3 de Noviembre: siete historias, siete nombres de la memoria

Locales 03/11/2017 Por
Algo Aguirre, Laura Muñoz, Leonardo Solleveld, Romina Torres, Hoder Dalmasso, Elena Rivas de Quiroga, José Varela. No son solo nombres. Eran vecinos que en aquella jornada del 3 de noviembre, terminarían siendo sorprendidos por lo sucedido en Río Tercero, siendo las siete víctimas directas de aquel atentado. Son los nombres de la memoria y estas son sus historias...
Flores

Romina Torres: Tenía 15 años y concurría a la entonces Escuela Nacional José Hernández. En medio de las explosiones, en barrio Escuela, frente a la casa de la hermana de una amiga, con la que se encontraban abrazadas, tratando de protegerse de la lluvia de esquirlas, sería herida por uno de esos pedazos de metal que caían sobre la ciudad. 

Laura Muñoz: Tenía 27 años y escapaba con su hermano y su mamá, también en barrio Escuela, de aquel bombardeo. Un esquirla golpearía en su humanidad. A pesar de que sería trasladada a una clínica, ya nada podría hacerse para salvarle la vida.

Leonardo Solleveld: Tenía 32 años y vivía con su familia en barrio Cerino, otro de los sectores más afectados. Luego de la primera gran explosión le señalaría a su esposa, Silvia: "Quedáte con los chicos, que yo voy a buscar un auto para sacarlos de acá". Nunca podría hacerlo. Un esquirla golpearía en su rostro a pocos metros de su vivienda.

Elena Rivas de Quiroga: Tenía 52 años y su preocupación por los demás, terminó siendo fatal para ella. Había pasado la primera gran explosión, cuando le señaló a su marido Manuel, en su casa de barrio Monte Grande: "Me voy a la casa de 'Pocho' (vivía en barrio El Libertador) para ver cómo están". Nunca llegaría. Se trasladaba en su bicicleta, cuando una esquirla golpeó su cuerpo. Sería trasladada a Córdoba, en donde fallecería algunos días después.

Aldo Aguirre: Tenía 25 años y trabajaba en una empresa que conservaba los espacios verdes de la ciudad. Se encontraba en inmediaciones de la estación terminal de ómnibus, cumpliendo esa tarea. Ayudaría, luego de la primera gran explosión, a una mujer con dos criaturas, para cruzar la calle. Luego haría lo propio con una joven que se había caído de su ciclomotor. Se produciría la segunda gran detonación y una esquirla golpearía su rostro.

Hoder Dalmasso: Tenía 52 años y era docente de ENET. Luego de evacuar, junto a otros docentes, el establecimiento, quería conocer como se encontraban sus dos pequeñas hijas en su casa. Tomaría su automóvil y se dirigiría hacia ese lugar. Nunca llegaría. Un paro cardíaco, producto del estrés padecido, le quitaría la vida en una de las arterias de la ciudad.

José Varela: Tenía 51 años y era operario de la Fábrica Militar. Un superior le ordenó que cuidara su vivienda. Vivía en Corralito. Desde las 9 a las 18, soportó a metros de las explosiones lo sucedido. Cuando era llevado a su pueblo por un primo y un amigo, comenzaría a sentirse mal. Quería llegar para señalarle a Ramonita, su madre, que había logrado salvarse. Nunca podría hacerlo. Fallecería de un ataque cardíaco, producto del estrés sufrido. 

No eran solo nombres. Eran sueños, pasados y presente. Eran historias de vida. Son la memoria que cada 3 de noviembre, es recordada con una ofrenda floral en el monumento con siete estructuras que los recuerdan en la Plazoleta de la Evocación. 

Ofrenda Floral

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