A 84 años de la creación de la Fábrica Militar Río Tercero, la industria que lo cambió todo

Análisis 21/05/2020 Por Fabián Menichetti
Un 21 de mayo de 1943 comenzaba a producir la industria madre de Río Tercero. La llegada de la misma, hizo que lo que era aún un pueblo se transformara en ciudad. En su historia, tuvo momentos de apogeo y otros de decaimiento, claro, como consecuencia de las políticas implementadas por algunos gobiernos que observaron de costado al Estado, del que depende.
Fábrica Militar Nueva

Todo responde a un modelo, y no es extraño que así suceda. De hecho, ya ocurrió y las ciudades con estos establecimientos, diseñados en su momento por Manuel Nicolás Savio, se nutrieron de los mismos para su desarrollo. Lo privado, entonces, en las comunidades, nació y tuvo impulso a partir de dichas inversiones estatales. 

Ese fue el caso de la Fábrica Militar en Río Tercero. La ciudad es lo que es, fruto de dicho establecimiento.

Si a mediados del siglo 20, la industria no se hubiera radicado en el que por entonces era un pequeño pueblo, la ciudad no se hubiera desarrollado como lo hizo. Es que, a partir de aquel emprendimiento, llegaron otros grandes establecimientos, como Atanor, y más cerca, en los '80, Petroquímica Río Tercero. 

A ello, deben sumarse las empresas satélites que trabajaron para Fábrica Militar y el desarrollo comercial o de servicios que tuvo la comunidad, siempre a partir de la radicación de aquella gran industria.

En un ejercicio contrafáctico de la historia, bajo el interrogante de ¿qué hubiera pasado sí?, se podría señalar que quien escribe, como muchos de quienes leen, tal vez no estaríamos en donde estamos, o quizás no existiríamos, porque de no haberse instalado dicha industria, residiríamos en otra comunidad o sencillamente no hubiéramos nacido, porque nuestros padres o abuelos, puede que ni siquiera se hubieran conocido. Fue ese hecho que lo cambiaría todo.

Todos, de alguna manera, quienes residen en Río Tercero, tienen a algún familiar o conocido, que trabajó o trabaja en la industria madre de la comunidad. Y, de hecho, el comercio u otras empresas, existen porque aquel momento histórico sucedió. De no haber ocurrido de esa manera, todo hubiera sido muy diferente.

Aunque están quienes se resistan a esa idea, las nuevas generaciones de riotercerenses, las que nacieron aquí, incluido quien escribe, somos hijos, nietos, descendientes, de ese emprendimiento estatal, más allá de que nuestros padres o abuelos, no hayan, ni siquiera, trabajado en "la fábrica". Llegaron a la ciudad por lo que generó la misma. De lo contrario, esto no se estaría escribiendo.

Fábrica Militar Histórica1
Los números no mienten

Alguien o algunos señalaron del anterior gobierno, que en la industria estatal riotercerense, nunca se fabricaron vagones, por ejemplo. Las estadísticas históricas demuestran lo contrario. Si esa apreciación no se pudiera desmentir con cifras, objetivas, dicha afirmación se instalaría, como está señalado, como una máxima social. 

Entre 1972 y 1990, se fabricaron 1.023 vagones. Entre 1961 y 1987, se repararon 4.662. Además de los elementos para la defensa, ese también era (es) el perfil de la planta en su División de Producción Mecánica. El potencial productivo de la industria generaba empleo y un efecto cascada económico en otros sectores. 

La industria, además, contaba con una Escuela de Aprendices en donde se formaban los futuros trabajadores y un Policlínico, para que los mismos fueran atendidos. Allí, en ese lugar, nacieron muchos riotercerenses.

Entre finales de la década del '80 y principios de los '90, todo comenzó a decaer. En julio de 1990 se conocía la posibilidad de que la fábrica pudiera ser privatizada. En 1991 las plantas del complejo de Fabricaciones Militares, quedaban "sujetas a privatización", decreto que fue derogado hace algunos años.

