Sobre los caranchos que ni siquiera esperaron que pasara el duelo

Análisis 27/11/2020 Por Fabián Menichetti
Diego Armando Maradona, después de su muerte, como en su vida, generó lo que siempre generó: movilizar a multitudes. Los caranchos no tardaron en aparecer.
Carancho 1

Las comparaciones. Toda discusión, todo debate es político, por más que les pese a quienes se dicen que son "antipolítica", porque están adoptando una posición política. El ser humano, en sí, es un animal político. 

El "carancho" es un ave que puede apreciarse en distintas provincias. Y, en este país, pródigo en aplicar calificativos, quienes son llamados así, son los que corren detrás de un accidente, para luego litigar y ganar en nombre de las víctimas. Pero no son los únicos. 

En realidad se adopta el término porque el carancho es un ave carroñera. Se nutre de lo que dejó la muerte, literalmente. Y obviamente, con la muerte de Diego Maradona, surgieron los caranchos que son oportunistas.

Ni siquiera respetaron el duelo por un rato. Ni siquiera eso. El error de cálculo del Gobierno en la masividad de la despedida de un ídolo popular, potenció esa "caranchada". No contempló, es obvio, el Gobierno, que ofrecerle la Casa Rosada a la familia, con un horario acotado en el velatorio, sería inviable para tanta gente.

Se le otorgó a Maradona lo que se le otorga a personajes populares: un funeral de Estado. Pero los funerales de Estado implican más tiempo, no apenas unas horas y en apenas una jornada. Ese fue el mayor error de cálculo.

Después del funeral, era obvio, los caranchos reclamaron que el mismo se hubiera realizado en plena pandemia. Todo eso sucedió, no después de días, sino, apenas después de horas de la muerte de Diego Maradona. Lo plantearon ciertos dirigentes públicos y lo hicieron ciertos comunicadores, que ni siquiera respetaron el duelo, cuando no había pasado nada del fallecimiento y de la despedida. A las lágrimas de cocodrilo iniciales, el desbande en el velatorio de Maradona, les vino de maravillas para su juego a quienes enjugaron esas lágrimas hipócritas. Era lo que estaban esperando. Sin dudas, lo estaban esperando.

Los caranchos estaban revoloteando y por fin se abalanzaron. Pero las aves, lo hacen por instinto. Los seres humanos llamados así, lo hacen por conveniencias, en este caso, políticas, sectoriales, ideológicas, o lo que sea, y decididamente por odio. No. Ni siquiera respetan a la muerte. No les importa. Juegan y se nutren de la misma. Es el odio más elevado de la condición humana. No tienen límites en sus perfiles ideológicos o de lo que sea. 

Por supuesto que jugaron y juegan con una ventaja: Maradona ya no está para opinar al respecto, porque si estuviera, seguramente no se hubiera ahorrado, considerando que no tenía medias tintas, adjetivos sobre ciertos personajes, que primero plantearon su fingido dolor en medios y redes sociales, para después despotricar en contra de lo que representó su fallecimiento, no en Argentina, sino en todo el mundo.

No lo dicen, pero rescataron el asco por su origen humilde. En su interior, sin dudas, lo siguen considerando "un negrito de mierda", continúa siendo insoportable por sus simpatías políticas e ideológicas. Porque, dejemos de lado las hipocresías, eso es lo que realmente les molesta de Maradona, aún después de muerto. Lo otro, es simplemente teatro, usando términos futbolísticos, "para la tribuna". No soportan que haya sido incorrecto para el poder, porque no era políticamente ni socialmente correcto. 

Con respecto al funeral en medio de una pandemia, si no se realizaba en la Casa Rosada, hubiera sido en cualquier otro lugar y habría sido igual de multitudinario. Era un hecho social inevitable. ¿La Historia se mueve sola, qué ibas a hacer, pararla a tiros?, respondió el Científico. Biólogo Molecular, Inmunólogo, Biotecnólogo,  Ernesto Resnik, a una de las personas que cuestionó su punto de vista acerca de la multitudinaria despedida. 

