Conciencia social: respetar el "distanciamiento" para no volver al "aislamiento"

Análisis 01/08/2020 Por Fabián Menichetti
Hace algunas semanas, se publicaba esta columna, sobre la nueva fase en que ingresaba el interior de Córdoba, como otras regiones del país, denominada "distanciamiento social". Son normas, pero también costumbres, para no retornar sobre los mismos pasos. El crecimiento de los contagios en el mes de julio, hizo que el distanciamiento, aunque moleste, se haga más necesario que nunca.
Barbijo 1

Quién más o quién menos, lo señala la mayoría, está cansado de esta etapa que se vive, en donde por un virus trocó la rutina a la que estábamos habituados como sociedad. No obstante, la mayoría, lo indican muchas encuestas, está de acuerdo con las medidas que se fueron adoptando, para evitar la propagación de este virus.

Cuando se alude al mismo, se referencia obviamente al Covid-19, el "coronavirus", aunque existen, explican los especialistas, una familia de virus que llevan ese apellido, cuyos integrantes, en su mayoría, son los que producen resfriados. El que se propagó por el mundo ahora, es el más nuevo, más contagioso y desconocido en su comportamiento. Todos los días, se conoce algo más del mismo.

Hay tratamientos en evaluación para evitar que avance en personas de los denominados "grupos de riesgo", en donde se produce la más alta letalidad por las complicaciones que genera dicho virus. También hay vacunas, en diferentes países, aunque en distintas etapas de prueba. Entre esas naciones, se encuentra la Argentina.

No obstante, se indica, deberán pasar algún tiempo para que se compruebe que efectivamente el remedio (la vacuna), no debería ser peor que la enfermedad (el virus). Las etapas de una vacuna, hasta que se pueda producir masivamente y ser distribuida globalmente, son diversas. No es de hoy para mañana.

Existen quienes proponen abrir todo, que no exista un "aislamiento", porque coarta las libertades. Es real, aunque en parte, porque esa libertad que declaman, puede dejar de serlo, por lo menos en nuestra conciencia individual y social.

En el primer caso, lo individual, es cuando dicho virus pueda afectar la vida de un ser querido o la propia. En el segundo caso, lo social, por lo que ha sucedido y sucede en diferentes países: la muerte de cientos de miles de personas, en su mayoría ancianos, con sistemas de salud colapsados, que plantearon la trágica disyuntiva para los médicos: definir a quien salvar entre dos personas, a quien asistir con un respirador, de los disponibles.

La tapa de un diario, un primer ministro, Suecia y más

De hecho, si fuera todo esto una "mentira", como se alude en ciertas publicaciones y algunos videos viralizados, la portada, por caso, del diario New York Times, una especie de gran obituario, con los nombres de las primeras 100 mil personas que fallecieron en los Estados Unidos, y una breve historia de cada una, también lo sería.

Los nombres están allí. No fueron inventados. Murieron por este virus que colocó en jaque a la humanidad. Una tapa que refleja la dimensión de la tragedia y que, seguramente, quedará en la historia del periodismo mundial. 

Tomando esa teoría de la mentira, para refutarla, se podría indicar, por caso, lo ocurrido con el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson. Apostó a la teoría de la "inmunidad del rebaño", por la economía.

La primera fase, de esta teoría, fue similar a la del resto de países: contención, aislando a los primeros casos, buscar a los contactos y mantener su cuarentena.

La segunda fase, denominada de "retardo", fue diferente a la del resto de países y a las recomendaciones de la OMS. Consistía en proteger a los más vulnerables (ancianos y enfermos crónicos) pero dejar que el coronavirus se propagara por el resto de la población. El objetivo: que se infectara un número suficiente de personas como para adquirir inmunidad de rebaño.

La "inmunidad de rebaño", también conocida como "inmunidad colectiva o de grupo", se produce cuando un número suficiente de individuos están protegidos frente a una determinada infección y actúan como cortafuegos impidiendo que el agente alcance a quienes no lo están.

