruidosas y se hacen notar un poco más. Es increíble, porque de hecho es así, que existan sectores y comunicadores, que apuesten a que el virus haga algún estrago más; que las políticas sanitarias fracasen; que la "vacuna rusa", como le dicen, provoque muchos, pero muchos, demasiados "efectos adversos". Es más, la llegada de la Sputnik V, y el inicio de la inoculación, generó molestia en algunos. 

Para ese sector y esa enfermedad del odio, no hay vacunas. No obstante, como está señalado, la sociedad, en su gran mayoría, no odia. Aguarda que el 2021 se ilumine con una luz, que no estuvo en 2020. La humanidad, la necesita ahora más que nunca.

Quiere un 2021 con la pandemia en retirada.

Quiere un 2021 en paz.

Ojalá que así sea.

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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