Existe otro virus, que continúa haciendo daño desde hace tiempo en el país

Análisis 22/06/2020 Por Fabián Menichetti
La sociedad está preocupada por el Covid-19 no solo en el mundo, sino, además en el país. Sin embargo, aún en medio de la pandemia, existe otro virus en la Argentina, tanto o más contagioso que la peste que nos sorprendió en el siglo 21.
Odio 1

Aún en medio de la pandemia por el Covid-19, las muestras, no de bronca, pero sí de odio, que es muy diferente, se expresan en las redes sociales, en las calles y en muchos lugares. 

Un sector de la sociedad, ha hecho del odio, influenciado por los mercaderes mediáticos del mismo, su razón de ser. Y no es de ahora. Lleva décadas, pero se acrecienta por momentos, como sucede en la actualidad.

En la película El Origen, Dom Cobb (Leonardo DiCaprio) es un ladrón con una extraña habilidad para entrar a los sueños de la gente y robarles los secretos de sus subconscientes.

Su habilidad lo ha vuelto muy popular en el mundo del espionaje corporativo, pero ha tenido un gran costo en la gente que ama. Cobb obtiene la oportunidad de redimirse cuando recibe una tarea imposible: plantar una idea en la mente de una persona. Si tiene éxito, será el crimen perfecto, pero un enemigo se anticipa a sus movimientos.

Esa es la sinópsis de dicha película, de ciencia ficción, claro, pero existe una frase del protagonista (Cobb), que bien puede resumir lo que sucede actualmente en el país. "¿Cuál es el parásito más resistente?, ¿una bacteria?, ¿un virus?", se pregunta. Y responde: "Una idea. Es resistente y contagiosa. Cuando una idea se instala en el cerebro, es prácticamente imposible erradicarla". 

Desde hace tiempo, sin dudas, se ha trabajado de esa manera. Lo han hecho los voceros del poder real que anida entre las sombras: sembrar una idea, la idea del odio, a través de los medios o las redes sociales.

Hace décadas, utilizaban otras metodologías. Hoy utilizan un conjunto de mensajes, fake news, titulares informativos, que poco o nada tienen que ver con la estructura de las noticias que encabezan, en ocasiones, tergiversadas, por los amanuenses y voceros mediáticos, para crear lo que se denomina "sentido común". 

Siembran una idea, y esa idea, permanece como una "verdad absoluta" para quienes creen de manera absoluta en quienes se la proporcionan. El cielo podrá estar despejado, pero si en algún canal de televisión, en alguna radio, en un diario o portal digital, le indican que está nublado, por más que observen el cielo sin nubes, sostendrán que existen esas nubes, porque así se lo dijeron, que esas nubes están, aunque no las observen. 

Los traficantes del odio, tienen nombres y apellidos, son famosas y famosos, algunas y algunos, ejerciendo el "periodismo" (eso dicen); otras y otros, cumpliendo otro papel mediático, pero siempre actuando de manera uniforme, y transmitiendo una idea, la idea del odio, que es contagiosa. ¿Ejemplos? Sobran. Son demasiados.

Se ha llegado a tal extremo, que quienes odian, más allá de que se les explique, con fundamentos, que no es así, como se lo señalaron, no escucharán, solo reiterarán lo que escucharon o leyeron, elevarán la voz, atacarán a quién sostenga lo contrario y, en ocasiones, le desearán las siete plagas a quien ose contradecirlos/as.

Es normal sentir bronca por algo. Se dice que es una forma de desembarazarnos rápidamente de cierto malestar. El odio, es otra cosa. Es el sentimiento profundo e intenso de repulsa hacia alguien que provoca el deseo de producirle un daño o de que le ocurra alguna desgracia.

En la actualidad, lo segundo impera: están quienes les desean el mal a otra persona, no importa a quien sea. Eso es lo que pretenden, aunque no lo expresen abiertamente. Caminan por la vida, además, sosteniendo sus banderas de verdades absolutas que no lo son tanto. No está mal no saber. No es un pecado. Lo terrible, es no saber, pero creer que se sabe, cuando en realidad se sabe poco de algo, solo por pereza intelectual. 

Y odian. No se cansan de odiar. 

Odian porque le indicaron, aunque no directamente, que debían odiar.

Es odio inoculado, pacientemente.

Es odio de clases, en ocasiones, paradójico, porque quienes odian, terminan por odiar a los de su misma clase, aunque se supongan pertenecer a otra clase, a la que son funcionales y a la que nunca les permitirán pertenecer.

No es el Covid-19, solamente.

Hay otro virus, que afectó a una parte de la sociedad.

Es el odio.

Lamentablemente. 

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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