Una imagen que lo dice y lo dijo todo, simplemente todo, en medio de la pandemia

Opinión 10/10/2020 Por Fabián Menichetti
Ocurrió en julio. Una noticia nacional estaba acompañada por la imagen de una persona, cansada, agobiada, con su mirada incrustada en el piso. La cámara se activó y captó el momento. Como se suele señalar, es cuando "huelgan las palabras", aunque en este contexto, también son necesarias.
Personal de Salud1

¿En qué habrá estado pensando? Sin dudas habrá estado devastado. ¿Será el dolor por la pérdida de alguien conocido o por la partida de alguien desconocido, al que o a la que, cuidó y asistió, cómo si la o lo hubiera conocido desde siempre?

Una foto periodística debe retratar un hecho, un momento, un instante. Quien la observa, no necesariamente necesita acudir a la lectura del cuerpo de una noticia. La fotografía que la acompaña, puede señalar mucho de la misma. Es su síntesis. 

Fue el 9 de julio. La imagen de la agencia oficial Telam, en una de sus noticias, mostraba a un personal de salud, luchando contra los embates de la Covid-19. Aquella fotografía acompañaba el titular sobre la cantidad de personas contagiadas y los fallecidos de ese día. Eran, entonces, 26 muertes y 3.663 contagios en el país. Suena lejano, ¿verdad?, considerando los contagios y los fallecimientos de septiembre y octubre. Pero fue ayer.

¿Un médico? ¿Un enfermero? ¿Un paramédico? ¿Un camillero? El lugar que haya ocupado en las primeras líneas de batalla en contra de un virus desconocido, intentando salvar vidas, puede que haya sido lo menos importante. Lo importante, era su postura, denotando tristeza o cansancio. O ambas cosas. La misma decía demasiado. No era necesario encontrarle una explicación. La imagen de una persona dice demasiado.

La mirada incrustada en el piso, la ropa de protección para evitar el contagio, un par de zapatillas deportivas, sentado afuera, en algún lugar de un nosocomio, junto a una ambulancia, reflejaba lo que experimentaba. O, por lo menos, lo que estaban ya experimentando miles y miles de personas, en hospitales y en clínicas. Por entonces, aún no se observaban los trajes de protección actuales. Todo evolucionó, como lo hizo la pandemia.

¿Quién era el que se encontraba en aquella fotografía? Tal vez alguien lo sepa. ¿Habrá sido alguna de las personas que en centros de salud se contagiaron? O puede que no, que haya evitado el virus. Algunas y algunos pudieron superar la enfermedad. Otras y otros no. La agresividad del Covid, fue demasiada. Dejaron sus vidas por las de otras personas.

De los fallecimientos por la Covid-19 en la Argentina, como ha sucedido en diferentes países, un porcentaje que no es menor, corresponde a quienes integran el personal de salud. Son quienes aun, a pesar de que ciertas y ciertos colegas, como comunicadoras y comunicadores, dirigentes y referentes de algunos espacios, promovieron y aún lo hacen, la idea de que "esto no era tan grave", dejaron y dejan su vida por otras personas.

El discurso inhóspito de cualquier sensibilidad humana o empatía por quienes padecieron y sufren la Covid-19, no detuvo, ni lo hace, a aquellos que enfrentan la pandemia, en los sitios más complejos, allí, en donde el virus ha ocasionado las complicaciones más graves. El personal de salud, que hace honor a lo que eligieron, como la medicina, la enfermería, el personal de limpieza, cocina, y hasta de mantenimiento de clínicas y hospitales, conoce que es una delgada línea la que los separa de salir indemnes o de resultar contagiados.

Tienen familias, como cualquiera, como quien escribe, y son "esenciales" de verdad en este momento complejo que vive el mundo. Aun así, allí están, arriesgando su propia existencia. "Es lo que elegí en mi vida y acá debo estar porque hice un juramento, es lo que corresponde, pero además lo siento", señaló un médico al columnista.

Sin embargo, las voces aseverando que el virus no existe, que es un invento, que no es tan serio, y que, en todo caso, debe ponerse en práctica la denominada "inmunidad del rebaño", esa teoría de la supervivencia del más apto o del más fuerte, y que tendrán que morir los que tengan que morir, en algunos sectores, aún es lo que impera. Increíblemente, persiste.

