El riesgo de naturalizar el impacto de la pandemia, en la pérdida de vidas

Análisis 08/12/2020 Por Fabián Menichetti
Los fallecimientos por la pandemia de la Covid-19 son informados cada día, en cada municipio, en cada provincia, en el país y el mundo. Con el tiempo transcurrido desde el inicio de la pandemia, pareciera que una parte de la sociedad ha naturalizado esa pérdida de vidas. Lamentablemente.
Covid Fallecimientos
Imagen: Telam

"Che, ya cansan con las noticias de la Covid, que los fallecidos, que los contagiados. Deberían pasar a otra cosa, a otro tema". Esa frase la recibió quien escribe hace algunos días, no de una, sino de varias personas.

En este medio, en donde se ha evitado aludir a las personas que tuvieron diagnósticos de Covid, como "casos", porque no se trata de algo inerte, sino de seres humanos, de vidas, cambiándolos por "contagios", o que, en su momento, se cambió también, como lo hicieron inclusive entes oficiales, el no referirse a "casos sospechosos", sino a "personas con síntomas compatibles con la enfermedad", continuará informando de la misma manera.

Existen datos objetivos para quienes señalan que fue un "un invento" o que "los fallecimientos siguen siendo los mismos" y que "ya es hora de que se viva en libertad", como si la simple idea de "libertad" fuera solo un concepto individual. Este sitio de noticias, cuando finalizaba octubre, registrándose el mayor número de personas contagiadas y con varios fallecimientos reportados en Córdoba, elaboraba un informe para conocer que impacto había tenido la pandemia en cuanto a los fallecimientos en Río Tercero.  

En aquel informe se podía visualizar que la pandemia en una comunidad mediana del interior del país había duplicado los decesos. Según la información del Registro Civil Municipal, en octubre de 2018, los fallecimientos por diferentes causas habían sido 35. En el mismo mes de 2019, los decesos registrados también fueron 35; mientras que en el mismo lapso de este año fueron 69, de los cuales, si se toman las notificaciones diarias del municipio, 46 correspondieron a personas con diagnóstico confirmado de Covid-19.

La tasa de letalidad abreviada como TL, es la proporción de personas que mueren por una enfermedad entre los afectados por la misma en un periodo y área determinados. En agosto, cuando se producía la mayor cantidad de contagios en la zona del AMBA, que después se trasladó a las provincias, como es el caso de Córdoba, según datos del Ministerio de Salud de la Nación, la TL era del 1,9 por ciento en el país. Pero ese porcentaje se incrementaba en los mayores de 60 años, siendo del 10,5 ya que la misma aumentaba y lo hace, con la edad y con la presencia de otras enfermedades preexistentes.

Es diferente la tasa de mortalidad general, que es la proporción de personas que fallecen respecto al total de la población en un período de tiempo, por distintas causas. En octubre, esa tasa, tomando una población estimada en Río Tercero de 60 mil personas, fue de 5,8 personas cada 10 mil habitantes en 2018 y 2019, respectivamente. En el mismo periodo de este año, o sea 2020, la tasa fue de 11,5 personas cada 10 mil habitantes, casi el doble.  

Como lo explicaba un profesional médico, entonces, las personas que fallecen con diagnóstico confirmado de estar contagiadas con dicho virus, es por las complicaciones que el mismo genera. Señalaba que si bien se están aplicando diferentes tratamientos, en todos los casos, experimentales, el  Sars Cov 2, que provoca la Covid-19, es un virus nuevo, del que se está descubriendo a diario su comportamiento y que lo principal es la prevención.

Tras agregar que si bien la tasa de letalidad del mismo es de alrededor de un dos por ciento, aclaraba: "Es real que el porcentaje de letalidad en quienes contrajeron este virus es de un dos por ciento, menos o más, y que la mayoría corresponde a personas de grupos de riesgo, pero para sus familias ese porcentaje es de un ciento por ciento. Un poco de empatía sería importante". Lo concreto es que, como bien lo graficaba un especialista hace algunos meses, cuando comenzaban a crecer los contagios en el país y por consiguiente los fallecimientos, es "como si cada día se cayera un avión repleto de pasajeros y murieran sus ocupantes".