De unos dos mil agentes, que tuvo la industria en su momento de mayor actividad, ese plantel laboral, se redujo, en el prólogo del siglo 21, a 196. Ya había pasado la voladura de la industria, determinada por la Justicia como un atentado. Aquel hecho, debe recordarse, no sucedió de una manera aislada al contexto de entonces. 

Además del régimen de retiros voluntarios, que menguó la cantidad de personal, en julio del '91, eran pasadas a disponibilidad 195 personas de la planta permanente. Un año después de la voladura, bajo el mote de "Reconversión Laboral", se producía el despido de 424 trabajadoras y trabajadores.

En aquel momento, casi en soledad, quienes habían sentido el impacto de una política económica, que demonizaría todo lo que fuera estatal, reclamarían solo acompañados por el gremio de ATE, que los representaba, y por muy pocos vecinos. El efecto cascada en lo económico, se generaría nuevamente en la comunidad, pero mostrando una diferencia con otras épocas: todo sería a la inversa.

El establecimiento estuvo a punto de ser privatizado, algo que no sucedería por el reclamo sindical y por estar el sector bajo investigación judicial. Si bien se indicaba que al ser vendida una parte del predio, se generaría el trabajo que se necesitaba, el gremio denunciaba que solo se trataba de un "enorme negocio inmobiliario".

La fábrica, pudo mantenerse, reducida casi a su mínima expresión, con la División de Producción Química, que era lo que generaba los recursos para continuar funcionando. En los años por venir, el personal fue incrementándose, a partir de inversiones en la misma, especialmente en la División de Producción Mecánica. 

Si bien, la modalidad del contrato por un año, no le otorgó la seguridad a quienes desarrollaron o desarrollan sus tareas en la planta, como sucede en otros organismos del Estado, detalle para reprocharle a las gestiones nacionales precedentes, colocando a las y los trabajadores y trabajadoras en una situación de vulnerabilidad laboral, los números en la facturación demuestran que efectivamente se producía, se vendía y podía (puede) ser rentable, sin prescindir de personal, sino incorporando más fuerza laboral. Más producción, más trabajo.

Fábrica Militar Tanque
Los últimos años

Se conoce que, por lo menos en la historia reciente, la División de Producción Química, ha sido y es, luego de los '90, el mayor motor económico de la planta estatal, aun, según lo señalarían desde ATE, vendiendo por un precio muy inferior al del mercado, algunos de sus productos.

La División de Producción Mecánica, en tanto, como está señalado, prácticamente desmantelada luego de la voladura de 1995, recibió inversiones y comenzó a producir nuevamente: plataformas para radares, arcos para las minas de Río Turbio, además de montarse una línea para la reparación y construcción de vagones.

La reparación de vagones continúa y, para quienes aludieron a la incapacidad productiva de la planta, solo por ser estatal, basta mencionar que el contrato con el Belgrano Cargas, se logró compitiendo en una licitación con firmas privadas. Lo segundo, la fabricación de los vagones, es algo que está pendiente. 

El gremio denunció que la misma experimentó un "vaciamiento", que la empresa podría producir mucho más de lo que produce, aunque la "decisión política" fue otra, muy diferente. 

Reducir la facturación

Retornando a los números, en 2017, por caso, se conocía, a través de un gráfico, al que tenía acceso este medio, la facturación de la DPM: en 2011 había llegado casi a los 23 millones de pesos; en 2012, ascendía a los 47 millones; en 2013, descendía a los 39,7 millones; en 2014, mostraba un marcado ascenso, llegando a los 75 millones; en 2015, sería de 71.8, con un abrupto descenso en 2016, cuando se facturarían apenas 9.6 millones; y en 2017, unos 10.5 millones de pesos. 

Tanto desde la conducción de la empresa en Buenos Aires, como desde la dirección, aseguraban en la anterior gestión que la producción continuaría. El interrogante más lógico era, entonces, ¿por qué se reducía el personal de la industria?, ¿no debería haber sido a la inversa? 

