El 25 de Mayo y una carta imaginaria a Manuel Belgrano y Juan José Castelli

Opinión 25/05/2020 Por Fabián Menichetti
Dos protagonistas de la Revolución de Mayo de 1810, dos figuras históricas, que sufrieron, en su época, y después también, la destrucción de sus sueños de una patria grande, justa, equitativa y al servicio de las mayorías, no de selectas minorías...
Belgrano Castelli

Esta carta imaginaria, se publicó en alguna oportunidad en este sitio de noticias, con motivo de celebrarse un aniversario de la Revolución de Mayo. Ahora, nuevamente, se reitera, pero adecuada a este tiempo. 

La carta imaginaria:

Hasta hace algunos años no conocía mucho de ustedes, Don Manuel y Don Juan José, o por lo menos, lo único que conocía de ustedes, era que, en un caso, había sido el creador de la bandera y, en el otro, el Orador de la Revolución de Mayo. Luego sí, con el tiempo, leyendo la otra historia, no la oficial, conocí que ambos habían hecho mucho más que eso. 

Esa historia oficial, ¿vio Don Manuel?, ¿vio Don Juan José? Esa que los condenó solamente a usted, Don Manuel, a ser el creador de la bandera. Y a usted, Don Juan José, a ser el que expuso la posición de quienes querían sacarse de encima al Virrey, ese que representaba a un tipo que en España, poco conocía de estas tierras.

Les seré sincero a ambos. Ni siquiera conocía que eran primos. Por algún motivo, sin dudas, ambos tenían los mismos sueños. Y por alguna razón, ambos, tuvieron el mismo destino, cruel, preparado por el poder que históricamente, también hoy, actúa agazapado en las sombras, tierra afuera. Y también tierra adentro. 

Nada es casualidad, ni siquiera eso. Por algo el poder de los pocos poderosos perennes de este país, operaron y operan para que así fuera y así sea. Ustedes, que habían soñado, serían, por supuesto, un mal ejemplo. ¡Claro, allí está la razón! 

Perdónenme Don Manuel y Don Juan José…

Tal vez ustedes, que fueron hombres de principios, con un despojo total de lo propio por un sueño compartido, en algún lugar puede que estén leyendo esto, cuando ese poder, el oculto, no sé si me explico, intenta por todos los medios, continuar destruyendo sueños, los de millones.

¿Y saben una cosa, Don Manuel y Don José? Cuando señalo por "todos los medios", es literal. Es "por todos los medios". Hoy, existen, como en la época de ambos, diferentes metodologías para inducir el odio en las personas. Y lo han logrado, porque de lo contrario, no se explicarían ciertas cuestiones, que ya les mencionaré.

Hoy existen aquellas que se denominan "redes sociales" y, seguramente, como en la época de ambos, existen traficantes del odio que son voceras y voceros de ese poder real, del que les hablaba, que no debe ser tan diferente al poder real de aquel momento histórico. En realidad vendría a ser el mismo, con otros nombres, con otros apellidos, o en muchos de los casos, con los mismos apellidos.

Hoy existe la radio y la televisión que, para ustedes, es diferente a los diarios impresos de la época de ambos, y deben ser una novedad, pero en algunos casos, seguramente, actúan por estos medios, de la misma manera que los amanuenses de ese poder que les mencionaba, lo habrán hecho en aquel momento. 

Sí conocieran como ciertos escribas y voceros del poder en los medios de hoy, han inducido y generado (y lo continúan haciendo), el odio en millones de personas, aún en épocas de una pandemia. Porque claro, no les comenté, no sólo el futuro con el que ustedes soñaron, no sería como lo imaginaron, sino que, además, hoy está asolando al mundo una pandemia por un virus que está ocasionando miles y miles de muertes.

Y tampoco se los mencioné: están quienes promueven que miles y miles puedan morir, bajo la denominada supervivencia del más apto. ¿Se puede ser tan cruel? 

¿Sabe qué Don Manuel?, ¿sabe qué Don Juan José?, a pesar de esos cultores y cultoras del odio, que compran directamente, sin plantearse interrogante alguno, por esas redes sociales, la televisión y la radio, esos medios que les mencionaba recién, sus discursos, millones de personas, estamos quienes creemos que todavía nada está perdido.

Me queda un consuelo, Don Manuel y Don José: ustedes continúan viviendo en las soñadoras y los soñadores, en las luchadoras y los luchadores, en quienes no se resignan, en los que continúan ilusionándose con el concepto de Patria, pero el de Patria bien comprendido, no el de Patrioterismo, y menos al de sumisión a las potencias del orbe. 

Perdónenme Don Manuel y Don Juan José…

Recién ahora, muchos y muchas, aunque no la mayoría, comprendimos quiénes eran ustedes, y hoy, sí, hoy más que nunca, debería la mayoría de eso que llamamos "Patria" conocer mejor sus historias, porque comprendiendo la otra historia, no la oficial, podemos comprender algo más del presente, que no es diferente al pasado…

Perdónenme Don Manuel y Don Juan José…

Disculpen que sea autorreferencial, ya que no sé, realmente, si deberían perdonarme a mí. ¿Acaso quién soy yo, para solicitarles perdón? Pero me siento en la obligación de hacerlo. Quienes deberían solicitarles perdón, claro, son quienes entregaron, hasta hace nada, en retazos a ese sueño y al sueño de millones. 