La "inmunidad del rebaño" no funcionó en el Reino Unido. La economía se derrumbó, murieron miles de personas, pero lo más evidente de aplicar una política sanitaria así, se tradujo en el propio Johnson. Terminó afectado por el virus e internado en Terapia Intensiva, en grave estado. Logró salvarse, pero claro, estuvieron los miles que debido a su política sanitaria perecieron, que con un "aislamiento", tal vez se hubieran salvado.

El propio Johnson, contó al tabloide The Sun, cómo estuvo a punto de morir. “Era difícil creer que en pocos días mi salud se hubiera deteriorado hasta tal punto. Recuerdo haberme sentido frustrado. No podía entender por qué no mejoraba”, dijo.

Cuando recibió el alta, habían muerto más de 28 mil personas producto del virus. El 30 de abril, hablaba al país sobre la situación en el Reino Unido con el COVID-19, llamando a la población a colaborar con las autoridades sanitarias. "Quédate en casa, protege al Servicio Nacional de Salud, salva vidas", fue el eslogan.

"Suecia debería haber hecho más para combatir el coronavirus", reconoció el epidemiólogo que diseñó una estrategia nacional que eludió aplicar los confinamientos estrictos de muchos otros países.

Los comentarios de Anders Tegnell. el epidemiólogo que planteó esa forma de contener (o no hacerlo) al virus, llegaron después de críticas a la gestión de la crisis por parte del Gobierno y a una estrategia que se ha basado en gran medida en decisiones voluntarias, distanciamiento social y recomendaciones higiénicas de sentido común, que no logró evitar la propagación del virus, reseñaba hace algunas semanas el portal BAE Negocios. 

Suecia tenía, en ese momento, una tasa de mortalidad por COVID-19 inferior a la de países europeos como Reino Unido, España e Italia. Pero, con 443 muertes por millón de personas, presentaba el octavo número más alto de muertes relacionadas con el coronavirus per cápita en el mundo, y tuvo la tasa de mortalidad por  COVID-19 más elevada de Europa durante partes de mayo, según el grupo de investigación Ourworldindata.org.

“Al mismo tiempo, tenemos que admitir que en lo que se refiere al cuidado de los ancianos y a la propagación de la infección, no ha funcionado. Es obvio”, decía. “Han muerto demasiados ancianos”, agregaba el funcionario.

Otro caso, es Brasil. El presidente del gigante de América del Sur, no solo que no adoptó políticas (no adoptó ninguna en realidad), para contener el virus, sino que, además, propició todo lo contrario, con gestos y escenas que seguramente quedarán en la historia, cuando se recuerde a la pandemia, de lo que no debe hacerse. Jair Bolsonaro, no solo que minimizó lo que estaba sucediendo, sino que tuvo actitudes que desafiaron cualquier lógica aplicable a un gobernante. El resultado: miles y miles de muertos, sepultados en fosas comunes.

Él mismo, contrajo al virus, aunque medios del gigante de Amércica del Sur, dudan, especialmente, por la promoción de un tratamiento, que es cuestionado por diferentes esferas médicas: la hidroxicloroquina. La estrategia sanitaria del vecino país, ha sido tener, o mejor dicho, no tener una estrategia sanitaria. En este periodo de la pandemia, pasaron varios ministros de Salud, y el actual, señalan, no es el más competente.

No fue diferente lo de Estados Unidos, en donde su presidente Donald Trump, a contra mano de lo que recomendaban los especialistas, impulsó, en pos de mantener la economía de su país, que no se registraran aislamientos como en otros lugares. Aún así, al cierre de mayo, no solamente que la nación más poderosa del tercer mundo, no del primero, que es otra cosa, sumaba ya más de 100 mil muertes, como está señalado, también con fosas comunes, ante los ojos impávidos del planeta, sino, además, 41 millones de empleos menos.

Como si eso no bastara, en conferencia de prensa, el mandatario estadounidense, adujo que tal vez con un desinfectante se podía detener al virus. ¡Y con inyecciones! Médicos y diversas autoridades científicas tacharon de "irresponsables y peligrosas" las sugerencias del presidente. El resultado: decenas de personas debieron ser hospitalizadas por intoxicación al seguir los consejos de Trump. Por allí se comprende, porque fue elegido. 

Luego se opuso a la utilización del barbijo, hasta que debió ceder y usarlo, aunque no siempre.

