Belgrano, cómo sería observado hoy por ciertos sectores según sus pensamientos

Análisis 19/06/2020 Por Fabián Menichetti
Manuel Belgrano, a quien se recuerda este 20 de junio por el Día de la Bandera, no solo creó el pabellón nacional. Fue abogado, economista, escritor, redactor en el primer medio de la etapa independentista, militar por accidente, además de impulsar la educación. Sus ideas revolucionarias de entonces, sin dudas, continúan siendo revolucionarias para ciertos sectores, aunque no lo expresen.
Manuel Belgrano

«La importación de mercancías que impiden el consumo de las del país o que perjudican al progreso de sus manufacturas, lleva tras sí necesariamente la ruina de una nación». Esa frase le corresponde a Manuel Belgrano.

Es rescatada en el sitio El Historiador, de Felipe Pigna, en donde alude a facetas de Belgrano, no solamente por ser el creador de la bandera nacional. Fue mucho más que eso. Y ciertos pensamientos de aquel hombre, que murió en la pobreza y olvidado, puede que, en este presente, alertarían a quienes por no conocerlos o solo por hipocresía (conociéndolos), cada 20 de junio, dicen, solo dicen, honrar su memoria.

Belgrano no tiene su día. Se lo recuerda, solamente en el Día de la Bandera, el símbolo que él creó. ¿Una casualidad?

Sí, seguramente Belgrano, un estadista de su época, sería condenado por sus ideas en este presente. Lo fue entonces, sin dudas. Se dice que el peor pecado de Belgrano, fue haber nacido rico y haber muerto en la pobreza, dejando todo por sus ideales, un "mal ejemplo" para las clases acomodadas, de entonces y de ahora.

Señalaba: «Los grandes monopolios que se ejecutan en esta capital, por aquellos hombres que, desprendidos de todo amor hacia sus semejantes, sólo aspiran a su interés particular, o nada les importa el que la clase más útil al Estado, o como dicen los economistas, la clase productiva de la sociedad, viva en la miseria y desnudez que es consiguiente a estos procedimientos tan repugnantes a la naturaleza (...)»

Manuel Belgrano, sin dudas, en su visión económica, era un industrialista y, como se observa, no propiciaba el progreso en base a los monopolios. Escribía: “Todas las naciones cultas se esmeran en que sus materias primas no salgan de sus estados a manufacturarse, y todo su empeño en conseguir, no sólo darles nueva forma, sino aun atraer las del extranjero para ejecutar lo mismo. Y después venderlas.”

Apuntaba, además, sobre la importancia del mercado interno: "(...) Sólo el comercio interno es capaz de proporcionar ese valor a los predichos objetos, aumentando los capitales y con ellos el fondo de la Nación, porque buscando y facilitando los medios de darles consumo, los mantiene en un precio ventajoso, así para el creador como para el consumidor, de que resulta el aumento de los trabajos útiles, en seguida la abundancia, la comodidad y la población como una consecuencia forzosa.”

Y, a quienes se alarman porque se pueden afectar a los grandes latifundistas históricos de esta nación, que poseen sus voceros mediáticos, por entonces, proponía... sí, otorgarles tierras a los más desprotegidos.

Esa visión de aquel hombre, alarmaría, como está señalado, a los eternos grandes propietarios de tierras, muchas de ellas sin producir, como a quienes, con apenas una porción de tierra en sus macetas de balcón, cuando se los requiere para defender intereses ajenos, salen, por alguna razón, a hacerlo, solo porque lo dicen en la televisión.

“Es de necesidad poner los medios para que puedan entrar al orden de sociedad los que ahora casi se avergüenzan de presentarse a sus conciudadanos por su desnudez y miseria, y esto lo hemos de conseguir si se le dan propiedades ( …) que se podría obligar a la venta de los terrenos, que no se cultivan, al menos en una mitad, si en un tiempo dado no se hacían las plantaciones por los propietarios; y mucho más se les debería obligar a los que tienen sus tierras enteramente desocupadas, y están colinderas con nuestras poblaciones de campaña, cuyos habitadores están rodeados de grandes propietarios y no tienen  ni en común ni en particular ninguna de las gracias que les concede la ley, motivo porque no adelantan…», señalaba.

Lo otro, es historia conocida. Manuel Belgrano, además, fue un precursor de la educación pública y gratuita, para que todo persona pudiera acceder a ese derecho básico. 

Belgrano, más allá de la bandera, dejó esos, sus pensamientos, que no son acordes, ni con quienes siguen ostentando el mismo poder real, con el que contaban entonces, y que lo sumieron en el olvido, o lo condenaron en la historia oficial, claro, a ser solo el creador de la enseña patria.

Sí, puede resultar incómodo para ciertos sectores deducir que Belgrano, era un verdadero revolucionario. Algunos, por la historia oficial que se inoculó por décadas, pueden no conocerlo. Y si lo conocen y aún así lo elogian, rescatando el símbolo creado por aquel estadista, sencillamente derraman hipocresía.

Pigna, en un segmento dedicado a Belgrano, señala:

Los ricos de la Argentina, enriquecidos a costa del país y del trabajo de su gente, se enorgullecen en decir que Belgrano murió pobre. Según sus leyes de la obediencia y el ejemplo, no hay nada mejor para los demás que morir pobre. Aprender a morir como se nace, sin disputarles los ataúdes de roble, los herrajes de oro, las necrológicas de pago y las exclusivas parcelas en los cementerios privados, es una gran virtud, en la escala de valores de los que viven de la Bolsa de valores.

El desprendimiento, el desinterés y la abnegación son virtudes que nuestras “familias patricias” dicen admirar en los demás pero que no forman parte de su menú de opciones. Ellas, por su parte, morirán mucho más ricas de lo que nacieron porque el resto de los argentinos morirá mucho más pobre. Leyes de las matemáticas, de la suma y de la resta.

Claro que omiten decir que Belgrano nació rico y que invirtió todo su capital económico y humano en la revolución. No dicen que Belgrano no se resignó a morir pobre y reclamó hasta los últimos días de su vida lo que le correspondía: sus sueldos atrasados, y que se aplicaran a los fines establecidos los 40.000 pesos oro que había donado para la construcción de escuelas y que le fueron robados por los perpetradores de la administración pública.

Tampoco nos recuerdan que Belgrano no se cansó de denunciarlos y no ahorró epítetos para con ellos. Los llamó “parásitos”, “inútiles”, “especuladores” y “partidarios de sí mismos” entre otras cosas.

Las banderas de Belgrano, la de la honestidad, la coherencia, la humildad llena de dignidad, los siguen denunciando.

¿Qué pensarían luego de lo expuesto, sobre Belgrano, considerando su visión económica y social, aplicada a la actualidad, algunas y algunos, que hipócritamente, dicen respetarlo?

¿Qué señalarían las y los formadores de opinión, voceros de esa élite, sobre Belgrano?

¿Qué opinarían quiénes, observan a un pobre espantados/as, aun estando no distantes de ser pobres o estuvieron en esa condición, y son, claro, funcionales a esa élite?

Son interrogantes.

¿Es necesario buscar la respuesta?

Claro que no. Es obvia. 

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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