Eso sí, también deberé ser sincero con ustedes: hubo muchas y muchos, que acompañaron con su odio, cíclicamente a las diferentes gestiones que destruyeron ese sueño que ustedes imaginaron, y no dudan en colocarse, para recordar aquella Revolución de Mayo, y lo que vino después, una escarapela, sí, la creada por usted, Don Manuel, grande como el Cabildo, ese, que no sé si lo conocen, fue mutilado a lo largo del tiempo. 

Perdónenme Don Manuel y Don Juan José…

Yo no conocía, o en su momento no me enseñaron que usted, Don Manuel, apenas había sido militar por accidente, pero lo más importante: había sido periodista, abogado, político, educador y un brillante economista e industrialista. Fue uno de los primeros que postuló esa idea, de que en la educación pública y para todos, se basaba la libertad y la igualdad de oportunidades, para que una sociedad pudiera prosperar. Claro, y hasta no hace mucho, se impuso aquello de la "meritocracia". Obvio, que eso no aplica, si el punto de partida, no es el mismo para todas y todos.

La tan mentada meritocracia, Don Manuel, nos ha dejado a millones de excluidos, desamparados de un sistema perverso, pero el odio, aún hoy, como les decía, en plena pandemia, siempre hace de las suyas.

Ustedes tuvieron en su época a un Virrey, al que un sector de la sociedad de aquel tiempo, apoyaba, y nosotros hemos tenido algunos virreyes, que siempre trabajaron para los intereses de selectas minorías. El último, deben creerlo, por favor, ni siquiera conocía que había sucedido en aquel mayo de 1810. ¿No es insólito? No lo es.

Y de usted, Don Juan José, tampoco conocía que había sido algo más que el "Orador de la Revolución". Que había sido alguien con principios, que en el primer aniversario de aquel momento histórico, con poco para combatir, había celebrado el primer año de aquel sueño, que era una patria verdadera, mucho más allá de lo que es hoy la Argentina, sino la Latinoamericana, como lo soñarían luego otros, como San Martín, con los caciques, en Tihuanaco, en el Alto Perú, que es la actual Bolivia. ¡Si supiera Don Juan José, lo que han hecho últimamente con Bolivia!

Lo que no es conocer, Don Manuel y Don Juan José, hasta que se conoce lo que no se conocía, como que en esa parte de las Provincias Unidas, que aún no eran la Argentina, usted Don Manuel, había designado como coronela de la Nación, a Juana Azurduy de Padilla, porque esa mujer brava, combatió como ninguna y ninguno, por ese sueño que compartía con ustedes, allí, en la actual Bolivia, ese país, al que muchas y muchos argentinos denostan, o por lo menos, a sus habitantes, por ser descendientes de aborígenes. Deberían, muchas y muchos, revisar un poco más la otra historia, no la que escribieron solo los "ganadores".

Perdónenme Don Manuel y Don Juan José…

O mejor dicho el perdón debería ser para algunas y algunos, aunque no sé si podrán hacerlo, que hoy cantan fuerte el himno y se colocan la escarapela, como les decía, del tamaño de una casa, elevando su mirada hacia la bandera, cuando no le perdonarían si en la actualidad, ambos, con otras y otros, postularan  ese sueño que compartían, el que aún está inconcluso. La hipocresía, Don Manuel, la hipocresía, Don Juan José, todavía goza de muy buena salud.

Perdónenme Don Manuel y Don Juan José…

Hasta no hace mucho, no conocía que renunció Don Manuel por su sueño de tener una patria libre a su sueño de conformar una familia, con una joven tucumana, con quien tuvo una hija, y a la que le dio su nombre y apellido, pero a las que nunca pudo volver a ver, porque la muerte, la implacable muerte, se lo llevó demasiado joven.

Y de usted, Don Juan José, no conocía, hasta no hace tanto, que había sido llevado a un juicio sin sentido, por la derrota de Huaqui, aun cuando padecía un cáncer en su lengua, muriendo en medio de ese proceso injusto. Qué paradoja, qué ironía de la historia, que usted, el "Orador de la Revolución", se hubiera quedado sin voz, por esa cruel enfermedad, en medio, además, del cruel accionar de los mismos de siempre. 

Perdónenme Don Manuel y Don Juan José…

Hasta no hace mucho, Don Manuel, no conocía que había donado sus premios por sus campañas militares para que se construyeran escuelas, pero la última, no lo creerá usted, ¡le aseguro que no lo creerá, Don Manuel!, recién se terminó de edificar, increíblemente, en el año 2004.

Y Don Juan José, recién hace poco conocí, que usted, enviado al Alto Perú, proclamó el fin de la servidumbre indígena, anulando el tutelaje y otorgándoles calidad de vecinos y derechos políticos iguales a los de los criollos. Mire como son las cosas, que hoy, millones quedaron sumidos en una especie de esclavitud disfrazada, pero no allí, sino en el resto de esa patria grande, aunque le cueste creerlo... 