Datos comprobables, no mentiras

Los datos mencionados, son comprobables. Lo han señalado y asumido, inclusive, quienes optaron por el camino que no era recomendado a nivel global en materia sanitaria, para enfrentar la pandemia. El Covid-19, de hecho, como está indicado, es un nuevo virus y la comunidad científica está conociéndolo un poco más del mismo. Y es, claro, en el día a día. No lo señala quien escribe. Lo plantean los especialistas, quienes, seguramente no son parte de esa conspiración mundial, a la que aluden muchas y muchos. 

De lo que sí, existen certezas, es que se trata de un virus cuyo nivel de contagio es muy elevado, que la tasa de letalidad es baja, claro, pero el promedio de edad afecta, especialmente a nuestros adultos mayores y a quienes padecen enfermedades preexistentes. Si se inició de manera natural o en un laboratorio, por el momento, nadie lo puede conocer muy bien, más allá de los estudios científicos que aseguran lo primero. El virus existe y hay millones en el mundo que lo contrajeron (al cierre de julio, eran casi 18 millones), con cientos de miles de muertes. 

Algunos o algunas, insisten, inclusive desde los medios, señalando que esta situación ha colocado, en el caso de la Argentina, a sectores vulnerables de la economía en una situación demasiado difícil, lo que es real.

Son quienes necesitan salir a trabajar, porque se encuentran en el mercado informal, especialmente. Se alarman de ello y por ello, cuando hasta no hace nada, algunas y algunos comunicadoras y comunicadores, no se alarmaban cuando se estaba agrandando ese mercado informal del trabajo o se había degradado el Ministerio de Salud de la Nación a una Secretaría. Al parecer descubrieron esa realidad ahora. Demasiada hipocresía.

Sin dudas, que la economía es importante, y más aún para esas familias más desprotegidas en lo laboral y social, sectores que, por otra parte, a quienes editorializan en los medios como contando la verdad absoluta, cuando estaban padeciendo la calamidad de la pobreza esas familias, agravada en los últimos años, poco les preocupaban. No se manifestaban con cartas públicas ni editoriales, reclamando por esas personas.

Decía Machado en sus versos que inmortalizó Joan Manuel Serrat: "Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio". Es importante intentar buscar y comprender la veracidad de los hechos, aún cuando en ocasiones comprometan nuestra ideología. La verdad, aunque duela, es la que se está padeciendo, agravada por lo ocurrido en los últimos años. El virus, por ahora, no tiene remedio. La hipocresía tampoco. Ni hay una vacuna. Lo paradójico, es que llegará una vacuna para el virus, sin dudas, pero nunca para la hipocresía.

Se indica, por ejemplo, que los centros de salud aún no están colapsados. La lógica, sin ser un especialista sanitario, ni mucho menos, es que primero el aislamiento, y luego el distanciamiento, que comenzó a instalarse durante estos meses, evitaron que se produjeran contagios por otras enfermedades y se evitó ese colapso.

Sin dudas, que esta pandemia afectó no solo a la salud de la humanidad, sino que, además, golpeó ferozmente a la economía y simultáneamente a millones de personas que no la estaban pasando bien, y ahora, comenzaron a pasarla peor, pero de la economía se puede emerger, más no de la muerte. ¿Qué es lo que no se comprende?

Entre el orden y el desorden

Como está señalado, quién más o quién menos, está harto de esta condición social que impuso este tipo de coronavirus, pero, como lo señalan muchas y muchos de quienes asumen que no existe una alternativa, por lo menos hasta ahora que detenga al virus, como una vacuna o un tratamiento efectivo, la normalidad a la que estábamos acostumbrados, no será la misma que aquella previa al Covid-19. En realidad, nunca será la misma.

El aislamiento, en el comienzo, no molestó tanto, pero con el paso de las semanas comenzó a hacerse sentir. No obstante, como está señalado, un importante porcentaje de la población acompañó (y aún lo hace) las medidas adoptadas para evitar la propagación del virus, implementadas, por otra parte, con el asesoramiento de un consejo de científicos y en acuerdo de los diferentes niveles del Estado: nacional, provinciales y municipales.