La comunidad científica, que obvio, no es parte de una gran conspiración mundial (sería demencial suponerlo), en su mayoría, señala que el virus es desconocido, que se sabe aún poco de como actúa en el cuerpo en realidad, que están quienes pueden sobrellevarlo de una manera o de otra, que si bien la tasa de mortalidad es baja, el problema es el colapso del sistema sanitario. Ese es el riesgo, además, como sucedió en muchos países.

Para que se comprenda: el virus que produce la Covid-19, tiene un alto nivel de contagio; el mismo, en muchos de los casos requiere de hospitalización; así se eleva el número de pacientes internados en Unidades de Terapia Intensiva; el tiempo de recuperación, al ser asistidos con ventiladores, es extenso; y esto, ocasiona, que en determinado momento, al sumarse a quienes están con otras patologías, comiencen a faltar respiradores.

A partir de allí, lo que se intenta evitar en contraposición de la promocionada "inmunidad del rebaño", es que eso no suceda, que lamentablemente es lo que ocurrió en países como Italia, España, y otros de la región, como Ecuador, Perú o Bolivia: las personas tendidas en pasillos de centros de salud o en calles y aceras, porque no había un lugar para que fueran asistidas con un respirador, debido a que el sistema sanitario estaba colapsado. 

Están quienes señalaron (y lo continúan diciendo), que eso "es una mentira, un invento". No obstante, lo que se aprecia, está filmado. Son coberturas de cadenas televisivas, pero también videos caseros. Las personas clamando por asistencia, y el personal de salud, desesperado y agobiado, no pudiendo brindar una respuesta. Pasó. Nadie lo inventó.

A eso no lo señala quien escribe, sino quienes conocen del tema, los especialistas, quienes están en esas salas que progresivamente comienzan a ocuparse; aunque seguramente e increíblemente, no lo hacen algunas y algunos de sus colegas, que observan lo que sucede desde sus cómodos consultorios u oficinas. Claro, sin dudas, no estarán por horas trabajando con enfermos Covid, como sí lo están haciendo miles de personas. 

Qué vayan, todas y todos quienes promueven la inmunidad del rebaño, el "no es tan grave", a decirle eso a las familias de cualquier integrante del personal de salud que resultó contagiado/a en su lugar de trabajo, falleciendo por las complicaciones que provoca la Covid-19; o a quienes pudieron recuperarse, pero permanecen con secuelas.

Qué vayan y se lo expliquen a quienes están definitivamente al borde del colapso físico y emocional, intentando batallar por salvar otras vidas. Qué vayan y qué le expliquen lo "interesante o eficiente" de la "inmunidad del rebaño" y el "no es tan grave", a cualquier persona que perdió a un ser querido a causa de la Covid-19.

País extraño, en donde una enfermera es golpeada por un policía en su cabeza, cuando reclamaba junto a otras y otros, ser considerada como personal de salud y no como administrativa en la legislatura de la ciudad de Buenos Aires, efectivos que, por otra parte, no estaban cuando algunas y algunos quemaban barbijos, o si estaban, puede que les hayan brindado una palmada en sus espaldas, como diciéndole "portáte bien".

Sucedió en la capital del país, manifestándose "por la libertad", como sucedió en muchos centros urbanos de la Argentina, cuando puedo elegir, por supuesto, el ser libre de contagiarme, pero no de salir a contagiar a los demás. Ese no es el germen o la lucha por la libertad individual y colectiva. Ese es el germen del autoritarismo.

Seguramente, a ese efectivo que descargó su golpe o a quienes quemaron barbijos, o salen a los gritos declamando por la "libertad", no comprendiendo, claro, el concepto colectivo de "libertad", si resultan contagiados/as, esa enfermera no preguntará de quiénes se trata, sino que estará brindándoles asistencia. 

Y no se trata solamente del colapso sanitario en escasez de camas o respiradores, sino en el colapso que progresivamente van percibiendo las médicas, los médicos, los enfermeros, las enfermeras, el personal sanitario en su conjunto, con ingresos magros, presionados/as en muchos casos, además de la extenuación de meses luchando en contra no sólo de un virus, sino de la falta de empatía que demuestra una parte de la sociedad. 

Y lo que es peor, como está señalado, de algunos y algunas colegas que, al parecer de empatizar, poco y nada. Sólo basta con escucharlos en algún medio o de observarles en algún video por las redes sociales. Por supuesto, no son la mayoría, pero son, y con eso, es suficiente como una actitud reprochable, y más aún en el medio de la crisis sanitaria más grave que sufre el mundo. También hay que decirlo, señalarlo. No existen excusas. 