Lo cierto, es que los fallecimientos diarios, cualquiera sea el motivo de los mismos, representan una tragedia. Lo que ha hecho la pandemia es agregarle al promedio de mortalidad en el país y al del mundo, más decesos, con un hecho, un desencadenante, que es nuevo en la sociedad, y que de existir algo que la detuviera, no tendría incidencia en esa tasa de mortalidad. Quienes fallecieron por este virus, en un contexto "normal", aún estarían entre nosotros. "Lo único que sé, es que si no hubiera sido por esto, más allá de tener factores de riesgo, todavía estaría conmigo". Esa frase de una mujer que perdió a su compañero de vida por las complicaciones de la Covid-19, tal vez resuma lo citado previamente. No fue inventada por este sitio de noticias. Fue expresada a quien escribe.  

La sensación es que, si bien es real que muchas personas prefieren no aludir al tema, puede que por una acción de negación, por la necesidad de retornar a esa "normalidad" perdida, o por lo que sea, si bien en las últimas semanas descendieron los fallecimientos y los contagios, la pandemia sigue ocasionando muertes. Y se trata de personas, de familias, de historias de vida, no de fríos números que se muestran en una estadística diaria. 

En marzo los primeros decesos comenzaban a impactar en la sociedad. Con el paso de los meses no es que dejaron de ser noticia, de generar conmoción social, pero la pandemia y las muertes por la misma, terminaron, en muchas personas, casi por naturalizarse. Naturalizar, además de considerar ciertas situaciones que son “sociales” como “naturales”, implica atribuir a algunas circunstancias de la vida humana el carácter de definitivas, inmodificables, que nada se puede hacer. Y sí, esto se puede modificar o minimizar. Lo señalan todos los especialistas, que no son parte de un complot mundial, como cierto sector lo piensa, entre tantas teorías conspirativas: prevenir y mantener los cuidados.

Ningún invento

En primer lugar estuvieron quienes consideraron a la pandemia como "una farsa" o como "un invento". Negaron la existencia de la misma, aún cuando se notificaban diariamente personas que fallecían por las complicaciones generadas por la Covid-19. Alentaban a que no se adoptaran las prevenciones, señalando que era "una gripecita" o que "no pasaba nada". Sin embargo, sí pasaba. Y sucede: este virus puede ser letal.

En este mismo sitio, al publicarse informaciones sobre la pandemia o decisiones adoptadas para prevenir los contagios, antes del mes de octubre, cuando se registró la mayor cantidad de diagnósticos y fallecimientos, no faltaron inclusive quienes calificaron a las medidas de "exageradas" o que se estaba ante una "psicosis".

Lo hicieron comunicadores que llegaron y llegan a millones de personas. Lo hicieron dirigentes. Lo hicieron los llamados "anticuarentenas", los denominados "libertarios", lo que, como se ha señalado y se ha apuntado en estas columnas, yo puedo ser libre, si lo deseo, de contagiarme, pero no de salir a contagiar al resto. El concepto de libertad no se entiende en un contexto como el actual como algo individual, sino como algo colectivo.

También lo hicieron, como está señalado, ciertos dirigentes, ayudados por quienes son formadores y formadoras de opinión en los medios masivos. Fue una estrategia perversa: impusieron la idea de que eran extremas las medidas. Millones creyeron en ello, salieron a las calles, se generaron más contagios y más fallecimientos. Y cuando eso sucedió, cuestionaron las políticas sanitarias que se adoptaron. Se habló de que se implementó la "cuarentena más larga del mundo", cuando en realidad esa frase fue una falacia. El aislamiento estricto fue por unos meses. Luego se habilitaron diferentes actividades. No fueron todas, por supuesto, pero progresivamente eso comenzó a suceder con los meses. 

En ese camino oportunista de cierta dirigencia, del poder o lo que sea, lamentablemente se quedaron en el mismo miles de personas que fallecieron, entre ellas, inclusive quienes habían cuestionado las restricciones. Otras y otros no la pasaron bien, y debieron asumir que se habían equivocado, aunque, recuperados/as, retornaron a su pensar. 

El impacto en la economía

Es demasiado obvio que la pandemia no solamente tendría un efecto en la salud, sino, además, en el ánimo de las personas y, también, claro está, en las economías de los países. Era inevitable que eso sucediera. Estamos hablando de una pandemia global, no de algo que pasó en un punto concreto y por algunos días. ¿Se entiende?