¿Se puede suponer que un consejo de personas de ciencia estarían conspirando para colocar al país, en nuestro caso, en un confinamiento eterno? Las conspiraciones, obviamente existen, pero la realidad es que este virus, haya surgido o no de una conspiración mundial, también existe y está ocasionando demasiado daño. No escuchar a los especialistas, infectólogos, reconocidos no sólo en el país, inclusive en algunos profesionales, que descreen o minimizan lo que está sucediendo, responde a una irresponsabilidad social absoluta.

Se alude, siempre en el terreno de las teorías conspirativas, que esto responde al denominado "Nuevo Orden Mundial", que sería, entonces, el viejo orden, pero con otros propósitos. Al parecer, considerando cómo estaba el planeta hasta antes de la pandemia, se encontraba bastante desordenado. Y lo está también ahora. 

Se indica que esto responde a un plan de Bill Gates, que quiere implantar un chip en una vacuna para tener controlada, con ese "nuevo orden", a la humanidad, y conocer qué hace cada persona que la compone. Tal vez debería recordarse, que la mayoría de la humanidad tiene un celular y forma parte de alguna red social. Suficiente para conocer qué hace, que conductas adopta, y en qué lugar se encuentra cada persona.

Lo reveló Edward Snowden. En 2013, a través de los periódicos The Guardian y The Washington Post, hizo públicos documentos clasificados como alto secreto sobre varios programas espías de la NSA.  Los datos acerca de la vigilancia mundial demuestran que las agencias de inteligencia de Estados Unidos, en colaboración con otros países aliados, han estado ejerciendo de manera masiva dicha vigilancia sobre la población mundial.

En todo caso, lo que Bill Gates, que no es precisamente, se indica, un altruista en el sentido más amplio de esa palabra, lo que puede estar buscando, es hacer un enorme negocio con una vacuna para este coronavirus, aunque eso, también es parte de una teoría más que de una certeza. La única certeza es que hay un virus que ya se llevó la vida de cientos de miles. 

¿Y por casa...?

En gran parte del país, se había pasado a una nueva fase, la del "distanciamiento social". ¿La razón? Sencilla: se pudo contener el avance del virus. En el entre tanto, se pudo lograr, además, preparar al sistema de salud para afrontar lo que podía llegar, un colapso del mismo, no solo por el coronavirus, sino por otras enfermedades. En julio, cuando se aguardaba, como sucedió, el incremento en los contagios, se encendieron las luces de alarma. 

Se rescató, también, más allá de los avances científicos, como se indicó en infinidad de oportunidades en estas columnas, la importancia del Estado, en todos sus niveles y, que por ahora, más allá del avance de la virtualidad, que nos permitió estar más conectados, no estamos muy distantes de otras épocas de la humanidad.

Lo más efectivo para evitar la propagación del virus, fue el aislamiento, como sucedió en otras pandemias, de hace siglos; y el jabón, ese elemento del que no está claro cuándo ni cómo se inventó. Lo que sí se conoce es que los restos de dicho elemento, los más antiguos, son de origen babilonio y datan del 2800 A. C, nada menos.

Por el momento, en gran parte del país, aún se permanece en un denominado "distanciamiento social", que sin dudas otorga un soplo de aire fresco luego de tantas restricciones, pero el relajamiento, es también peligroso. Basta observar lo sucedido en poblaciones de la zona, en donde se debió retornar a la fase 1 del aislamiento.

El virus, además, expuso la estructura centralista histórica del país, en donde casi la mitad de la población reside en un solo lugar. En Córdoba, no es distinto. La mitad de sus habitantes, se encuentran en su capital y alrededores. Han sido terrenos propicios para la circulación del mismo, porque existe precisamente mucha circulación de personas.

Si no se hubiera aplicado un aislamiento, puede que hoy, se estaría hablando de un verdadero desastre en contagios y fallecimientos. De hecho, ya eran más tres mil muertes a principios de agosto. Y si bien son menos, tomando los decesos por millón de habitantes, al de otras naciones, no se trata sólo de una estadística. Se trata de personas, de familias, historias de vida, y de un duelo que, además, no pudieron realizar sus seres queridos.