Dicen los especialistas, que si ciertas medidas restrictivas como la cuarentena inicial no se hubieran implementado, el borde del colapso, se hubiera generado mucho antes del ahora inmediato, al igual que el distanciamiento social, y las muertes no superarían las 20 mil, como en la actualidad, sino las 100 mil. Lo señalan quienes conocen, no el columnista.

Ergo, señalan, las medidas ralentizaron la curva de contagios y de decesos. En países como Australia, en donde se experimentó un rebrote, y en donde no se optó por la teoría del rebaño, se decidió retornar a un aislamiento estricto, algo que sería impracticable, claro, en la Argentina, porque la situación socio-económica es distinta, porque hay personas que deben salir a trabajar, no tienen otra opción, por el cansancio, y por las presiones de distintos sectores económicos, políticos y mediáticos, que juegan su propio juego.

Los voceros del verdadero poder, influyen en la sociedad, más allá del lógico cansancio que posee la misma, aunque asume, en su gran mayoría, que es necesario cuidarse. Una minoría no lo hace; insiste con la necesidad de que se contagie la mayor cantidad de personas, sin considerar a quienes pueden quedarse en el camino. Inclusive, ellas y ellos mismos.

El juego de estos escribas, que hace rato dejaron de ser periodistas, es perverso: promovieron el que se liberara todo, incidieron con ello en la opinión pública, los contagios crecieron, y en algunas provincias, se llegó al borde o está por colapsar el sistema sanitario, los fallecimientos aumentaron, y cuando eso sucedió cuestionaron que no se hubieran adoptado medidas para aplanar la curva de contagios. Nada es casual. Es una perversión. 

Se lamentaron luego, cual lágrimas de cocodrilo, sobre el agotamiento del personal de salud, pero no repararon en su momento, que era necesario preservar a ese personal de salud, cuando se podía hacerlo. Luego fue tarde. Pero conocían que eso sucedería.

Un sector de la sociedad, en tanto, que lo aplaudía en los comienzos de la pandemia, terminó por estigmatizarlo, hasta apedreando a un médico en una provincia, quemando la casa de un enfermero en otra. Del aplauso se pasó, como si nada, a la discriminación y hasta la agresión. Por supuesto que no todas las personas actuaron de igual manera.

El "sentido común", creado por las grandes cadenas de los voceros y las voceras del poder, fue generándose de esa manera, aprovechándose de la pandemia, aunque por cierto, muchos coinciden (coincidimos), es una minoría. Las mayorías no odian, las mayorías no exigen privilegios, sino derechos, los que les fueron arrebatados, hace años, y los que aún conservan. Y la vida, es el principal derecho que debe defenderse, y no solo la propia.

¿Quién no está agotado por esta situación? Nadie puede estar como si no sucediera nada, pero, como se  indicó en más de una oportunidad en estas columnas, más allá de que el virus haya salido de un mercado de animales de China, de un laboratorio, o del interior de un repollo, existe, y es devastador. Seguramente, estarán quienes señalan que no es tan serio, que la gente no se muere por coronavirus. Es real: la muerte no se produce por el coronavirus, sino por las complicaciones que este genera. ¿Se comprende?  

Existe una web, www.worldlifeexpectancy.com, en donde se analizan, en base a datos de organismos oficiales del mundo, por ejemplo, la causa de muertes, seleccionando por país: allí surgen, desde el inicio de la pandemia, como los decesos  a causa de complicaciones generadas por la Covid-19, con el paso del tiempo, desde que surgió a hoy, ha crecido exponencialmente. Es interesante visitar dicha web, para comprender porque se trata de una pandemia, cómo se propagó, y como fueron creciendo los decesos por el SARS-CoV-2.

Al 10 de octubre, por ejemplo, en Argentina, ya era la tercera causa de muertes, y en Brasil, Chile y Perú, ocupaba el primer lugar. En Estados Unidos, es la segunda. En Suecia, en donde cuando se inició la pandemia, se aplicó la "inmunidad del rebaño", llegó al segundo lugar. Cuando las autoridades de ese país cayeron en la cuenta de que debían cambiar de estrategia, descendió al tercero. En el Reino Unido, en donde se había optado por lo mismo, hasta que tras contagiarse, el primer ministro estuvo en riesgo de vida, había llegado al primer lugar en causa de muertes, pero se aplicó otra estrategia, descendiendo al tercero.  

