Diego Armando Maradona: el surgimiento de la leyenda después de la leyenda

Análisis 25/11/2020 Por Fabián Menichetti
Diego Armando Maradona, no sólo fue el jugador calificado como el mejor de todos los tiempos. Fue alguien que no dudó en decir lo que pensaba, aún conociendo que eso le saldría caro, "eso" que para algunos sectores era políticamente y socialmente "incorrecto". Tal vez por el fútbol, por su magia con la pelota y por su irreverencia, por todo eso que representaba Maradona, se convirtió en una leyenda en vida.
Maradona Bandera

Es imposible separar al jugador del ser humano. Muchas y muchos solían señalar: "Como jugador el más grande, pero no como persona". La pregunta más lógica sería: ¿Quién tiene, acaso, el humanómetro para determinar quién es mejor persona que otra? ¿Quién puede ser juez y fiscal social de otras personas?

Diego Armando Maradona, el que llorando se despidió de la práctica activa del fútbol, señalando;: "Yo me equivoqué, pero la pelota no se mancha". Hoy la pelota, sin dudas, llora por el que mejor la trató.

Diego, el "Pelusa", como lo llamaban, era todo lo que era, sin medias tintas y sin hipocresías. La muerte no santifica a las personas, tampoco a Maradona, pero Maradona dijo lo que dijo y nunca se desdijo. Nunca se arrepintió de que molestara a quienes no comulgaban con sus expresiones, ni que se enemistaran con él.

Maradona jamás renegó de su origen humilde. Por el contrario, lo rescató. No perdió su condición de clase. Y prosiguió con ello en Nápoles, su Villa Fiorito italiana. Ese equipo del sur de Italia, esa región de la bota europea, postergada, pobre y olvidada, en contraposición con el norte, hizo que los más encumbrados equipos de ese país debieran rendirse a sus pies. No es casual que Nápoles hoy lo llore como si fuera su país. Reivindicó a ese sur pobre, colocandolo en lo más alto, desafiando a los poderosos, aunque más no sea través del fútbol.

Tal vez muchos no lo conozcan, pero en la misma Inglaterra, a cuya selección le pintó la cara en México '86, concretando más allá del gol denominado "la mano de Dios", el mejor tanto en la historia de estos torneos, fue reivindicado hasta con una teoría económica por lo que había hecho. Fue llamada "La teoría Maradona".

Mervyn King, un aficionado al fútbol, era presidente del Banco Central de ese país. Usó el impactante gol para ilustrar cómo puede reaccionar la gente a lo que piensan que uno hará, en lugar de lo que realmente está haciendo. Maradona hizo un recorrido casi recto en la cancha, empezando desde su propio campo, mientras dejaba atrás a varios jugadores ingleses que habían tratado de anticipar incorrectamente sus movimientos.

Sí, están quienes cuestionaron su ideología, pero la tenía, como la tienen muchas y muchos, aún no conociendo que la tienen. Maradona era un admirador del "Che" y de Fidel Castro. En su cuerpo se marcharán con él los tatuajes de ambos. Diego falleció, casualmente, en la misma jornada que el primero, hace cuatro años. Maradona era simplemente eso, como lo somos todos, con nuestras ideas, virtudes, defectos y contradicciones. Pero claro, era Diego Maradona, con todo lo que eso representaba y representa, aún después de su muerte.

A diferencia de quienes siempre intentan ser correctos políticamente, Maradona no lo era. Si tenía que decir que la FIFA era un nicho de corrupción, lo señalaba.  Y lo dijo. Si tenía que expresarse por las riquezas del Vaticano, y cuestionarlas, lo hacía. Y de hecho sucedió. O disparar sus opiniones sobre los Estados Unidos. También lo hizo. Fue, inclusive, antes de que se jugara el Mundial de 1994 en ese país. Era un torneo, con los primeros partidos, que indicaba que la selección caminaba directo al título. Luego se conocería lo de la efedrina.

Y ocurrió lo que ocurrió: fue "sorteado" para el testeo del doping. Por primera ocasión en la historia de los mundiales, fue transmitido en directo a todo el planeta por televisión como una mujer alta y rubia lo llevaba de un brazo al antidoping. Llamativo. Luego llegaría la conferencia de la FIFA. Posteriormente se conocía la suspensión en el torneo de Diego, y la selección ya no sería la misma. Aquel mundial sería de Brasil, en una deslucida final, definida por penales con Italia. No era el mundial de la selección ni de Maradona. No debía serlo.

Maradona, seguramente, pudo haber vivido cómodamente, no diciendo lo que no querían que dijera, y estar bien con el poder. No quiso eso. Algunos han señalado que Diego debería haber sido un "modelo" desde su posición de mejor jugador de todos los tiempos, como si no hubiera tenido demasiado con ser nada menos que Diego Maradona, el mejor jugador de todos los tiempos. Sería bueno, además, definir el concepto de "modelo". 