El argumento de lo deficitaria que era la empresa estatal, solamente tomando la planta riotercerense, se derrumbaba al observar los números expuestos. Podía ser deficitaria, pero también podía dejar de serlo. Era una decisión, y política, solamente eso. Al parecer, la intención caminaba en sentido contrario.

Los despidos

Al igual que en otras ciudades en donde existen establecimientos similares, como también en la sede central de Fabricaciones Militares de Buenos Aires, se producían cientos de despidos en los últimos años. En Río Tercero, entre finales de 2017 y el cierre de 2018, fueron 100 las personas cesanteadas.

Llegaban funcionarios de la entonces DGFM, hoy Sociedad del Estado, prometiendo reactivación, pero la realidad era muy diferente. Representantes gremiales e institucionales viajaban a Buenos con proyectos productivos, que los funcionarios, claro, no consideraban. Nunca lo hicieron.

El momento más traumático de los despidos fue en agosto de 2018. Personal de Gendarmería ingresó por la mañana a la planta. No era un buena noticia. En horas de la tarde se producían 59 cesantías. Trabajadoras y trabajadores, retornaron a sus hogares sin una fuente laboral. Hubo movilizaciones y gestiones, hasta un proyecto aprobado en senadores, pero la decisión en el anterior gobierno no se retrotrajo.

El ahora

La Fábrica Militar Río Tercero cumplió esta semana sus 84 años en el medio de un problema sanitario que afecta a todo el país y el mundo. Según lo señaló en una jornada de protesta el gremio de ATE recientemente, reclamando al actual gobierno la reincorporación de las personas despedidas, de las mismas, un importante porcentaje, debieron acudir al IFE, por no tener un trabajo estable.

Además, se le solicita que los funcionarios que aún permanecen de la anterior gestión, responsables de los despidos, sean relevados de sus lugares. Representantes de la actual administración, habían prometido que se reactivaría a la industria madre de Río Tercero, como así también las plantas de otras ciudades.

Eso aún está pendiente. La industria depende del Ministerio de Defensa. El titular de esa cartera, antes de que se produjera la emergencia sanitaria por el coronavirus, había señalado que eso sucedería. Lo haría, inclusive, en diálogo con este sitio de noticias, el actual presidente del directorio de Fabricaciones Militares.

Puede comprenderse que existen urgencias en el actual momento, que demoran decisiones previstas antes de lo que está sucediendo, pero hay situaciones que podrían comenzar a evaluarse, inclusive en el ahora. 

Se cumplen esta semana 84 años de que comenzara a producir aquella industria que es indivisible de la historia de la ciudad. Como está señalado, tuvo momentos de apogeo, pero también de reducción en su estructura y en su personal. 

Alicia, la hija del padre de la siderurgia nacional, Manuel Nicolás Savio, entrevistada por quien escribe, a principios del siglo 21, era consultada sobre qué sensación tenía al conocer que avenidas y escuelas en la ciudad llevaban el nombre de su padre. "Orgullo", decía. Y agregaba: "Pero también tristeza por lo que le hicieron a esa fábrica".

La mujer aludía a lo que había ocurrido en 1995, cuando habían hecho volar a la planta, pero también, en ese contexto, al modelo imperante que la había desmantelado. No hace mucho, nuevamente los despidos y el parate productivo retornó a la industria. Ahora se espera por la reactivación con la reincorporación de las personas cesanteadas.

Se cumplen esta semana 84 años de que comenzara a producir la Fábrica Militar Río Tercero (de Munición y Artillería, inicialmente), esa industria que lo cambiaría todo, inclusive transformando un pueblo en ciudad.

Se cumplen esta semana 84 años de la Fábrica Militar Río Tercero, aguardando por su reactivación, la reincorporación de las personas despedidas y la generación de más trabajo.

La industria sigue esperando.

Y la ciudad, también.

Fabián Menichetti

Locutor M.P 7724 - Periodista - Editor Tercer Río Noticias. Director periodístico Mestiza Rock - Autor de los libros: Noviembre (1997) y Esquirlas de Noviembre (2011)

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