Lo señalaron especialistas. Y consideraron que lo único que se podía hacer era tratar de que se respetara el distanciamiento, algo que medianamente sucedió en el comienzo del velatorio, pero que fue imposible luego, por errores propios de la actual gestión que, todo indica, no previó (debería haberlo hecho), que en tan pocas horas, más allá de la decisión familiar, sería inevitable que semejante multitud, por más rápido que fuera el pasar por la sala con el féretro, se hiciera definitivamente inmanejable, aún si se extendía tres horas.

Suena extraño que quienes reclaman ahora que esa multitudinaria manifestación de despedida, desordenada, sin dudas, en la pandemia, representó un riesgo de contagio, cuando fueron los mismos y las mismas que durante nueve meses estuvieron reclamando para que se liberara todo. Ahora, resulta que les preocupa el riesgo de contagio, cuando fueron los y las principales artífices de que se generaran en pos de la "libertad individual", no de "la libertad colectiva", claro, manifestaciones en el propio pico de la pandemia.

Pero en ese momento, según sus reduccionistas, parciales e interesados criterios, estaba bien hacerlo: salir a la calle, concentrarse en medio del momento con la mayor circulación del virus. Eso no era reprochable. Faltaba más. Hasta una fiesta electrónica se armó frente al Patio Olmos en Córdoba, pero no existieron cuestionamientos de quienes hoy se rasgan las vestiduras por la salud o el riesgo de contagios. Demasiados predecibles e hipócritas.

Y no sólo sucedió eso, sino, además, la represión alocada de la policía, con postas de goma y gases lacrimógenos. Una policía, la de la capital del país, que tiene lentes cromáticos colocados desde hace años por quienes la crearon, al momento de reprimir: depende del color de piel y del color  social. No fue, obvio, el mismo trato para quienes se manifestaban quemando barbijos y agrediendo a periodistas, destruyendo móviles, en medio del pico de la pandemia, que el que se les otorgó a quienes querían despedir a su ídolo.

Por favor, basta de hipocresías difíciles de digerir, con una elevada cuota de odio. Están quienes nunca lo amaron a Maradona, como falazmente escribieron en sus redes y salieron a decirlo por medios masivos. Lo odiaron. Y lo odian. Por lo menos que sean coherentes con lo que piensan y pensaron. Qué lo digan, que lo griten, si lo desean. Pero no lo harán, es obvio. Como se ha escrito en estas columnas: Maradona se trascendió a sí mismo. Y por ello, los caranchos (as), se aprovechan de su muerte, porque conocen que pueden incidir en el pueblo, que es mayoría, que es masa, porque Maradona fue eso, sencillamente pueblo. 

Maradona nunca renegó de sus orígenes. Fue un dios humano, un dios imperfecto, como lo escribió alguna vez Eduardo Galeano, pero fue alguien que dijo lo que tenía decir y no le interesó sentirse cómodo con el poder. Pudo haber estado junto al poder del mundo, y sin embargo lo cuestionó. Y los escribas y representantes de ese poder por aquí, al que se animó a enfrentar, no se lo perdonaron antes. Tampoco ahora. Los más triste, es que un sector de la sociedad compra otra vez ese discurso pérfido y fétido, insoportable.

Que sean de una vez coherentes y consecuentes con lo que piensan. Que lo pongan en claro, de una buena vez: la coherencia entre sus pensamientos y sus acciones. Que lo señalen, además: que esas manifestaciones de repudio en referentes políticos, a algo que era popularmente inevitable, y a lo que salió mal en ese contexto, lo puntualizan, en el contexto de la pandemia, no por la despedida de Maradona, sino porque se aprovecharon del contexto de desorden y de la pandemia, para generar el malestar que siempre generan. Y lo lograron, generándose el debate, porque son los y las creadores de la "grieta".

Algunos memes y frases lo dejaron más que claro, porque no solamente son básicos y básicas, sino, burdamente y sin vergüenza, demasiados/as explícitos/as y predecibles. 