Maradona era lo que era y no tenía miedo de serlo. Eso, es tal vez lo que pocos comprendieron. Nunca ocultó su problema con las adicciones. En una película realizada por el serbio, cineasta y músico, Emir Kusturica, denominada Maradona by Kusturica, indicó: "¿Sabés que jugador hubiera sido si no hubiera tomado cocaina? ¡Qué jugador nos perdimos! Me queda el mal sabor en la boca, de que hubiera sido mucho más de lo que soy".

Quien escribe fue contemporáneo de Maradona, ergo, disfrutó de su magia en el fútbol. Lo pudo observar jugando por la televisión como también pudo verlo a su retorno en el entonces Chateu Carreras de Córdoba. Quienes fueron contemporáneos del mejor de todos los tiempos, es imposible que olviden lo que significó no sólo como jugador sino como capitán del seleccionado. Representó el todo, sin dudas, con la celeste y blanca.

Se cargaba, por decirlo de alguna manera, el equipo al hombro. Más allá del mundial de 1986, en donde concretó el gol más recordado de los mundiales, estaba lo otro, como bancarse otro mundial, el de Italia, en 1990, insultando a quienes silbaban al Himno Nacional o llorando cuando terminó la final, en donde se consagró Alemania, imponiéndose sobre la Argentina, con el recordado y polémico penal. O, lo que era tal vez el agregado más impactante de aquel torneo: jugarlo con un tobillo en el que no calzaba su botín por lo inflamado.

Quienes fueron contemporáneos de Diego, recuerdan, muchas y muchos, una imagen, una secuencia de su vida y de su magia como futbolista. Quien escribe era muy pequeño cuando se concretaba el pase de Maradona de Argentinos Juniors a Boca. Recuerda no un gol ,sino una entrevista. Le preguntaban que sería lo primero que haría. Respondía que con el dinero por ese pase, en principio, le compraría una casa para sus padres.

No sólo es en la Argentina. Es en el mundo. Hace algunos años, el columnista que escribe, entrevistaba a una joven de Río Tercero que residía en Kuala Lumpur, capital de Malasia, en donde oficiaba entonces de traductora. Como es de rigor, la pregunta obligada: "¿Qué conocen de nuestro país en ese lugar de Asia?". La respuesta, sencilla: "Lo único que conocen es Maradona. Decís 'Argentina' y te responden 'Maradona', sólo 'Maradona". 

En esa ciudad de Asia, el arquitecto que diseñó las famosas Torres Petronas, por años los edificios más altos del mundo, fue un argentino, otro de los notables surgidos de estas tierras, de la Universidad Nacional de Tucuman, César Pelli. Sin embargo a los habitantes de esa ciudad, al mencionarse Argentina, sólo señalaban "Maradona". 

Poco después de la muerte del escritor uruguayo, Eduardo Galeano, un apasionado del deporte que lo hizo famoso, en abril de 2015, le dedicaría estas palabras: "Gracias por enseñarme a leer el fútbol. Gracias por luchar como un 5 en la mitad de la cancha y por meterles goles a los poderosos como un 10. Gracias por entenderme, también. Gracias, Eduardo Galeano: en el equipo hacen falta muchos como vos. Te voy a extrañar".

Galeano, había señalado sobre Maradona en su libro póstumo "Cerrado por Fútbol", editado en 2017:  "Diego Armando Maradona fue adorado no sólo por sus prodigiosos malabarismos sino también porque era un dios sucio, pecador, el más humano de los dioses. Cualquiera podía reconocer en él una síntesis ambulante de las debilidades humanas (...) Pero los dioses no se jubilan, por muy humanos que sean. Él nunca pudo regresar a la anónima multitud de donde venía. La fama, que lo había salvado de la miseria, lo hizo prisionero".

Agregaba en otro libro, "El Fútbol a sol y sombra", sobre el trato que solía recibir: “El placer de derribar ídolos es directamente proporcional a la necesidad de tenerlos”. Sobre el 10, indica la web de la ESPN, solía indicar que Maradona 'venía cometiendo desde hacía años el pecado de ser el mejor' y si bien no fue el único jugador desobediente, fue su voz la que dio resonancia mundial a preguntas incómodas al poder como por qué no rigen en el fútbol las normas universales del derecho laboral o por qué los jugadores no pueden conocer las utilidades que generan sus espectáculos dentro de una cancha de fútbol.

Ese es y era Diego Maradona.

Se fue Maradona. O tal vez no se marchará nunca.

Maradona fue una leyenda en vida.

Y lo seguirá siendo.

Ahora más que nunca.

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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