Entrevista con Sandra Ocaña, argentina residente en Beirut, luego de la trágica explosión (Video)

Sandra Ocaña, es argentina, oriunda de Villa Rumipal. Hace tres años que con su familia, compuesta por su esposo, un hijo y una hija, vive en Beirut, capital de Líbano. Allí se produjo una potente explosión el martes, que dejó decenas de víctimas fatales, heridos, desaparecidos y cuantiosos daños materiales. El lugar en donde vive, se encuentra a unas 20 cuadras del sector que estalló. Dialogó por plataforma virtual con este sitio de noticias.
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Sandra Ocaña, oriunda de Villa Rumipal, con su familia vive en Beirut, en donde se produjo una brutal explosión en el puerto de la capital libanesa, con decenas de víctimas fatales, heridos, desaparecidos y daños materiales. "Estamos bien, somos en la familia mi marido, un hijo de 22 años, una hija de 17, y yo. Afortunadamente los cuatro estamos bien", reitera. "Tenemos que agradecer", agrega desde su hogar, ubicado en un noveno piso.

La propiedad se encuentra, explica, a unas 20 cuadras del puerto, epicentro de la explosión, considerada como la detonación no nuclear, más potente de la historia. Sandra, en una entrevista brindada a Tercer Río Noticias y Mestiza Rock de Río Tercero, agrega que en ese momento se encontraban con su hija realizando unas compras, cuando fueron sorprendidas por el estruendo. El diálogo es el jueves. Apenas pasaron dos días de lo sucedido. Es requerida por diferentes medios del país, entre ellos, Delta FM de Embalse, en el Valle de Calamuchita, allí en donde creció, radio por la cual este sitio pudo contactarse con ella.  

Las imágenes de la potente explosión, de la que se indica se produjo en un barco con nitrato de amonio (se continúan investigando las causas), y sus efectos, continúan recorriendo los medios y las redes sociales: una joven, con su traje de novia, en una sesión de fotografía, que es sorprendida por la onda expansiva y la destrucción; una mujer, anciana, que toca su piano, tratando de mitigar con la música el dolor de la devastación; las calles regadas de escombros; el enorme hongo de humo, que se eleva, luego del estallido; una aureola blanca, con forma de una nube, luego, la onda expansiva, que comienza a extenderse destructiva.

Los enfoques en imágenes y filmaciones de la tragedia que sorprendió al verano de Beirut, son diferentes, pero todos muestran lo mismo: la destrucción, la sorpresa, el dolor, aun en una ciudad que en otras épocas fue bombardeada y destruida, rehaciéndose, una y otra vez. Sandra, explica que la vida allí se transita como en muchos sitios del mundo, en una nueva normalidad dentro de esta anormalidad global, en un país afectado también por la pandemia del Covid-19, aunque, lo sucedido, señala, dejó a la misma en un segundo plano. 

Para quien vivió lo de Río Tercero, cuando estalló la Fábrica Militar en 1995, incluido quien escribe y la entrevista, al observar las imágenes de la explosión, como seguramente le sucede a muchas personas, se le hace inevitable no remontarse en el tiempo. No trazar paralelismos. Las imágenes de ese hongo de humo y fuego, el efecto de la onda expansiva en los cuerpos y en los inmuebles, la sorpresa, la necesidad de buscar y conocer de los seres queridos. El dolor y el impacto emocional. Hay sensaciones que no conocen de fronteras.

Sin dudas que esto, por el conglomerado urbano repleto de edificios, por la potencia del estallido, fue diferente, pero las sensaciones, seguramente, sin dudas, no son muy distintas. Lo sucedido parece distante, pero en esta época de redes sociales, de viralización de imágenes y filmaciones, de globalización informativa, todo se acerca demasiado, aunque lo ocurrido se encuentre a miles de kilómetros, allí, alejado, en otra región del planeta.

El relato de Sandra

"Afortunadamente, cuando escuchamos la explosión (con su hija), ya habíamos pasado por el frente de las vidrieras de los negocios de la zona, que es comercial. La mayoría, se destruyeron, explotaron", dimensiona Sandra. "Nos asustamos mucho, pero no estábamos frente a ningún negocio, no cayó nada de arriba", agrega.

Recuerda que sí fueron afectadas con su hija por la onda expansiva, que recorrió la ciudad. "Eso fue lo que nos llegó a nosotras. Mirá que estábamos lejos, y de repente inclusive estando en un lugar tan edificado, escuchamos el ruido, pensamos en un atentado, miramos hacia atrás, atiné a tomarla para salir corriendo, me caí, y esa onda, fue lo que nos llegó a nosotras y produjo la destrucción. Después vimos el hongo", recuerda.

"Entre la onda expansiva y los nervios de no saber qué pasaba, probablemente fue por eso que me caí. Sí, creo que por eso terminé cayendo", afirma Sandra. Desde ese momento -prosigue-, lo primero que hicieron junto a su hija, fue dirigirse al domicilio. "Quería saber que mi marido estuviera bien, porque veía todos esos vidrios rotos cuando caminaba, con mi hija llorando y lo único en que pensaba, era que pudiera haber estado en los sillones, cerca de las ventanas; y que los vidrios hubieran explotado ", dice sobre su temor en aquel momento.

La entrevista en Video

"Llegamos a casa y él estaba bien, el edificio tuvo sólo algunas ventanas rotas. Inmediatamente, fue tratar de comunicarme con mi hijo, que se encontraba en una playa. Rápidamente se cortaron las comunicaciones, pero afortunadamente pudimos contactarnos, para decirle 'quedáte quieto ahí, no te muevas, no sabemos que está pasando'", indica ahora, ya más tranquila, aunque aún los efectos del desastre siguen golpeando a la ciudad. 

Sandra, nacida en Almafuerte, pero que creció en Villa Rumipal, es una de las argentinas que residen con su familia en Beirut. Recuerda que su esposo es oficial retirado de la Fuerza Aérea y trabaja en Naciones Unidas. Fue por ello que se radicaron allí. "Si bien soy argentina, y hace apenas tres años que estamos aquí, aprendí a querer a este país", recuerda, para explicar su tristeza por lo ocurrido. Agrega que si bien sus amigos, no sufrieron heridas serias, sí la explosión, por ejemplo, afectó a familias de compañeras de la escuela de su hija.

Indica, que con voluntarias y voluntarios, la adolescente comenzó trabajar para ayudar a quienes padecieron los duros efectos de la tragedia. Sandra, piensa, especialmente, en las víctimas fatales y en quienes sufrieron heridas. Si bien se han brindado cifras estimativas de los fallecidos, estima que pueden ser muchos más. Reitera que por suerte, su familia y ella lograron salvarse, sin sufrir, además, heridas, aunque el estrés por lo sucedido continúa, y sobre todo, el dolor por aquellas cientos de personas que no pudieron colocarse a salvo del desastre.

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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