Ellas y ellos, los caranchos y caranchas, que se nutren ahora de su muerte, dispersando sus mensajes en parte de la sociedad que cree en los mismos, hasta que deje de creerles, no conocen de coherencias. En realidad no les interesa ser coherentes. Son lo que son.

Lo hicieron, por ejemplo, señalando que René Favaloro, tuvo un sólo día de duelo, y Maradona tres. Estamos de acuerdo, Favaloro debería haber tenido no uno, sino 10 días de duelo en el país, y Maradona también, pero por lo menos no deberían ser, ex profeso, claro, de memoria tan breve, tan extremadamente corta, tan austera. No les conviene la memoria.

Favaloro, decidió lo que decidió, porque estaba cansado de reclamarle al gobierno de entonces lo que le adeudaba el PAMI. Su fundación se encontraba en una crisis financiera. 

El triunvirato del PAMI presidido por quien es hoy el jefe de Gobierno de la CABA, Horacio Rodríguez Larreta, no le brindó respuestas. Una carta, enviada al entonces presidente, Fernando de la Rúa, llegaría demasiado tarde. Y sucedería lo que se conoce que sucedió.

Por ello, ese y otros mensajes, instalando una dicotomía ideológica y hasta clasista, es lo que indigna. Y lo que es peor, que se apele a ello, borrando una parte de esa triste historia. 

Eso sí, nunca, jamás, quienes se aprovechan de la muerte de Maradona, que tuvieron desprecio de lo que dijo, políticamente incorrecto y socialmente incómodo, para hacer lo que están haciendo, tendrán a un artista urbano que pinte sus rostros con la bandera del país, en las ruinas de un edificio derruido por los bombardeos en Siria.

Nunca tendrán, al otro lado del mundo, como sucedió en China, una enorme torre iluminada de celeste y blanco con la imagen proyectada de sus rostros.

Nunca tendrán al capitán del mejor equipo del mundo de rugby, los All Blacks, avanzando hacia Los Pumas, que bastante que desear dejaron, en su mínimo o nulo homenaje a Diego, con una casaca negra, con el 10 y el nombre de Maradona, dejándola allí, como una ofrenda, un tributo, al equipo del país en donde nació.

Nunca tendrán a una ciudad, en Europa, más concretamente en Italia, llorando por ellos o ellas, y menos aún, ni siquiera tendrán un mosaico (en este caso fue un estadio) que sea bautizado con sus nombres. 

Nunca tendrán a estadios completos con sus figuras o partidos que se detengan en sus memorias, como sucedió en los últimos días. Y no sólo en el fútbol.

Nunca tendrán un cartel en algún aeropuerto europeo, desierto y en silencio, con sus imágenes y sus nombres.

Nunca tendrán a líderes mundiales, referentes internacionales, escribiendo frases de despedidas, sentidas frase de despedidas.

Nunca, pero nunca tendrán a 60 tapas de los 60 diarios más leídos de todo el planeta, con sus portadas dedicadas a ellos y a ellas.

Nunca, pero nunca, tendrán a 22 tipos en Francia, formando la primera letra de sus apellidos en el centro de un estadio, como lo hicieron con la "M".

Nunca, pero nunca, tendrán a la premier ligue inglesa, aplaudiéndolos durante un minuto, mientras en una pantalla gigante se apreciaba el gol a los ingleses, sí a los ingleses, y uno de los mejores técnicos del mundo, Lanceloti, llorando en una de esas despedidas.

Y podríamos continuar. 

Nunca, pero nunca, generarán una décima de lo que generó Maradona.

Nunca tendrán nada de eso, y menos que eso, porque el tipo era eso, el que surgió de una villa empobrecida, fue rico y no se olvidó de sus orígenes, aceptó sus errores, sus pecados, como él mismo lo dijo, y pagó por ellos, navegó en sus contradicciones, pero fue brutalmente sincero, aunque su sinceridad le costara mucho más que un reproche.

Nunca tendrán eso, porque el odio, la falsedad, el oportunismo, no otorgan eso.  

Por un momento, aunque más no sea, que lo dejen descansar en paz a Maradona.

Por una vez, sólo por una vez, se lo merece.

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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