Seguramente estarán quienes señalan que otras patologías han provocado más muertes que la Covid-19, si se observan las estadísticas. Puede que sean más letales, pero el nivel de contagio que posee este virus, como está indicado, genera complicaciones, algunas conocidas y otras en investigación, que pueden llevar a la muerte.Y de hecho es así.

Y seguramente, estarán quienes señalarán que se trata de un "enorme negocio" de los grandes laboratorios por las vacunas, y puede que así sea, pero lejos de teorías conspirativas, el virus no es imaginario, existe y hace estragos, en muchas personas y en los sistemas de salud, más precarios algunos, más sólidos otros.

Y seguramente, señalarán, el reiterativo "no es para tanto", sin considerar, una vez más, que el problema de la pandemia, es que satura al sistema de salud, porque son muchas las personas que llegan a la hospitalización por las complicaciones que genera la Covid-19, que se suman a aquellas que están internadas por otras causas.  

Quienes siguen declamando por la "libertad", individual, no la colectiva, y que sostienen el "no es para tanto"; quienes desde diferentes sectores, insisten con esa idea y la promocionan; los amantes del "esto es una mentira"; los comunicadores y las comunicadoras, que han militado porque se liberara todo, por la economía, para que se contagiara la mayor parte de la sociedad por la difundida "inmunidad del rebaño", o lo que sea; quienes lo hicieron, lo más lógico, ¿no sería que se comprometieran, a través de un papel firmado, o lo que sea, renunciando, de resultar con un contagio y necesitar internación, a ceder ese lugar a quiénes sí se cuidaron y no minimizaron ni negaron la existencia del virus, en el caso de faltar camas en el sistema de salud? Pero no es así.

Eso sería lo coherente con ese pensamiento que llevan como una bandera, pero es impracticable e inhumano. Nadie debe carecer de atención médica. Nadie. Eso sí, muchas de ellas y ellos, quienes se contagiaron y necesitaron ser internados, no dudaron un instante en decir "sí". Y tampoco, de contagiarse, lo dudarán. Ocuparon y ocuparán camas, mientras los que sí se cuidaron, por quienes no se cuidaron, se contagiaron o pueden contagiarse, y ruegan, si la necesitan, poder acceder a una cama. ¿No es demencial? 

A la asistencia de la salud, en quienes la comprenden como un derecho humano, como corresponde, la tuvieron. No les preguntaron al llegar si eran militantes del contagio masivo o del "es una gripecita, nada más". Los asistieron, los cuidaron, les salvaron sus vidas. Quienes militan por la misma, militan por esta, pero de verdad. No sólo declaman hacerlo, la defienden, no importa quien es el otro o la otra, su ideología o su postura. No es lo que debe ser, más allá de cualquier postura negacionista o que minimice lo que sucede, porque todos los seres humanos, no importa como piensen, tienen el derecho básico a ser asistidos.

Hace unas dos semanas, quien escribe, dialogaba con un conocido, un "buen viejo", como se suele mencionar. Estaba bien de salud y hacía planes. Sí, con su edad, apostaba a que esto se superaría, como todo. Y hacía planes. La charla discurría en el interior de un negocio. Alguien ingresaba con el barbijo que sólo le cubría el mentón. "¿Vos podés creer?", le señalaba a quien escribe, meneando su cabeza.  "Y sí le decís algo, se te enojan", agregaba.

Por unos días no hubo otro encuentro. Luego, hace nada, conoció la noticia quien escribe: había sido internado a raíz de las complicaciones que le provocó el maldito virus, y hacía pocas horas había fallecido. El coronavirus le había provocado una neumonía, que no pudo superar. Al columnista se le anudó la garganta, se le estrujó el estómago, y se lamentó, no sin dolor y bronca. El dolor, porque ese "buen viejo", como nadie, no se lo merecía; la bronca, claro, por quienes promueven el "no pasa nada". Su familia, como otras, no se lo merecían. 

Es por ello, que en su memoria está redactada esta columna, y en la que de quienes, como él, también fallecieron por las complicaciones que provoca la Covid-19.

A la memoria del personal de salud, que en un hospital, una clínica, o en cualquier centro sanitario, se contagió y perdió la vida intentando salvar las de otras personas.

En reconocimiento a quienes aun cansados y cansadas, se encuentran en los nosocomios, ahora, en este momento, sí, ahora mismo, intentando salvar vidas, arriesgando la propia.

Y en el de esa persona, que en julio, fue protagonista de la imagen que ilustra esta columna.

Imagen de esta columna: Agencia Telam 

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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