Algunos cuestionaron desde el comienzo las restricciones, por la economía, planteando la teoría darwinista de la supervivencia del más apto, que murieran quienes tuvieran que morir. Sin embargo en las naciones en donde se adoptaron medidas restrictivas como en aquellas en donde se liberó todo, la economía cayó. La ecuación fue sencilla: la economía global tambaleó por este virus. En un caso, porque las restricciones impidieron que distintas actividades pudieran desarrollarse, y en el otro, por el mismo impacto de la pandemia.

No lo señala este artículo, sino diferentes informes. La Nación, por ejemplo, el pasado 23 de septiembre, aludía a la caída del PBI (Producto Bruto Interno) durante 2020. Dicho matutino, indicaba que la caída no solamente se debía a las restricciones, sino también "a la incertidumbre y a la falta de confianza que arrastra la economía desde 2018". La Argentina cayó 19,1% interanual en el segundo trimestre del año y tuvo un retroceso del 16,2% desestacionalizado con relación a los primeros tres meses. Perú, tuvo el peor rendimiento de la región, con una caída de -30,2% interanual y -27,2% desestacionalizado. Ese país se quedó rápidamente sin camas de terapia intensiva y el impacto del coronavirus fue muy fuerte. Otra economía que cayó más que la Argentina fue la de Estados Unidos, con un retroceso del 31,7% interanual y del 31,5% desestacionalizado. Allí, la administración de Donald Trump, decidió minimizar la pandemia y no tuvieron "cuarentena eterna", como le gustan llamarla aquí.

Recuérdese que estamos aludiendo a un informe de La Nación, no a uno del Granma cubano. Con cuarentena inicial o sin la misma, las economías se derrumbaron en 2020 por efecto de la pandemia, excepto en pocas naciones, como algunas de África, continente que no tuvo un fuerte impacto en contagios y fallecimientos.

Lo que sí, lo señalan todos los especialistas, algo quedó muy en claro: si las medidas iniciales de aislamiento no se hubieran adoptado, aprovechando ese tiempo para preparar al sistema de salud, seguramente cuando se produjo el mayor número de contagios, como sucedió primero en el Área Metropolitana de Buenos Aires, y que luego se irradió al resto de las provincias, el mismo hubiera colapsado, como sucedió en países europeos (inclusive mucho mejor preparados que el de Argentina, el que, además, había sido descuidado) y en algunos de la región. Preparar al sistema sanitario, evitó, dicen, que actualmente los fallecimientos fueran más de 100 mil.   

Sin dudas que existieron errores de cálculo del Gobierno. Lo que se suponía que sucedería en abril o mayo (el pico de la pandemia), se produjo entre septiembre y octubre, sostienen quienes han indagado en los efectos de la misma en el país. No obstante, convergen en un punto, al que se aludió algunas líneas más arriba: todo ese tiempo sirvió para que se pudiera preparar el sistema sanitario para lo que vendría. Y que finalmente llegó. 

Más allá de que en ciertas provincias el sistema estuvo al borde de colapsar, nadie dejó de tener atención. Tampoco se replicaron las imágenes de otros países, en donde debido a la gran cantidad de contagios, se quedaron sin camas o respiradores, con personas en las calles clamando por ser atendidas. Esa es una realidad.

Lamentaciones y términos

Existieron lamentaciones por quienes habían minimizado el problema (la pandemia) y habían dejado de existir por las complicaciones originadas por la Covid-19. Se acuñaron términos como "infectadura", y otros por el estilo. Sin embargo, no se consideró que miles de personas que les habían creído a quienes las promovieron desde los medios, se habían contagiado y habían fallecido. Nadie, excepto sus familias, sus conocidos, sus amigos, repararon en las mismas. Para muchas personas terminaron siendo un frío número naturalizado.

Lamentablemente, eso es lo que está sucediendo cuando los contagios descendieron, pero la pandemia no pasó, no se terminó, y los fallecimientos, aunque sean menos, continúan. Si bien es real que era y es necesario un retorno a la "normalidad", hasta que no exista una vacuna o vacunas para detener la pandemia, continuará esta situación anormal. En este tiempo, con un descenso de los contagios, se está abriendo un escenario en el que se está dando la apertura de actividades, aunque eso no implica que se distiendan las prevenciones. 

El viernes, previo a la publicación de esta columna, en la provincia de Córdoba, habían fallecido 29 personas. Desde el inicio de la pandemia, los fallecimientos sólo en esta parte del país, sumaban 2.081. No es un número, como está señalado. Son más de dos mil vidas que se perdieron y que, de no haber sido por este virus, no se hubieran truncado. Esas personas estarían aún con nosotros. Se indica que la mayoría tenían patología previas o enfermedades prevalentes, pero, como está señalado, si no se hubieran contagiado, no hubieran fallecido.