Lo que colocó, además, en evidencia, una vez más la llegada del Covid-19, es la extrema inequidad social de un país que sumó millones de pobres en los últimos años, que se agregaron a la pobreza estructural e histórica, y en donde las barriadas populares no tuvieron la misma opción de aislamiento que otros sectores. Como está apuntado, quienes se asustan ahora por ese detalle, no lo hacían cuando se avalaba ese desastre social.

Los contagios masivos en esas barriadas y las muertes de quienes las habitan, incluidos e incluidas, referentes de organizaciones sociales, que denunciaban una situación insostenible en medio de la pandemia, además de atender al resto, encendieron otra luz de alerta. Por supuesto, las lágrimas de cocodrilo, surgieron en quienes no los consideraban hasta no hace demasiado. Cuando esto termine de pasar, algo deberá cambiar, para pensar un país diferente, menos centralista, más federal, de verdad, y con menos desigualdad. No obstante, ya el virus no discrimina. Lo puede contraer cualquier persona, aunque las situaciones son diferentes, por supuesto.

Pero eso no fue exclusivo, el contagio, de los grandes conglomerados urbanos. En ciudades de menor tamaño, también sucedió pero por irresponsabilidad social. Fue el caso, por ejemplo, de Necochea. Había permanecido dos meses sin circulación del virus, y un baby shower, clandestino, terminó con un brote con varias personas afectadas, incluido un bebé que nació con el virus, porque su madre se contagió en esa reunión. Esa ciudad, que podría estar en fase de distanciamiento, debió pasar en un momento a un aislamiento estricto. 

No obstante, hoy más que nunca, por otra parte, se debe evitar estigmatizar a quien resulta contagiado por este virus. No sólo que es una acción social reprochable, sino peligrosa desde lo sanitario. No lo señala quien escribe, sino organismos nacionales e internacionales. Esa discriminación o condena, puede llevar a que muchas personas por temor a pasar por lo mismo, oculten los síntomas que padezcan, y no se pueda detectar a tiempo un posible contagio para evitar una cadena de contagios y un brote del virus.

La lógica, considerando esos antecedentes, es que hasta tanto no se encuentre una vacuna efectiva o un tratamiento que detenga las consecuencias del virus en las personas afectadas, como está señalado, se deberá convivir con el mismo, respetando el distanciamiento para no retroceder a un aislamiento, en los lugares en donde no hay circulación comunitaria. 

Quienes salen a manifestarse, en donde no queda muy en claro, cuál es la columna vertebral de ese reclamo, porque termina siendo con collage de reclamos, dicen que lo hacen por la libertad. Lo hacen, inclusive, sin ninguna protección, con lo que quedan expuestos al contagio. De hecho, quienes propician estas manifestaciones públicas, desde lo político, no suelen estar en las mismas. La nota más lamentable y triste fue la del jubilado, uno de los promotores de dichos reclamos, sin protección, que terminó el mismo contagiado y falleciendo debido a las complicaciones originadas por el Covid-19. 

No está mal, recordar un párrafo de una excelente columna de Luis Bruschtein, en ocasión de la manifestación realizada el pasado 9 de Julio. Escribía el periodista: (...) Si esta gente que usurpa el nombre libertario --como se conocía a los viejos y verdaderos ácratas-- reclama libertad para contagiar al prójimo, es porque entiende la libertad como su libertad y como una forma de supremacía para subordinar a los demás. Estos libertarios negativos --opuestos a la libertad-- que marchan contra la cuarentena, piensan que frente a dos personas con derechos cuyos intereses colisionan, prevalece el derecho del más fuerte. No hay nada menos libertario que reivindicar la libertad del que tiene más fuerza para subordinar al otro. Esa es la esencia del autoritarismo (...)

El "distanciamiento social", que hoy, con las limitaciones lógicas, existe, debería accionar, además y sobre todo, como una activación de la conciencia comunitaria de respetar la salud, y no solo la individual. Tal vez allí esté la clave de todo. Eso, además, es respetar y defender la libertad, comprendida en un contexto mucho más amplio.

Por ahora, dicha conciencia, es la única vacuna o tratamiento.

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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