Perdónenme Don Manuel y Don Juan José...

Tampoco conocía, de usted, Don Manuel, hasta hace poco más de una década, que siendo hijo de un comerciante rico, murió en la extrema pobreza, pagándole a su médico con lo último que le quedaba, su reloj personal y que la lápida que tuvo su tumba, fue el mármol de una cómoda. Por eso, creo, humildemente, lo redujeron a ser solo el creador de la bandera. Usted, que hizo tanto, ni siquiera tiene un día. Su día...

Tampoco conocía, de usted, Don Juan José, que repartió tierras expropiadas entre los antiguos trabajadores de los obrajes. El decreto fue publicado en español, guaraní, quechua y aimara. Si supiera usted, que algunos todavía creen que todos hablamos el mismo idioma por estas latitudes. 

Perdónenme Don Manuel y Don Juan José…

No todos, en su patria, Don Manuel, esa patria que como otros soñó e imaginó, y que terminó por quedar arrodillada ante el poder eterno, el que siempre estuvo agazapado, y que cíclicamente ha hecho de las suyas, lo comprenderían y acompañarían con sus ideales e ideas en la actualidad. De eso, casi estoy convencido.

Y ciertos sectores, Don Juan José, con la misma convicción, intuyo que tendría el mismo trato para con su persona, que aquel que sufrió cuando fue perdiendo apoyo, progresivamente, en su misión, solo, principalmente por el buen trato dado a los indios, a los pueblos originarios. No quiero imaginarme, cómo lo castigarían por los medios al servicio del poder.

La hipocresía, nuevamente, Don Manuel. La hipocresía, nuevamente, Don Juan José...

Perdone a gran parte de su país, Don Manuel, ese, en donde los poderosos de antes, los de su tiempo, que son los mismos poderosos de hoy, lo redujeron o lo reducen a ser solo el creador de la Bandera. 

Perdone a gran parte de su país, Don Juan José, ese, en donde los poderosos de antes, los de su tiempo, que son los mismos poderosos de hoy, lo redujeron o lo reducen a ser solo el Orador de la Revolución.

Le he pedido perdón Don Manuel. Le he perdido perdón Don Juan José. Pero me vuelvo a interrogar ¿quién soy yo para pedirle perdón a ustedes, sino apenas un hijo de esa patria que ustedes soñaron, a la que dejaron hecha jirones, en donde su proyecto industrialista, Don Manuel, se desmembró progresivamente, y su proyecto de equidad, Don Juan José, fue destruido? 

Ocurre que con en esta carta imaginaria, puedo recorrer parte de sus sueños, de los sueños de ambos, y de otras y otros, que soñaron como ustedes, pero también recordar los olvidos y las traiciones de las que fueron y son víctimas.

Con esta carta, Don Manuel y Don Juan José, puedo recordarme, que fueron protagonistas excluyentes de aquella gesta de Mayo de 1810, como otros, tal el caso de Mariano Moreno, al que envenenaron en alta mar, arrojando su cuerpo a la inmensidad del Atlántico. 

Me aferraré al título de un genial escritor de nuestros tiempos, Andrés Rivera, que en algún lugar, puede que ya se haya encontrado con ustedes, el de su libro, "La Revolución es un sueño eterno", haciéndolo hablar a usted, Juan José, porque saben qué, esa Revolución, que ustedes soñaron, aún continúa siendo un sueño eterno.

¿Tenemos algo para celebrar en este 25 de Mayo, se preguntarán ambos? Sí, tenemos que celebrar que los sueños de millones, aunque los han intentando destruir, una y mil veces, continúan siendo sueños y, en algún momento, por supuesto, podrán convertirse en realidad, como lo soñaron ustedes.

Para cerrar esta carta imaginaria, este atrevimiento de un ignoto comunicador del interior del interior, me tomaré la licencia de apelar a dos frases de ambos.

La primera, le corresponde a usted, Don Juan José, cuando ya se había quedado sin voz, antes de morir y pidió un lápiz para escribir aquella frase, que sería casi premonitoria, sobre un papel: "Si ves al futuro, dile que no venga". Lamentablemente, ese futuro, llegó, y en varias ocasiones...

Para finalizar Don Manuel, en su caso, debo decirle que en ocasiones se ha recordado por allí, que al despedirse de este mundo terrenal e injusto, exclamó: "¡Ay Patria Mía!"

Imagino, que no solo quien redacta esta carta imaginaria, como tantos y tantas, soñamos en la reconstrucción de esa Patria. 

Porque la Patria no es solo una porción de tierra, sino la otra y el otro. El resto.

Tendremos que reconstruir esta Patria que fue destruida por los mismos de siempre.

Ojalá que muchos y muchas, más allá del odio que les inocularon, un virus más fuerte que el que nos ha sumido en esta pandemia, lo pudieran comprender.

Ojalá que lo hicieran.

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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