Se dice que la mayoría eran personas mayores, como si eso hiciera menos dramática la situación, como si la vida de los adultos mayores valiera menos que la de quienes son más jóvenes; como si las existencias de quienes padecían de otras patologías, no fueran igual de importantes que las de quienes no tenían afecciones.

Quienes trabajamos en los medios de comunicación, comprendemos (no en todos los casos, claro), que se trata de personas, no de números, los fallecimientos. Lo ha experimentado quien escribe, que durante todos estos meses ha estado pendiente de lo que sucede con la pandemia, desde el inicio. Ha generado y genera demasiada angustia y ansiedad, aguardar los informes de los organismos oficiales, con los contagios confirmados de cada día, y lo que es más terrible, de los fallecimientos de cada jornada. No somos robots. Somos seres humanos.

El riesgo de naturalizar los datos en vidas que se han perdido y se pierden por la pandemia, no es algo menor. Demuestra hasta que punto el ser humano puede perder la capacidad de asombro y empatía ante una tragedia, y esta pandemia lo ha sido y continúa siendo una tragedia. Como en una guerra, deja heridas y muertes.

Seguramente, como se anticipa, con la llegada de las vacunas, con tratamientos efectivos que eviten el peor desenlace por la Covid-19, cuando esto transcurra, en los libros de historia que se escriban en algunos años, se aludirá al efecto más terrible de este virus que tomó al mundo por sorpresa, que lo cambió todo, y que en su costado más terrible generó cientos de miles de muertes. También se recordará a quienes lucharon, como el personal de salud, en las primeras líneas, intentando salvar vidas, perdiendo aun la propia.

Se aludirá en esos textos, seguramente, a quienes fueron solidarios, porque el hecho de cuidarse, es cuidar del otro o de la otra, pero también a los indiferentes, a quienes promovieron que se generaran más contagios, y por ende, más fallecimientos, sean dirigentes, sean comunicadores o comunicadoras. Ha sido extraño, observar en un canal de televisión, a uno de ellos, por ejemplo, celebrando con su puño apretado, por más que luego lo negara, y dijera que era por el rating, cuando otro periodista, le anunciaba fallecimientos y muertes. Detestable.

La curva había comenzado a crecer. La pandemia se hizo de esta manera algo político. Sin dudas. Lo señaló el magister en Salud Pública, Oscar Atienza, alguien que anticipó mucho de lo que fue sucediendo, inclusive estas reacciones de celebración de la muerte, porque evidentemente golpeaban a las políticas oficiales. "Para poder entender a la pandemia, hay que entender de política", sintetizaba el profesional, en diálogo con este sitio.

Naturalizar la pérdida de vidas como consecuencia de la pandemia, es un riesgo. Implica una falta de empatía que puede hacer demasiado daño en la sociedad. No informar sobre lo que está sucediendo con la misma, es una irresponsabilidad. Este sitio lo continuará haciendo, como fue desde el comienzo. Es necesario hacerlo.

Ese libro de la pandemia, aún se está escribiendo, porque la pandemia no finalizó. Cuando la misma concluya, se podrá cerrar el mismo. Y sus páginas mostrarán una línea de tiempo.

Esa línea reflejará el inicio, el temor, la solidaridad, los oportunismos políticos y los del poder, como actuaron los voceros y las voceras mediáticas y mediáticos del mismo, como del aplauso se pasó a la estigmatización del personal de salud, la lucha de este, arriesgando su propia vida, y en ocasiones, perdiéndola, las políticas sanitarias, en algunos casos acertadas, en otras, erráticas, y también muchas, pero muchas miserias humanas.

La página, sin dudas, más triste de ese libro, será la que se refiera a quienes fallecieron por esta pandemia, esas existencias que se reflejan en cada jornada que se marchan, y que una parte de la sociedad ha terminado por naturalizar, como una estadística diaria. No lo es. Para nada. Se trata de vidas, de historias truncadas.

Tal vez, en ese momento, se dimensione realmente lo que está sucediendo, más allá de la necesidad de millones de retornar a "la normalidad". Cuando todo sea más o menos normal, muchas y muchos repararán en que se perdieron muchas vidas, miles y miles, que no eran solamente fríos números de un reporte diario.

Nunca lo fueron.

No lo son ahora.

Y no lo serán mañana.

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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